XVII

Miguel Mañara e Ignacio de Loyola al alcance de los niños

Con los relatos “Miguel Mañara, el rico que sirvió a los pobres” e “Ignacio de Loyola, el soldado de Dios”, Maratania inicia la colección “Vida de Santos”. Ambos salen a la venta a 14,90€.

Nos parece una colección necesaria para nuestros hijos. Los santos son personas parecidas a cualquiera de nosotros, no son supeheroes con superpoderes inauditos, y, por tanto, modelos posibles para una vida completa.

Pídelos en tu librería más próxima o en nuestra web.

Miguel Mañara (1627-1679) fue uno de los más ricos y poderosos caballeros de la Sevilla del XVII. La muerte de su mujer transformó profundamente su vida. Tras hacerse hermano de la Hermandad de la Caridad, pronto fue su hermano mayor. A ella entregó toda su vida y su hacienda para servir a sus amos: los pobres. El hospital y la iglesia de la Caridad son testimonios de su vida fecunda. En este breve relato, el propio Mañara, respondiendo a las preguntas de un niño, nos relata su vida y su admirable conversión.

Ignacio de Loyola (1491-1556) es uno de los españoles más importantes de la Historia. En 1521, cuando contaba treinta años, fue herido en el sitio de Pamplona. La lectura de libros de santos durante su convalecencia lo llevó a iniciar un camino de conversión que dio como fruto la fundación de la Compañía de Jesús. En este relato, Lalo, un niño que se recupera en su casa de una pierna rota, recibirá una visita que le contará la vida de San Ignacio de Loyola y aprenderá a practicar el DISCERNIMIENTO.

 

 

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CÓRDOBA Y SU PROVINCIA en el Canal Youtube de Maratania

Hemos subido a nuestro canal el vídeo sobre nuestro libro Córdoba y su Provincia. Puede adquirirlo en librerías y en nuestra tienda por solo 19,95€.

Juan Pablo Navarro Rivas
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La plaza de la Corredera, una invitación para ser feliz

Portadilla de la Corredera en Córdoba y su Provincia

Portadilla de la Corredera en “Córdoba y su Provincia” de Maratania

La plaza de la Corredera es uno de mis lugares favoritos de Andalucía. Desde sus orígenes medievales, la plaza convocó a los cordobeses a los grandes actos públicos de la ciudad, desde juegos navales para celebrar la victoria de Lepanto, pasando por corridas de toros –de donde deriva su nombre–, hasta los autos de fe de la Inquisición.

Su aspecto uniforme actual procede de a reforma que Francisco Ronquillo llevó  acabo entre 1683 y 1687, Aunque prezca mentira, en 1896, se levantó un mercado en el centro de la plaza que impidió una completa visión de ésta hasta su demolición en 1959. Hoy día, apostarse en uno de sus numerosos bares o adentrarse en su mercado, disfrutando de su arquitectura, de su luz y de su viveza es un autentico placer.

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La Corredera en “Córdoba y su Provincia” de Maratania

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“Córdoba y su Provincia”: ya tenemos portada

Uno de los momentos más decisivos en la publicación de un libro es la elección de la portada. En “Córdoba y su Provincia” hemos elegido una imagen de uno de los patios del Palacio de Viana. En esa elección nos han acompañado muchas personas que nos dieron su opinión sobre cuál de las que teníamos como candidatas era su predilecta. Muchas gracias a todas ellas.

Creo que refleja a Córdoba. Es un patio, es seria pero hospitalaria, la reja nos deja entrever el jardín y nos invita a entrar en el libro… Y, además, por lo menos lo pensamos, es una foto muy bonita. A principios de diciembre estará en las librerías a solo 19,95€. DISFRUTENLA. cordoba y su provincia, maratania. 19,95€.

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El Hospital de los Venerables – La herencia de dos mecenas: Justino de Neve y Javier Benjumea

El Hospital de los Venerables lo fundó el canónigo Justino de Neve(Sevilla, 1625 – Sevilla, 1685)  para el cuidado de sacerdotes ancianos e impedidos. Era hijo de una rica familia de mercaderes flamencos; ayudó a artistas como Murillo y costeó obras como la de Santa María la Blanca o la de este Hospital. Gracias a Javier Benjumea, desde 1987 es sede de la Fundación Focus-Abengoa, institución fundamental para la cultura sevillana.

La construcción la comenzó en 1676 Juan Domínguez y la continuó, hasta su conclusión en 1698, Leonardo de Figueroa. El edificio se articula alrededor del patio central; en uno de sus costados se abre la iglesia. De una sola nave, destacan en ella los frescos que cubren sus paredes. Iniciados por Juan de Valdés Leal en la bóveda del presbiterio, los concluyó su hijo Lucas Valdés. La iglesia se decoraba con pinturas de Murillo, que fueron robadas en 1810 por el mariscal Soult, como la Inmaculada de los Venerables, hoy en el museo del Prado.

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La Inmaculada de los Venerables (hoy en el Prado) en su narco originario

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La Parroquia de Santa Cruz – Una fachada de 1929 en un convento del XVII – 202

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Los sevillanos estamos acostumbrados a las calles estrechas y perdemos con ello la experiencia que ofrece lo desconocido. La paradoja es que los lugares más transitados son los que menos contemplamos. Necesitamos parar en nuestro camino y reflexionar para poder pasmarnos como un novicio. Así, si observamos con detenimiento, las calles estrechas pueden parecernos infinitas, o secretas cuando se curvan como meandros, o desembocaduras en los mares que son las plazas, o, simplemente, como ventanas que se abren a la belleza de una puerta, de una espadaña o de una torre. De esta clase es la calle de Guzmán el Bueno: mientras nos acercamos a Mateos Gago, nuestra mirada asciende para contemplar la fachada de la parroquia de Santa Cruz recortada entre los edificios de la calle; como mirando por una ventana estrecha y alargada que nos obligase a mirar al cielo y no al horizonte.

Y llegando a la iglesia, nos ocurre algo propio de Sevilla, que las cosas son lo que son pero también son lo que no son. Porque realmente aquí está la parroquia de Santa Cruz, e incluso la habita una cofradía conocida por este nombre, pero también es cierto y ya deberíamos saberlo -pues su campanario es espadaña y no torre-, que estamos en un convento. Porque convento es lo que fue desde 1655 a 1835: el convento del Espíritu Santo de la Orden de Clérigos Regulares Menores. La parroquia de Santa Cruz había estado desde la Reconquista en lo que es ahora la plaza de Santa Cruz hasta que, tras su derribo, en 1810, se trasladó a este convento hasta 1813 y, definitivamente, desde 1835, tras la desamortización de Mendizábal.

Y por otro lado, podemos pensar que su iglesia es del XVII, y eso es cierto -se iniciaron las obras en 1655 con proyecto de Sebastián de la Puerta sobre el solar del que había sido el corral de comedias de don Juan, y se concluyó en 1728 por José Tirado-. Pero también es verdad que la iglesia se reformó ampliamente en 1840 y que su fachada quedó inconclusa y que fue el arquitecto regionalista, Juan Talavera y Heredia, quien la concluyó en 1929. De este modo, tan sevillano, no sabemos si estamos ante un templo barroco, un templo neoclásico o regionalista.

Y aquí lo dejo, sin entrar a hablar de otros temas sevillanos que nos podrían sugerir su aledaña Escuela de Cristo; así que dejenme que me despida con eso tan recurrido, no tan solo sevillano sino español, del venga usted mañana.

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santa cruz 5Juan Pablo Navarro Rivas
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La Parroquia de San Vicente de Sevilla y la tristeza – 188

Algunas plazas de Sevilla te invitan a quedarte como si fueran islas donde un tiempo lento marcase el paso al día. Otras, incluso puede que más bellas, son como puentes que cruzas en tu lento o rápido caminar. De estas es la plaza de Doña Teresa Enríquez con sus tupidos naranjos y su crucero en el centro. Y eso hago yo, la cruzo y entro en la parroquia de San Vicente, donde hace ya… unos cuantos años, me bautizó, su entonces párroco, el padre Ayarra, el hoy canónigo y reconocido organista.

Quizá sea por mi madre, que dice que es una iglesia propia para funerales, que siempre me ha parecido que tenía un aire triste y que, precisamente por ello, se me sugiere propia de los ritos que marcan nuestra existencia en su alfa y en su omega. El primero le ofrece, por la calidez del feliz del momento, ráfagas que la alivian de la pena e iluminan su atmósfera tranquila para que preste sosiego al despertar de la vida. En el postrero, la melancólica penumbra de San Vicente acompasa con la tristeza del alma que se despide.

Por un arquitecto cuyo nombre para qué recordar, se restauró hace ya alguno años. Desde entonces, tiene un aire más a nuevo del que yo conocí pero, a pesar del mobiliario de sala multiusos que le añadió y de la daltónica pintura de sus muros, me sigue pareciendo como entonces, un lugar para la melancolía, para la meditación, para la oración silente sobre nuestro principio, sobre nuestro fin.

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Juan Pablo Navarro Rivas
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La Parroquia de San Lorenzo – Paisaje de mi infancia – 187

Mi familia vivía en la calle San Vicente, así que la vecina plaza de San Lorenzo pertenece a la entrañable memoria de mi infancia: el zapatero al doblar la esquina, el kiosko donde compraba chucherías y cómics, los fantasmagóricos platanos de indias, la basílica del Gran Poder, la parroquia de San Lorenzo…

Su torre de amplios vanos me dejaban ver sus campanas y, en el muro, siempre exacto, su reloj marcaba las horas de las idas y venidas, de las misas, del final de la Semana Santa con la Soledad cruzando la puerta del templo. Y, cada vez que yo también cruzaba el dintel, me esperaba la bellísima virgen de Rocamador con su suave y fascinante sonrisa y su pose elegante o se me aparecía humilde y arrobada en el famoso cuadro de la Anunciación de Villegas. Allí conocí a los primeros hermosos ángeles lampadarios, ese teatral y efectivo descubrimiento sevillano que nos llama desde su aérea belleza a contemplar el altar mayor. Y antes de irme, apartaba los paños de damasco para, tras la reja, maravillarme con la capilla del Sagrario, que era como una pequeña y asombrosa iglesia dentro de otra iglesia. Y así, los muchos días de repetidas miradas, de reiterados pasos, de asombros renovados fueron educando a mi alma en lo que era bello, en lo que era misterioso, en lo que iba más allá de tus ojos.

Juan Pablo Navarro Rivas
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