Música

I Love Bach no es otro concierto de música clásica

ilovebachDesde Maratania nos encanta recomendar “I Love Bach”, espectáculo ideado por la orquesta de cámara de mujeres  Almaclara del que podrá disfrutar el público desde el 11 de octubre al 18 de abril, con funciones martes y miércoles, a las 20:30 horas, en la Sala Cero.

Esto no es otro concierto de música clásica
I love Bach es un proyecto original y novedoso, ideado para hacer llegar a todos los públicos la vida de Johann Sebastian Bach, utilizando un lenguaje coloquial y cercano que permite eliminar las posibles barreras que en ocasiones surgen ante la música clásica.

Hace un recorrido por la vida de Johann Sebastian Bach a través de sus Suites para violonchelo solo. La protagonista es su segunda esposa, Anna Magdalena: ferviente admiradora de su marido, cantante, intérprete, transcriptora, esposa y madre, nos traslada a una tarde de 1749, para relatar la vida de su esposo, con ayuda de un violonchelo, con el que interpretará diversos fragmentos de las distintas Suites, conectando así la vida profesional, personal y familiar del compositor.

(El 21 de febrero a las 20h. Beatriz González Calderón, directora de Almaclara, interpreta el Monólogo para violonchelo I LOVE BACH en Casala Teatro (un fantástico mini-teatro en el corazón del Mercado de Triana)

Juan Pablo Navarro Rivas
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Radiohead, la música contemporánea y las ondas martenot – Las amebas, la armonía de las esferas y nuestras emociones – 160

Alex Ross es el crítico de música del New Yorker. En 2009 publicó el exitoso El Ruido Eterno y, siguiendo su estela, ha publicado en 2012 Escucha Esto. En él, levanta las barreras entre música culta y música popular y por sus páginas se cruzan las obras de Mozart o Kurt Cobain, de Bach o Led Zeppelin, de Brahms o Bob Dylan. Así, me ha llamado mucho la atención el artículo que dedica al grupo británico Radiohead (Thom Yorke, Jonny Greenwood, Ed O’Brien, Colin Greenwood y Phil Selway).

Su disco OK Computer fue un aldabonazo en 1997. En él se daban múltiples influencias: Beatles, Beach Boys, Pink Floyd… el jazz de Charles Mingus, Alice Coltrane o Mile Davis y la música culta contemporánea; Stravinsky, Penderecki, Messiaen… Tal como afirma Ross, otras bandas habían utilizado material procedente del jazz u orquestales en sus composiciones, pero “la sensibilidad clásica de Radiohead no se encuentra solo pegada a la superficie; está arraigada en el centro mismo… Hay veces en que Radiohead parecen estar practicando un nuevo tipo de música clásica para las masas”. Sirva de ejemplo la canción Idioteque de su album Kid A donde tiene especial protagonismo el sampler de la composición de 1973 de Paul Lansky, Mild und Leise, basada, a su vez, en Tristán e Isolda de Wagner.

Adjunto Mild un Liebe. Escúchese, sobre todo desde el segundo 40 al 55.

Quizá a muchos, la grabación anterior les haya parecido un sonido insoportable y creo que es obligado que se escuche con el ropaje de Radiohead:

Relacionado con esto, está el uso de las ondas Martenot, uno de los más antiguos instrumentos electrónicos y usado por Messiaen en obras como Turangalila. Las ondas Martenot se controlan por medio de un anillo que se desliza por un cable: sólo un centenar de personas la dominan en el mundo y Jonny Greenwood es el uno de ellos. En el vídeo enlazado abajo puede verse el uso de este instrumento.

Soy un simple aficionado a la música y lo ignoro todo respecto a la teoría musical. Con mucha dificultad puedo descubrir las entrañas de cualquier composición y, sin embargo, la música me emociona. Hay algo singular en nuestra especie que hace que cualquier hombre de cualquier época ante un conjunto de notas dispuestas de determinada manera pueda sentir las lágrimas de san Pedro en la Pasión según San Mateo de Bach o ganas de bailar con Radiohead. No nos diferenciamos en nada de aquel hombre que fuimos y que, en torno a la hoguera, escuchaba atento una historia arcana, que podría no entender, mientras vibraba con los sonidos sincopados de primitivos instrumentos. Algo inmensamente bello debió depositar el buen Dios en aquella ameba primigenia de la que todos descendemos y que navegaba silente por océanos inmensos escuchando la música celestial de las esferas, de manera que a ti y a mí, la música siga, como ameba multiforme, adaptando nuestras formas de estar, nuestras formas de pensar, nuestras vidas en suma y ayudándonos a descubrir el desasosiego, el enternecimiento, la exaltación, la agitación, la inquietud, el temor, el amor, la belleza, la superficialidad, la transcendecia, las más intensas emociones.

Juan Pablo Navarro
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Radiohead

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La Tercera Sinfonía de Gorecki – Lamentos desde la Esperanza – 143

La tercera sinfonía, escrita para orquesta y soprano, es llamada también de las lamentaciones, ya que sus tres movimientos son, cada uno, un lamento de una mujer.

“Mamá, mamá… No llores por mí”, esta inscripción grabada en una pared de una prisión de la Gestapo en Zakopane (Polonia) fascinó al compositor polaco Henryk Górecki (1933-2010) y le llevó a crear su honda Tercera Sinfonía (Opus 36). Desde que la escuché en el muy recomendable programa en Radio Clásica de  Luis Ángel de Benito, Música y Significado,  la escucho absorto.

La música me acompaña durante muchas horas del día; mis gustos son amplios, desde Bill Haley a The National, pasando por Joy Divsion o Radio Futura y, ¿cómo no?, la música clásica, especialmente la Barroca. Sin embargo, la música culta contemporánea se me hace seca e insufrible, un jardín de cactus. Por eso, como comentaba en Messiaen, un oasis para empezar a beber la música contemporánea, me alegran estos descubrimientos.

La tercera sinfonía, obra de 1976. escrita para orquesta y soprano, es llamada también de las lamentaciones, ya que sus tres movimientos son, cada uno, un lamento de una mujer. El primero es el de la Virgen María por la muerte de su Hijo, el segundo el de una hija encarcelada por la Gestapo a su madre, el tercero el de una madre a su hijo muerto en la insurrección en Silesia de 1919.

El texto del primer movimiento procede de la Edad Media y se conserva en el monasterio polaco de Santa Cruz:

Mi querido hijo, mi predilecto,
comparte las heridas con tu madre.
Ya que he sido yo, querido hijo,
quien te ha llevado en el corazón,
y quien tan fielmente te ha servido.
Háblale a tu madre para hacerla feliz,
pues ya me abandonas, dulce esperanza mía.

El segundo está basado en la estremecedora oración escrita en 1944 en la cárcel nazi por Helena Wanda Błażusiakówna de 18 años:

Mamá, no llores, no.
Inmaculada Reina de los Cielos,
apóyame siempre.
Ave María, llena eres de gracia

Sobre este texto, Gorecki decía: “En la prisión, toda la pared estaba cubierta de inscripciones que clamaban: ‘Soy inocente’, ‘Asesinos’, ‘Ejecutores’, ‘Liberadme’, ‘Salvadme’, etc. Todo era chillón y banal. Los adultos escribían este tipo de mensajes, pero he aquí una chica de dieciocho años, casi una niña. Ella es diferente. No desespera, no llora, no exige venganza. No piensa en sí misma, en si merece o no este destino. En cambio, piensa en su madre, que es quien experimenta la verdadera desesperación. Esta inscripción es algo extraordinario. Y realmente me fascinó”

El tercero concluye con el canto de una madre que ha perdido a su hijo:

Oh, cantad para él,
pajarillos cantores de Dios,
porque su madre
no puede hallarlo.

Y vosotros, florecillas de Dios,
floreced a su alrededor,
para que al menos mi hijo
pueda disfrutar soñando.

Sobre estos textos lúgubres, desde el mayor sufrimiento, desde el profundo dolor de la muerte, desde la soledad de la injusticia, la música lenta, profunda y bella, intensamente bella, nos lleva desde la oscuridad a la luz, desde la injusticia al perdón, desde el sufrimiento a la gracia redentora. Quizá por ello, es tan cercana al alma estas lentas notas de la sinfonía de Gorecki; un hombre que había perdido a muchos de sus familiares en los campos de concentración y que había sufrido la desoladora dictadura comunista. Porque esta música hace círculos y también es como flechas que arden en el corazón y luz que te hace mirar místicamente más allá.

Os invito a escucharla y a disfrutarla con la humilde y  paciente espera del aprendizaje, del descubrimiento. Muchos ya lo hicieron, la grabación que hizo la London Sinfonietta, dirigida por David Zinman, vendió más de un millón de copias en 1992. Así que no me extrañaría que a ti también te conmueva.

Juan Pablo Navarro
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Messiaen, un oasis para empezar a beber la música contemporánea – El Cuarteto para el Fin de los Tiempos – 46

Olivier Messiaen (1908-1992)

Mientras que la pintura y la arquitectura contemporánea siempre me han entusiasmado, la escultura y sobre todo la música me han parecido un árido desierto. La música popular nos regala numerosos momentos de fácil diversión y placer. Por el contrario, la música culta parece un jardín de cactus. Sin embargo, gracias a Olivier Messiaen, descubrí que había oasis. Fue al escuchar el Cuarteto para el Fin de los Tiempos.

La obra fue fruto de la escasez; de la escasez de libertad, de músicos y de instrumentos. Cuando la compuso en 1940, Messiaen estaba preso por los alemanes en Göritz. Una de las obras más influyentes del siglo XX se estrenó en un campo de prisioneros, sutil metáfora de este siglo. Basado en el Apocalipsis, desde el Genio del Cristianismo (1802) de Chateaubriand que dio pie al Romanticismo, no había habido una obra tan decisiva sobre el Arte derivada directamente del catolicismo.

Se estrenó en enero de 1941, era un helado día de invierno, la audiencia eran guardias y prisioneros. Messiaen tocaba un viejo piano vertical, Jean le Boulaire un violín, Henri Akoka un chelo y Etienne Pasquier un clarinete. El tema es el fin de los tiempos según el Apocalipsis (10, 1-8): la II Guerra Mundial parecía un signo de aquel, el gélido día añadiría un espectral ambiente y la música era infinita. Sus siete movimientos (el siete es el numero de lo perfecto) concluyen para dar paso al octavo (el día de la resurrección) con uno de los pasajes más intensos y bellos, de mayor sensualidad espiritual de la historia de la música, La Alabanza a la inmortalidad de Jesús, sólo comparable a los mejores pasajes de Bach: el piano y el violín remarcan un movimiento lentísimo, casi estático, que representa la Resurrección de Cristo y el Fin del Tiempo.

Messiaen escribió que el Cuarteto es “esencialmente inmaterial, espiritual, católico. Los modos, llevando a cabo melódica y armónicamente una especie de ubicuidad tonal, aproximan al oyente a la eternidad en el espacio o infinito. Los ritmos especiales, fuera de cualquier compás, contribuyen poderosamente a alejar lo temporal.”

Los discípulos de Messiaen están entre los más importantes músicos contemporáneos: Pierre Boulez, Yvonne Loriod (quien sería su segunda esposa), Karlheinz Stockhausen, Iannis Xenakis, William Bolcom y George Benjamin. Su Cuarteto para el fin de los tiempos o Turangalila son una excelente entrada para ir haciéndose al oído de la música culta actual. Para mí, se ha convertido en un rito anual el escuchar un día como hoy, Domingo de Resurrección, El Cuarteto para el Fin de los Tiempos. Felices Pascuas de Resurrección.

Juan Pablo Navarro
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A propósito de la Semana Santa, a propósito de Silvio – 40

Silvio de pequeño pidiendo cera en Semana Santa

Silvio de pequeño pidiendo cera en Semana Santa

Cuando se acerca la Semana Santa inicio mis ritos musicales anuales: marchas procesionales, el Miserere de Eslava, la Pasión según San Mateo de Bach; ésta, siempre  el Jueves Santo; el Requiem de Mozart, el Viernes y el Sabado Santo; por fin, el Domingo de Resurrección, el Cuarteto para el Fin de los Tiempos de Messiaen.

Y a todo esto, siempre añado La Pura Concepción (Swing Maria) de Silvio. Silvio, el genial Silvio. Silvio, que pasó en carne inmortal por la ciudad de Sevilla y que nos enseñó la dignidad de ser enteramente libre.

¿Quién era Silvio? ¿Qué era Silvio? Silvio era Silvio. Al igual que Dios Es el que Es y cualquier definición más allá de ella lo estrecha y recorta en su trascendencia, Silvio era el que era y solo su trato acercó a entenderlo. Todos los que tuvieron la suerte de conocerlo (como te envidio, Paquico, hermano mío) o sólo lo escucharon en sus conciertos, en sus discos, en sus entrevistas, o sólo se cruzaron con él por cualquier calle de Sevilla, por cualquier bar, sabían que recibían un regalo único de un hombre que era plenamente generoso, de alguien que era inimitable por la sencilla razón de que nunca era otro, siempre era, exclusivamente, él mismo.

Ya Eddie Cochran no encontrará un corazón más sureño para que lo cante, ni Pive Amador un mejor amigo para su música, ni una canción italiana más sevillana gracia, pero, al menos, su carne inmortal se nos insinuará al volverle a escuchar en un disco y, con un gin-tonic en la mano, brindar por el Sevilla F.C, por la Semana Santa y por la Purísima Concepción.

Juan Pablo Navarro
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Nacho Vegas y el himno del centenario – 19

Nacho Vegas

Nacho Vegas (Gijón, 9 de diciembre de 1974), junto a Los Planetas, es el rey de la escena indie española. Temas como El hombre que casi conoció a Michi Panero, Dry Martini o Detener el tiempo son conocidos por cualquier amante de la música independiente. En su último disco, La Zona Sucia, salido este mes de febrero, recoge una canción, Lo que Comen las Brujas, inspirada en el Himno del Centenario del Sevilla F.C. compuesto por El Arrebato.

Al parecer, la idea de la canción se le ocurrió escuchando una chirigota de los carnavales de Cádiz. Luego cayó en la cuenta de su parecido con el Himno. Justo ayer, 2 de marzo, actuó en el Teatro Central en Sevilla y él mismo reconocía antes de cantarla que era un plagio al Sevilla F.C. (también recordó que había ganado 3-0 al Sporting, el equipo de la banda, pero eso es otra historia)

No deja de sorprender el recorrido del himno sevillista.

Aquí tenéis el enlace a la canción interpretada en Radio 3

A Joy Division, la banda de Ian Curtis, con pasión – 16

Joy Division

Sólo editaron dos discos grandes: Unknown Pleasures (1979) y Closer (1980); el último lanzado cuando Ian Curtis ya había muerto. Pero su música nos sigue fascinando a muchos desde entonces. Contaba Eduardo Madina en Hoy Programa de Radio 3 que Joy Division era una de sus obsesiones musicales. No puede ser más acertado su comentario, cuando uno los descubre no puede menos que escucharlos obsesionado.

Como muchos, como casi todos, descubrí a Joy Division con Love Will Tear Us Apart (El amor nos destrozará), una de las más bellas canciones del pop. Sin embargo, pronto conocí que sólo era el delicado recipiente en que Ian Curtis y su banda guardaron a un conjunto de canciones intensas como nunca se habían escrito. Fue cuando escuché Atmosphere cuando me sorprendí, ¿qué sonido es éste?, ¿qué es esto que no había oído nunca antes? Luego seguirían New Dawn Fades, Transmission o Heart and Soul, para acabar en Decades. Y hoy los escucho y mañana también.

Recogieron la energía del punk que obliga a saltar y a mover la cabeza en un sí-sí continuo para añadirle la intensidad dramática que sólo los genios encuentran en los manantiales del alma y, con ello,  regalar una experiencia trascendente. Así, escuchar a Joy Division es quedar atrapado con las místicas telas de Rothko, es descubrir la perfecta belleza inacabada de la vida que se escapa de la Piedad de Rondanini, hipnotizado como con en el rezo del rosario o el tran tran de los mantras y acabar en trance como los derviches cuando bailan, y girar y girar y girar…

Su música influyó en toda la música que vino después, incluso aquí sus seguidores son legión; desde Décima Víctima, pasando por Gabinete Caligari, para llegar a Los Planetas. Y es que Ian Curtis cantaba con pasión, él era la canción y allí estaba su magia, y mientras sus ojos miraban a su interior, sus movimientos epilécticos sugestionaban a quien lo veía. Pero su intensidad era frágil, frágil como lo bello, frágil como los sueños que muestran el alma; como delicado recipiente, como amor destrozado, un 18 de mayo de 1980 murió. Y como cantaba en Heart and Soul, Yo existo de la mejor manera que puedo hacerlo/ El pasado es ahora parte de mi futuro/ El presente está fuera de control, a él se le escapó su vida y a nosotros nos regaló el futuro.

P.D. El que quiera conocer más sobre Joy Division le aconsejo que vea el documental que enlazo

Escucho a Décima Víctima en Radio 3. Han pasado treinta años – 9

Décima Víctima era uno de mis grupos favoritos en los 80. Hoy en Disco Grande de Julio Ruiz, en Radio 3, los escucho de nuevo. De alguna manera emocionado, oigo la entrevista que hace a Carlos Entrena y a Per Mertanen. Escucho de nuevo El Vacío, Tan Lejos y tantas otras. Su estilo depresivo y tenebroso, heredero de Joy Division, de The Cure (en la entrevista niegan que su bajo se basase en The Cure y afirman que les gustaba más Joy Division), tamizado por el recuerdo de 30 años me produce hoy una extraña alegría. Poderoso efecto el de la nostalgia.

Fue un grupo que no triunfó, que tuvo que abandonar porque no pudo vivir de la música. Sin embargo, como ha pasado con tantos artistas que en su momento “fracasaron”, espero que sean reconocidos algún día.

Yo, al menos, hoy, cuando llegue a mi casa, desempolvaré su primer single (El Vacío, La razón de la discordia, Sumido en la depresión) y lo escucharé feliz. Y brindaré por Carlos, por Per, por Lars y por José Brena, y también por Radio 3, por Julio, por Jesús Ordovás, por Diego Manrique, que tanto me hicieron disfrutar. Gracias

Juan Pablo Navarro
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