Edad Media

“Córdoba y su Provincia” – Regálate Córdoba con este bello libro

portada-cordoba“Córdoba y su Provincia” es un libro que  nos llena de satisfacción. En él mostramos una de las ciudades más bellas del mundo junto a su extraordinaria provincia.

Con más de 200 fotografías, recorreremos Córdoba desde sus monumentos más antiguos -pasando por la Mezquita y sus iglesias- hasta sus palacios, sus patios y sus plazas. Pasearemos por su provincia y concluiremos con Otra Mirada con imágenes que nos regalará una visión diferente.

Además, textos claros y biografías de los personajes cordobeses más importantes nos completarán este bello e intenso viaje por Córdoba. ¡¡¡Y a un precio imbatible!!!. SÓLO 19,95€

Se puede adquirir en librería o en nuestra tienda (envío inmediato y gratis para España Peninsular).

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Juan Pablo Navarro Rivas
Maratania
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La Iglesia de San Lorenzo – ¡Qué belleza!

De las iglesias que he fotografiado para “Córdoba y su Provincia”, la que más me ha fascinado es San Lorenzo; y es que, para muchos, la iglesia de San Lorenzo, fundada en 1244, es la más bella de las iglesias fernandinas.

Para mi memoria quedará el privilegio de estar en su capilla mayor fotografiando los frescos que la decoran  con figuras de ángeles, profetas, santos y escenas de la Pasión, pintadas entre los siglos XIV y XV. Curiosamente, estos se descubrieron en los años sesenta del pasado siglo, lo que promovió el traslado del que era su retablo mayor, de estilo barroco,que se colocó, despiezado, en distintas partes del templo.
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La Iglesia de San Lorenzo en el libro "Córdoba y su Provincia" de Maratania

La Iglesia de San Lorenzo en el libro “Córdoba y su Provincia” de Maratania

Juan Pablo Navarro Rivas
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La Parroquia de San Vicente de Sevilla y la tristeza – 188

Algunas plazas de Sevilla te invitan a quedarte como si fueran islas donde un tiempo lento marcase el paso al día. Otras, incluso puede que más bellas, son como puentes que cruzas en tu lento o rápido caminar. De estas es la plaza de Doña Teresa Enríquez con sus tupidos naranjos y su crucero en el centro. Y eso hago yo, la cruzo y entro en la parroquia de San Vicente, donde hace ya… unos cuantos años, me bautizó, su entonces párroco, el padre Ayarra, el hoy canónigo y reconocido organista.

Quizá sea por mi madre, que dice que es una iglesia propia para funerales, que siempre me ha parecido que tenía un aire triste y que, precisamente por ello, se me sugiere propia de los ritos que marcan nuestra existencia en su alfa y en su omega. El primero le ofrece, por la calidez del feliz del momento, ráfagas que la alivian de la pena e iluminan su atmósfera tranquila para que preste sosiego al despertar de la vida. En el postrero, la melancólica penumbra de San Vicente acompasa con la tristeza del alma que se despide.

Por un arquitecto cuyo nombre para qué recordar, se restauró hace ya alguno años. Desde entonces, tiene un aire más a nuevo del que yo conocí pero, a pesar del mobiliario de sala multiusos que le añadió y de la daltónica pintura de sus muros, me sigue pareciendo como entonces, un lugar para la melancolía, para la meditación, para la oración silente sobre nuestro principio, sobre nuestro fin.

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Juan Pablo Navarro Rivas
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La Parroquia de San Lorenzo – Paisaje de mi infancia – 187

Mi familia vivía en la calle San Vicente, así que la vecina plaza de San Lorenzo pertenece a la entrañable memoria de mi infancia: el zapatero al doblar la esquina, el kiosko donde compraba chucherías y cómics, los fantasmagóricos platanos de indias, la basílica del Gran Poder, la parroquia de San Lorenzo…

Su torre de amplios vanos me dejaban ver sus campanas y, en el muro, siempre exacto, su reloj marcaba las horas de las idas y venidas, de las misas, del final de la Semana Santa con la Soledad cruzando la puerta del templo. Y, cada vez que yo también cruzaba el dintel, me esperaba la bellísima virgen de Rocamador con su suave y fascinante sonrisa y su pose elegante o se me aparecía humilde y arrobada en el famoso cuadro de la Anunciación de Villegas. Allí conocí a los primeros hermosos ángeles lampadarios, ese teatral y efectivo descubrimiento sevillano que nos llama desde su aérea belleza a contemplar el altar mayor. Y antes de irme, apartaba los paños de damasco para, tras la reja, maravillarme con la capilla del Sagrario, que era como una pequeña y asombrosa iglesia dentro de otra iglesia. Y así, los muchos días de repetidas miradas, de reiterados pasos, de asombros renovados fueron educando a mi alma en lo que era bello, en lo que era misterioso, en lo que iba más allá de tus ojos.

Juan Pablo Navarro Rivas
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San Gil – La humilde puerta al barrio de la Macarena – 186

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Sólo un pequeño retranqueo en la calle San Luis se inclina a su presencia, porque la parroquia de San Gil es una iglesia humilde. No hace gala de su antigüedad, una de las más antiguas de Sevilla: fundada en la segunda mitad del siglo XIII por el arzobispo don Remondo, el que fue, de hecho, el primer arzobispo de Sevilla tras la Reconquista si no contamos a Felipe de Castilla. Y acepta con agradecida memoria que sea ya sólo un recuerdo que desde 1653 a 1949 acogiera ese rostro que habla, ese pellizco del alma, esa sevillana manera de explicar la trancendencia: la Esperanza Macarena.

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Camarín de la Macarena en San Gil a principios del sihlo XX

Juan Pablo Navarro Rivas
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Santa María la Blanca, donde el humilde yeso es exuberante riqueza – 184

Santa María La Blanca en y Sevilla

Doble página dedicada a la parroquia de Santa María la Blanca en nuestro nuevo libro de gran formato que sale el próximo Marzo: “… y Sevilla”

* Esta iglesia sorprendente y sugerente influyó en gran medida en la arquitectura barroca andaluza.

Santa María la Blanca es una de las cumbres del barroco andaluz por el despliegue ornamental realizado para celebrar el Breve a favor de la Inmaculada. La fuerte crisis económica de la década de los treinta, crítica desde la epidemia de peste de 1649, dificultó la realización de nuevos proyectos arquitectónicos. La creatividad derivó a un espectacular barroquismo en el exorno de obras ya existentes. El uso del yeso, uno de los elementos más característicos de la arquitectura mudéjar, se relanzó en el barroco como medio idóneo para conseguir sus propósitos decorativos. Paradigma de ello es Santa María la Blanca, donde, entre 1662 y 1665, los hermanos Pedro y Miguel de Borja imaginaron la profusa ornamentación de yeserías de las bóvedas y de la cúpula del crucero. Sobre un fondo dorado, el blanco yeso lo invade todo con motivos turgentes en forma de guirnaldas, volutas, formas vegetales, querubines y angelitos, sin dejar lugar al vacío. Este espacio sorprendente y sugerente influyó en gran medida en la arquitectura barroca andaluza.

santa maria la blanca piedad de luis de vargasLas obras fueron costeadas por los feligreses de la parroquia y, en especial, por el canónigo Justino de Neve, hijo de una rica familia de mercaderes flamencos y fundador en 1675 del Hospital de los Venerables como asilo para sacerdotes.

La decoración con yeserías tiene su contrapunto en las pinturas al fresco que adornan arcos y muros laterales. Además, cuatro lienzos semicirculares de Murillo se encontraban bajo la cúpula y en las cabeceras de las naves. Estos fueron expoliados por las tropas francesas del mariscal Soult, parte del millar de cuadros que éstas se llevaron de la ciudad, aparte de esculturas, libros, plata labrada, tapices y otros objetos artísticos. Actualmente, dos de ellos se conservan en el Museo del Prado, existiendo en esta iglesia sólo unas copias, y los otros dos se encuentran en el extranjero. En la nave izquierda, afortunadamente, sí se conserva una Sagrada Cena original de Murillo que se ha restaurado en 1999.

La Piedad se encuentra en un retablo renacentista reformado en el XVIII. Es la última obra conocida de Luis de Vargas, quien la pintó en 1564. Representa a Cristo tras ser bajado de la cruz rodeado por las Marías y San Juan y con la Magdalena besándole los pies. Perfilándose en el fondo tenebroso aparece el Calvario y una escena que representa el Entierro de Cristo.

Juan Pablo Navarro Rivas

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Manzanares durante la faena de Arrojado que fue indultado.EFE

El Cartel Taurino de la Maestranza 2011 creado por Manzanares y Arrojado

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La parroquia de Omnium Sanctorum – La asamblea de todos los santos – 131

Tumba de los guzmanes

Cuando empezó el verano y decidí darme un descanso en la bitácora, me fui con la idea de que el siguiente artículo tratase sobre la iglesia de Omnium Sanctorum y, especialmente, de las tumbas de los Guzmanes. Lo que no previne es que, a finales de agosto, la hora infinita llegaría para mi padre. Y así, desde entonces, aprendo a convivir con el rumiar de recuerdos que lleva el duelo, con la aceptación de lo perdido y la frustración por lo deseado que ya nuca será. Y, por ello, no me extraña que, al pensar de nuevo en este artículo que quería escribir, la melancolía lo impregne y se una a él.

Y así, pensando, caí en la cuenta de que, ¡oh casualidad!, Omnium Sanctorum no está dedicada a san Pedro, a san Pablo ni a cualquier otro sino a todos los santos. ¿Y no son ellos sino todos aquellos que un día tú amastes y ya pasaron la puerta en la que encotraron a Cristo, quien transformó la negra noche en un luminoso día de suave brisa?. Y la tumba de los Guzmanes, ¿no sabes que están vacías como la del Resucitado y que solo debes recrearte en la contemplación de su belleza y atisbar la Belleza que tu padre ya contempla?.

Recuerdo los días de mi infancia cuando te admiraba; de mi juventud. cuando te situé en el estrado de mi juicio sumarísimo; y de adulto, cuando te acepté y te cuidé, aunque añorando los días que no fueron. Y así, en este pensar, me pongo en hoy, cuando me gustaría saber cómo escucharte sin saber cómo me oyes. Y desde ese no saber, doy las gracias a la Iglesia de todos los Santos que me invita a no tener miedo ni a la muerte ni a la vida y me ofrece encontrarte, parafraseando a Teilhard de Chardin, en la Eucaristía, ya que todas las comuniones de una vida constituyen una sola comunión y las comuniones de todos los hombres presentes, pasados y futuros constituyen una sola comunión… y saber que allí, padre, me oyes y aprender a escucharte.

Y, allí, contigo, amigo que me lees, querría encender una vela que nos ilumine y contemplar la belleza de esas tumbas vacías que nos recuerdan que tú, que yo, que él, seremos para siempre eternos junto a Él, junto a mi padre, junto a aquel que un día amastes.

Juan Pablo Navarro
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La iglesia de Santa Marina – Arquitectura desnuda en la calle San Luis – 129

santa marina fachada y torre

santa marina.nave central con el cristo resucitado al fondoTiene Santa Marina algo que se me hace ajeno a Sevilla: su arquitectura seca y pura, su vacío. Sólo arquitectura, nada más. Y aquello que no lo es, las escasas esculturas, las mínimas pinturas, la parca orfebrería, me parecen ruido que perturba el silencio al que su desnudez nos llama.

Santa Marina fue víctima del fuego devorador del infausto 18 de julio del 36, que sólo dejó piedra sobre piedra o, mejor dicho, ladrillo sobre ladrillo. Así quedó, devolviendo mal por bien, tal como había nacido seiscientos años antes, en el siglo XIV. Y ello, pienso, me obliga a despojarme de mi mentalidad de hoy si quiero hacerla mía, atravesar su portada y deambular por sus naves. Cómo aceptar, si no, su advocación desde mi contemporaneidad: Santa Marina de Orense, como Santa Margarita de Antioquía, tiene su fama ganada porque venció al demonio en forma de dragón -que le había devorado y del que salió rasgando su vientre con un crucifijo- y por su muerte a consecuencia de las torturas a las que se le sometió por no negar a Cristo. Así que, como a un hombre del XIV, su portada enseña al cristiano que, de las fauces del demonio, del pecado, del mal, del desatino, la cruz nos libera cuando a ella acudimos y que, como Santa Marina, a nada debemos temer cuando afirmamos a Cristo.

Santa Marina saliendo del dragón con la cruz en la imposta de la portada. Fuente: http://usuarios3.arsystel.com/santamarinasev/

Santa Marina saliendo del dragón con la cruz en la imposta de la portada. Fuente: http://usuarios3.arsystel.com/santamarinasev/

Y pasada la prueba de la razón, traspasamos su portal para un mayor reto, vencer a nuestro corazón. Como buen sevillano querría altares dorados que me deslumbrasen y me contasen sus historias; pero nada hallo, sólo vacío. Así que corro y huyo, atravesando sus naves para alcanzar la esquina donde se encuentra la capilla en la que la leyenda cuenta que se encontró una Piedad de barro que dio origen a la Hermandad de la Mortaja Y allí me apaciguo con la exquisitez de su bóveda de lacería y distraído por su belleza cruzo de nuevo las naves, olvidado del silencio, para llegar a la capilla sacramental. En ella, se nos recuerda nuestra historia: capiteles de acarreo tardorromanos, cúpula gallonada de herencia islámica y altar con azulejos cristianos y, sobre él, el sagrario. Y mi corazón recuerda al amortajado que resucitó, al pan que es cuerpo, a la presencia eterna que grita en el silencio y, ahora sí, vuelvo a sus naves donde recorro su arquitectura desnuda en la que ya el ruido no me perturba y siento que el templo no es como panza de dragón que devora sino como seno materno del que se nace y del que, como Santa Marina, se sale asido a la cruz que siempre vence.

Y en la calle, caminando, tras el encuentro con el sentido de la arquitectura me descubro a mí mismo como arquitectura con sentido y, en ese instante, sonrío porque mi paso se hace más firme, como sabiendo adonde va.

Santa Marina capilla de la piedad

Capilla de la Piedad. En ella residió la Mortaja hasta 1936. Actualmente, se encuentra la Virgen de la Aurora de la Hermandad de la Resurrección.


Santa Marina con su hijoSanta Marina se representa en la portada con un niño. Al igual que la historia del dragón, La Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine recoge también otro relato en el que el padre de Santa Marína profesa en un convento y la hace pasar por hombre para no separarse de ella. Pasados los años, una mujer la acusaría de violación pero ella prefirió no delatar su condición de mujer para mostrar la imposibilidad de la acusación. Expulsada del convento, permaneció años junto a su puerta cuidando al niño de la acusadora. Tiempo después, los monjes, sorprendidos por su humildad y bondad, decidieron readmitirla. Allí pasó el resto de sus días. No fue hasta amortajarla cuando se descubrió que, en realidad, era mujer.
Juan Pablo Navarro
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