Bitácora

El Palacio Portocarrero – Última etapa de nuestro libro “Córdoba y su Provincia”

La última etapa de nuestro periplo fotográfico para nuestro libro “Córdoba y su provincia” nos llevó una de las más bellas poblaciones de Andalucía. Ya, desde la carretera de Lora del Río, emociona contemplar el atractivo panorama de Palma del Río desde lo alto rodeada por el Guadalquivir y el Genil en un paisaje en el que reinan los naranjos.

En el corazón de esta bella población se levanta el palacio Portocarrero, donde la hospitalidad de Enrique Moreno de la Cova y Cristina Ybarra me ofreció la oportunidad de retratarlo.

Gracias al esfuerzo de ambos, se ha logrado salvar de la ruina este bellísimo edificio. El palacio de los Portocarrero está estrechamente ligado a la historia de Palma del Río; en el siglo XII, los almohades cercaron Palma y levantaron el castillo que tras la reconquista fue cedido por Alfonso XI a Micer Egidio Bocanegra, señor de Palma. Sus descendientes, los Portocarrero, levantaron el hermoso palacio renacentista que aún subsiste.

El palacio Portocarrero en el libro de Maratania "Córdoba y su Provincia"

El palacio Portocarrero en el libro de Maratania “Córdoba y su Provincia”

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Juan Pablo Navarro Rivas
Maratania
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La Iglesia de San Lorenzo – ¡Qué belleza!

De las iglesias que he fotografiado para “Córdoba y su Provincia”, la que más me ha fascinado es San Lorenzo; y es que, para muchos, la iglesia de San Lorenzo, fundada en 1244, es la más bella de las iglesias fernandinas.

Para mi memoria quedará el privilegio de estar en su capilla mayor fotografiando los frescos que la decoran  con figuras de ángeles, profetas, santos y escenas de la Pasión, pintadas entre los siglos XIV y XV. Curiosamente, estos se descubrieron en los años sesenta del pasado siglo, lo que promovió el traslado del que era su retablo mayor, de estilo barroco,que se colocó, despiezado, en distintas partes del templo.
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La Iglesia de San Lorenzo en el libro "Córdoba y su Provincia" de Maratania

La Iglesia de San Lorenzo en el libro “Córdoba y su Provincia” de Maratania

Juan Pablo Navarro Rivas
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Aguilar de la Frontera ¿relojes, cadenas y subterráneos? Un lugar para deleitarse con la Belleza

aguilar-de-la-frontera-5 aguilar-de-la-frontera-4No hay nada comparable al conocimiento. Pero la ignorancia que le precede es la mejor salsa para que esa grata sorpresa que nos produce lo nuevo nos lleve al deleite. Así me ocurrió en Aguilar de la Frontera, donde, solo pertrechado por lecturas, fui para realizar fotos para nuestro nuevo libro: “Córdoba y su provincia”. Aparqué junto a su singular Torre del Reloj, obra de Juan Vicente Gutiérrez, y anduve hasta la octogonal plaza de San José, del mismo autor, que llama la atención por su armonía y grandeza. aguilar-de-la-frontera-6

Ascendí por la calle Moralejo y, al llegar al convento de las Descalzas, la puerta abierta de su iglesia me invitó a entrar; estaba expuesto el Santísimo y varias mujeres rezaban devotamente. Su contemplación la acompañaba el barroco cofre que es su templo: un completo despliegue barroco de retablos, yeserías y pinturas que cubren, en horror vacui, sus muros.

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Seguí calle arriba y, tras pasar por la casa de las Cadenas, llegué a Santa María del Soterraño. Aunque estaba cerrada, tuve la suerte de que unas encantadoras “beatas” que se encargan semanalmente de su limpieza me invitaron a entrar. Aparte de disfrutar de su simpática conversación, pude recorrer este inmenso templo levantado en memoria de la aparición de la Virgen a un pastor. Agradecí subir al camarín de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En sus escaleras, descubrí un viejo conocido: “El Mirabalcones”; el que había sido cirineo de mi hermandad de Pasión hasta 1951. Ya arriba, junto al Señor de dulce mirada con el fondo de los techos decorados con complejas yesería, agradecí la Belleza; sin duda, la más alta cima del conocimiento.

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Aguilar de la Frontera en el libro “Córdoba y su Provincia” de Maratania.

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La Iglesia Fernandina – El alma de cada barrio cordobés

El 29 de junio de 1236, día de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, Fernando III el Santo tomaba para Castilla la ciudad de Córdoba. La ciudad se repobló con gentes de los distintos reinos cristianos de España y los símbolos del dominio musulmán fueron sustituyéndose por símbolos cristianos. Fernando III dividió Córdoba en catorce collaciones -siete en la Villa y siete en la Ajerquía- presididas cada una por una iglesia: San Nicolás de la Villa, San Miguel, Santo Domingo de Silos, Santa María (Catedral), San Juan de los Caballeros, Omnium Sanctorum, Salvador, Santa Marina, San Andrés, San Nicolás de la Ajerquía, San Lorenzo, Santiago, San Pedro y la Magdalena. Las iglesias fernandinas son templos con muros de sillares colocados a soga, que forman plantas de tres naves, cubiertas por techumbres de madera y cabecera compuesta por tres ábsides abovedados; las naves se cubren con artesonados; un gran rosetón se abre sobre la portada principal formada por un gran arco ojival cubierto por un tejaroz; muchos de sus campanarios se levantaron sobre el anterior minarete musulmán. Algunas de ellas han desaparecido, como Omnium Sanctorum; de otras quedan restos, como la de Santo Domingo de Silos o San Juan de los Caballeros; algunas están muy transformadas y, otras, como Santa Marina o San Lorenzo, se conservan con gran pureza.

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Juan Pablo Navarro Rivas
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La iglesia de San Nicolás de la Villa – Mucho mas que una singular torre

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La iglesia de San Nicolás se construyó tras la reconquista fernandina. Conserva en gran medida las formas del tipo parroquial mudéjar; sin embargo,  ha sufrido numerosos cambios durante su dilatada historia. Su torre se levantó en 1496 sobre el alminar islámico, siendo el campanario de principios del XIX. Dos portadas se abren al exterior, una es gótica y la otra es obra de Hernán Ruiz II de 1555. La planta es casi cuadrada, de tres naves, siendo la central más ancha y alta: la cubre un bello artesonado manierista. El retablo mayor lo talló Jorge Mejía entre 1720 y 1723; lo preside un San Nicolás labrado por Gómez de Sandoval, quien también intervino en otras obras del templo. Destaca la capilla del Bautismo, construida por Hernán Ruiz II con la colaboración del escultor Sebastián Peñarredonda, por encargo del obispo Leopoldo de Austria.

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La iglesia de Santa Marina, la del barrio de los toreros de Córdoba

Santa Marina es una de las más antiguas iglesias fernandinas cordobesas. Su fachada llama la atención por la rotundidad de sus cuatro machones, rematados por pináculos, que le dan un aire fortificado. Los centrales enmarcan la portada principal, de arco apuntado abocinado, y un característico rosetón se abre en la parte superior. El aspecto medieval de su exterior lo quiebra el campanario que remata su torre, obra de Hernán Ruiz II concluida en 1556.

Conocido popularmente el barrio que preside como el de los toreros, en él vivió el celebre Manolete. En 1956 se levantó el monumento a su memoria que se encuentra frente a la parroquia proyectado por Manuel Álvarez Laviada.
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El Costurero de la Reina, donde doña Mercedes y don Alfonso vivieron felices y comieron perdices

sanlucae de barramedaEn el siglo XIX la arquitectura historicista rescató estilos del pasado para levantar nuevos edificios; ejemplo típico de ello es el neogótico Parlamento Británico (1840-1865). En España, esa corriente dio como fruto el estilo neomudéjar, como estilo histórico propiamente español. La plaza de toros de Madrid de Rodríguez Ayuso y Álvarez Capra de 1874 se considera como el arranque de este modelo. Poco después, en 1876,  los duques de Montpensier encargaron a Juan Talavera de la Vega el cierre de la fachada principal de su palacio de verano en Sanlúcar de Barrameda, que se levantaba siguiendo los más variados modelos historicistas: italianizantes, rococó, egipcio, chinesco… Talavera añadió el neomudejar en su intervención. Esta fachada recuerda de manera clara a otra obra suya concluida en 1893, el sevillano Costurero de la Reina. Este pequeño castillete en los jardines de San Telmo se levantó como pabellón del Guardia Mayor de los Jardines. Como ya sabemos, ese mismo año, la duquesa María Luisa de Orleans cedió los jardines de San Telmo a la ciudad, reservándose una pequeña parte junto al palacio que se cercó, quedando este pabellón en uno de sus vértices.

Si como hemos visto, en el siglo XIX, se rescataron arquitecturas históricas, de igual manera, en ese siglo, personajes como los Hermanos Grimm o Andersen rescataron, a través de sus cuentos, historias centenarias en las que castillos y princesas eran lugares comunes. Con ese poso, no es de extrañar que, en movimiento inverso, el pueblo, ante el encanto del castillete, imaginase que la malograda reina María de las Mercedes (1860-1878), hija de los duques, cosía con sus damas en él, mientras que, románticamente, esperaba la visita de su amado Alfonso XII. Y así, como los cuentos superan la realidad, para los sevillanos será por siempre jamás el Costurero de la Reina donde doña Mercedes y don Alfonso vivieron felices y comieron perdices que, ¡cómo no!, les brindaba el Guarda Mayor de los Jardines de San Telmo.

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El Puente de Triana y la modernización de la ciudad en tiempos de Isabel II

Puente de TrianaEn 1174, el califa almohade Abu Yaqub Yusuf (¿-1184) ordenó construir un puente para unir las orillas del Guadalquivir. Lo compusieron barcas sujetas entre sí sobre las que se colocaron los tableros. Durante el XVII se realizaron proyectos para su sustitución pero esto no se hizo realidad hasta la construcción del Puente de Isabel II, popularmente conocido como el de Triana. Hasta la llegada del siglo XX, fue el único puente que unía Sevilla con Triana salvando el Guadalquivir.

Unido al inicio de la Revolución Industrial, el primer puente de hierro lo construyó Abraham Darby en Inglaterra en 1779. Con este se iniciaba la arquitectura del hierro que tanta importancia tuvo en el siglo XIX. Aquí, habría que esperar a 1852, cuando se inauguró el puente de Isabel II. Es la primera obra de arquitectura en hierro de Sevilla y de las primeras de España. Pero esta no supuso ningún cambio en las tendencias arquitectónicas de la ciudad y son escasas las muestras de aquella, así el Mercado del Barranco (1883), la desaparecida Pasarela (1896) o la Estación de Córdoba (1901).

El puente de Triana se unió al conjunto de medidas que para modernizar la ciudad se llevaron a cabo durante el reinado de Isabel II. Entre estas, en el año 1859 con el alcalde Juan José García de Vinuesa (1859-1865), se estableció el trazado de la red ferroviaria. La línea Sevilla-Córdoba se instaló en la plaza de Armas y, en San Bernardo, la línea Sevilla-Cádiz. Este hecho, si bien supuso una revolución en los transportes en Andalucía Occidental y reforzó el papel económico de Sevilla, también provocó graves problemas urbanísticos. Las líneas férreas estrangularon la ciudad, impidiendo la comunicación eficiente entre el centro y la periferia, lo que sólo se solventó con las obras realizadas en 1992 y la inauguración de la estación de Santa Justa.

El puente de Triana en nuestro libro "Y Sevilla"

El puente de Triana en nuestro libro “Y Sevilla”

Construído entre 1847 y 1852, el puente de Triana lo proyectaron los ingenieros franceses Gustavo Steinacher y Fernando Bernadet inspirados en el parisino del Carroussel. Lo forman cuatro bloques de piedra unidos por tres grandes arcos de hierro con anillos que conectan éstos y el tablero. En su construcción intervino la fundición de San Antonio del catalán Narciso Bonaplata, el cual, por otra parte, unido al vasco José María de Ibarra, propuso la celebración de la Feria de Abril en 1847.

Su construcción supuso el derribo del castillo de San Jorge, que había servido de defensa y permitido el desarrollo del arrabal de Triana. Fue este castillo, también, sede de la inquisición desde 1481 a 1785 cuando se trasladó al colegio de las Becas en la Alameda. Sobre el solar se encuentra el mercado de Triana, donde todavía de puede contemplar los cimientos del castillo.

Juan Pablo Navarro Rivas
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