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Sevilla FC Tricampeón. De Linares a Turín – 193

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¡Eindhoven, Glasgow y Turín; y también Mónaco; y la liga, y las copas y supercopa de España¡ ¡Sevilla Campeón¡

Otro día más para dar gracias al fútbol, para dar las gracias por ser sevillista y otro día más por la alegría compartida con amigos y desconocidos que ayer eran, ciertamente los eran, y hoy también lo son, ciertamente los son, mis hermanos.

Y esta alegría la colmo al mirar atrás. Porque la cosa es que el destino parecía que a mí no me deparaba esta gloria. Con un abuelo presidente del Betis, la vida parecía que me llevaría por el otro lado de la orilla; pero no fue así, mi lógica infantil de que yo era de Sevilla y mi equipo tenía que ser el que llevaba su nombre me salvó. Y no eran grandes tiempos, el Sevilla penaba en segunda, aunque los Superdinámicos que compraba me mostraban un feliz pasado.

2014-05-14 16.10.10El primer logro que llega a mi memoria es uno mínimo, una victoria en Linares, ¡que nos libraba de la promoción¡, con dos goles del mítico Biri Biri, que un año después nos guiaría a Primera.Y, entonces, me asombraría con los potentes disparos de Scotta, ¡pish, pish, que viene, que viene¡, y el golazo de Bertoni, que desde un pico del área y con una parabola imposible quitaba la liga a la Real Sociedad. Y después don Manolo Cardo, Pintiño y Francisco para regalarme mi primer “yo estuve allí”, en la UEFA claro, tenía que ser la UEFA, “Sevilla 4 – Paok de Salónica 0”. Llegarían grandes equipos con grandes jugadores: Polster, Zamorano y, sobre todos, Suker, Suker, Suker. Pero pasaban los años y, otro año igual. otro año igual, se quebraban las esperanzas de ganar algo.

Era el año 2005, compraba el periódico por la mañana, cuando a mi lado un hombre cansado por no haber dormido toda la noche sonreía feliz con la portada que a mí me dolía. Era la seguna copa ajena que yo vivía y, desconsolado, pensaba que no, que nunca llegaría, que nunca saborería el triunfo. Juan Pablo, nunca pierdas la esperanza porque del Sevilla “dicen que nunca se rinde y el arte de su fútbol no tiene rival”. Lo demás, cantado con un himno providencial que nos arrebata, ya lo sabéis: ¡Eindhoven, Glasgow y Turín; y también Mónaco; y las copas y supercopa de España¡ ¡Sevilla Campeón¡… y queremos más, porque el Sevilla FC está entre los elegidos y porque, en la orilla que de niño yo elegí, se exige siempre soñar con más.

Juan Pablo Navarro Rivas
Maratania
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Viva el fútbol y viva la mística

Nacho Vegas y el himno del centenario

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Las casetillas de apuestas infantiles en las carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda – 88

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Dentro de la singularidad de las carreras de caballos en la playa de Sanlúcar de Barrameda no es un aspecto menor el de las casetillas de apuestas de niños que se desparraman por todo el recorrido.

Las hay de todo tipo. Algunas son como las de siempre, un par de cajas con un agujero en forma de ventanilla, si acaso pintada y empapelada. Otras son verdaderos monumentos de las manualidades en las que los niños y también los padres han colaborado para representar desde la plaza de toros de Sanlúcar a dibujos alusivos a las carreras, pasando por el héroe de dibujos animados del momento. También forman parte de la decoración pequeñas cartelas explicando los precios o animando al apostante con suculentas ofertas de chucherías de regalo por cada apuesta que se realice.

Así que todos los días, las familias vienen con la sombrilla, las sillas y… la casetilla de apuestas Llegado el momento de las carrreras, los niños y algunos mayores se acercan a cualquiera de las casetas y apuestan desde 5 céntimos a un par de euros a la clásica sencilla, doble o triple. De puño y letra se le da el recibo y a esperar a la carrera.

En la arena de la playa, previamente, los niños han dibujado una línea de llegada en la zona cercana a la casetilla y, cuando los caballos la traspasan, después de discusiones entre los niños para decidir quien ha pasado primero, el dueño de la casetilla decide y paga las apuestas.

Dado que vivimos la época de la historia de la humanidad con mayor número de estúpidos por metro cuadrado, siempre hay el peligro de que algún día alguno proteste por iniciación de niños en la ludopatía y nos cierren todos sus kioskos; por lo tanto, corre y ve a divertirte con tan inocente y ejemplar costumbre, así verás, además, las más bellas carreras de caballos del mundo.

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Y me bañé en los mares de la luna Y me bañé en los mares de la luna

 Juan Pablo Navarro
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Viva el fútbol y viva la mística – 24

jugar al fútbolSí, me gusta el fútbol; sí, lo reconozco. Abro los periódicos por la sección de deportes; sí, es verdad. No aguanto aquello de cómo te puede gustar ver a 22 personas en calzoncillos detrás de un balón; no, no lo soporto. Que por qué me gusta; usted me lo pregunta y yo se lo respondo: el fútbol te permite experiencias que pocas cosas te ofrecen ni pagando sumas astronómicas ni regalando el mayor de tus esfuerzos.

Se ha especulado mucho sobre la épica del fútbol y yo lo suscribo, el fútbol es la épica de nuestro tiempo. Pero el fútbol es más, el fútbol es mística. Cómo puede considerarse si no la experiencia de gritar goooooooooooooool. Ni el mejor yogui consigue que el aire salga con una respiración tan profunda como ese grito, ni la mayor exaltación del místico que ve a todo en todos y todos en uno se puede comparar al abrazo exaltado con el vecino de asiento que ni siquiera conoces, ni la más placentera paz del que contempla el sol hundiéndose en el mar se puede comparar con el de ver ese balón atravesando la meta rival.

Sabemos del esfuerzo de años del opositor de notarías, de la inagotables horas para preparar una negociación, de las horas de viaje del que busca un destino pero ¿a cuántos que aprueban, tienen éxito o alcanzan su propósito han visto con la exaltación de un simple aficionado? y, si alguno de aquellos la alcanza,¿cómo compararla a compartirla con miles de personas formando un solo eco? No, no hay comparación, no busquéis, mejor, id al fútbol.

Sí, id al fútbol y descubrid los grados de la mística porque, evidentemente, hay goles y goles. Hay goles adocenados que dan tanto placer espiritual como una canción de Lady Gaga y goles al que solo alcanza a acercarse el misticismo de la música de Messiaen. Yo viví uno de ellos.

Levité, sí levite, lo repito lé ví té. No es una metáfora, no es una exageración, es una experiencia real. Un año antes era un hombre sin fe, había perdido toda esperanza de que mi equipo ganase algo y el mal amor de la envidia me fustigaba mientras por la mañana veía llegar a Sevilla a aficionados con camisetas barradas que venían de ganar una Copa. No, yo no lo viviría jamás. Era el 10 de mayo de 2006, mi rodilla llevaba meses dándome la lata y cojeaba y me dolía al mínimo esfuerzo. Luis Fabiano había marcado el primero, qué gol había gritado y con cuántos me había abrazado, y aquí llegó Maresca y entonces creí. Creí que por fin triunfaríamos, que mi esperanza contra toda esperanza llegaría y que la estruendosa alegría del amor a mi equipo estallaría y empecé a saltar, a saltar, a saltar. Sentí que mi rodilla ya no dolía, que no pesaba, que era ingrávido y un gozo supremo me colmaba. Levité, te digo que levité, que si me hubiesen dado el mundo lo hubiera levantado como Atlas, que todo el mundo era mi amigo, era mi hermano. Campeones, campeones, campeones. Hoy he vuelto a ver esos goles y el corazón me ha vuelto a latir con fuerza y me he emocionado. Ese momento no lo habría vivido sin el fútbol y yo, se los aseguro, soy de los tibios, imagínense los fanáticos.

Decidle, ahora, a los aficionados del Sevilla, del Betis o del Liverpool que el fútbol es ver a 22 en calzoncillos… Mejor, dejad de ser incrédulos y sed creyentes.

Middlesbrough 0-4 Sevilla, 10 de mayo de 2006, Sevilla campeón

Nacho Vegas y el himno del centenario – 19

Nacho Vegas

Nacho Vegas (Gijón, 9 de diciembre de 1974), junto a Los Planetas, es el rey de la escena indie española. Temas como El hombre que casi conoció a Michi Panero, Dry Martini o Detener el tiempo son conocidos por cualquier amante de la música independiente. En su último disco, La Zona Sucia, salido este mes de febrero, recoge una canción, Lo que Comen las Brujas, inspirada en el Himno del Centenario del Sevilla F.C. compuesto por El Arrebato.

Al parecer, la idea de la canción se le ocurrió escuchando una chirigota de los carnavales de Cádiz. Luego cayó en la cuenta de su parecido con el Himno. Justo ayer, 2 de marzo, actuó en el Teatro Central en Sevilla y él mismo reconocía antes de cantarla que era un plagio al Sevilla F.C. (también recordó que había ganado 3-0 al Sporting, el equipo de la banda, pero eso es otra historia)

No deja de sorprender el recorrido del himno sevillista.

Aquí tenéis el enlace a la canción interpretada en Radio 3

Las carreras de caballos en la playa en Sanlúcar de Barrameda – 4

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Los veranos de Sanlúcar de Barrameda regalan todos los años uno de los espectáculos más singulares del mundo: las Carreras organizadas por la Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlucar de Barrameda. Desde 1845 se corren cada año en Agosto y su origen, según la tradición popular, se debió a las carreras que disputaban los vendedores para llegar al lugar de la subastas de pescado.

El escenario es inigualable, la amplia playa que deja la bajamar frente al Coto de Doñana; justo en el sitio donde Elcano concluyó la primera vuelta al Mundo. Y el momento único, al atardecer, mientras el sol se hunde en la desembocadura del río Guadalquivir.

Los caballos corren por la arena mojada, por el agua de la orilla, perfilados contra un sol que no deslumbra sino que dibuja de tonos naranjas la carrera. El olor a salitre, a mar, se une al bullicio de la gente. Veraneantes con sombrilla y bañador, aficionados y niños que a lo largo de todo el recorrido se pueden ver en ingenuas casetillas en las que se realizan pequeñas apuestas.

La noche caerá y con los zapatos llenos de arena volveremos con la experiencia de haber estado en una fiesta. Ese fenómeno tan español que, a un rito anual y, por tanto, repetido,  transforma en una experiencia única y, a su vez, compartida, aquí, con el sol, con el mar, con la arena, con caballos y jinetes, con gente de toda condición. Algún día debes ir.

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