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El Pabellón de Finlandia de la Exposición de 1992 de Sevilla – Naturaleza, tradición y tecnología

El Pabellón de Finlandia de la Exposición de 1992 de Sevilla

Foto: Miguel Zapke

Helvetinkolu

El Helvetinkolu en Finlandia

Entre los pabellones que se construyeron para la Exposición Universal de 1992 tiene un lugar destacado el de Finlandia, lleno de sugerente belleza y significado. Se inspira en la Garganta del Infierno, “Helventinkolu, una roca partida en dos por efecto de la erosión que se encuentra en el desierto ártico, origen de antiguas supersticiones.

Los dos edificios que lo forman expresan la tradición y la tecnología. Así, el llamado la Quilla es de madera de pino finlandés, realizado según la técnica tradicional de construcción de barcos. El otro, llamado la Máquina, es una estructura metálica de módulos prefabricados. Los dos edificios forman una “garganta” de 15 m. de altura y 35 m. de longitud en donde se sitúa la rampa por la que se entra al pabellón. El proyecto se debe a Juha Jääskeläinen, Petri Rouhiainen, Matti Sanaksenaho, Jari Tirkkonen y Juha Kaakko.

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Juan Pablo Navarro Rivas
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Cat´s Eyes debutan en el Vaticano con "I knew it was over" – 73

Cat´s Eyes

Cat´s Eyes es el duo formado por Faris Badwan (cantante de The Horrors) y la soprano canadiense Rachel Zeffira. Su album de debut con el mismo nombre del grupo es quizá uno de los mejores del pop alternativo de 2011. Muy alejado del sonido garagero de los Horrors, la mayoría de las canciones son sensuales y reposadas. Lo más curioso es que su primera actuación en vivo ha sido en el Vaticano. Es decir, que se colaron en San Pedro y grabaron el vídeo de su primer single: “I knew it was over”

Como dice Faris Badwan en una entrevista a Bill Peari “Nosotros no telefoneamos al Papa y le dijimos, ¡Hey! somos una banda y vamos a lanzar un nuevo disco con una grabación en el Vaticano durante una de vuestras misas”.

A Luke Turner le comentan en The Quietus que hicieron como si cantaran el salmo 23 (El Señor es mi Pastor, nada me falta). En ningún momento quisieron ser ofensivos, irrespetuosos o causar un gran revuelo.

Aquí tenéis el resultado.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=vExWDct-hOc]

“I knew it was over
before you told me so
before you looked away
before I begged you not to go

I knew it was over
I didn’t have to ask why
I knew it was over
before you said goodbye”

Concluiría con lo que decía Jesús: “el que no está contra nosotros, está con nosotrosMarcos 9, 40

Juan Pablo Navarro
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Turismo de aventura en el Hotel Rusia de Moscú – 25

Hotel rusia

En la Plaza Roja, junto a la catedral de San Basilio, se levantaba el Hotel Rusia, el más grande del mundo. Este mamotreto alojaba en tiempos de la URSS a los miembros del PCUS, y cuando lo conocí, era otro de los vetustos hoteles donde apilar turistas y viajeros en la capital rusa.
5 de la mañana, 12º bajo cero, el taxi nos dejó frente a la entrada del hotel. Con maletas y bolsas de viaje para cuatros manos, entramos en el vestíbulo del hotel. A pesar de la hora, había cola en recepción. Después de la gélida y militar revisión de nuestra documentación, la recepcionista nos dio nuestras llaves.
Subimos a la planta, empezamos a andar, seguimos andando, continuamos andando. Por la numeración, la habitación no debía estar cerca. Llegamos a una esquina del hotel, donde había un restaurante. Los camareros dormían en los sillones. Uno de ellos, desperezándose, advirtió nuestra presencia y, con mal humor, se nos acercó. Por señas, logramos que nos indicase por dónde ir; bueno, en realidad, sólo nos señaló que “palante”. Empezamos a andar, seguimos andando, continuamos andando, pasamos un vestíbulo con ascensores, seguimos andando y, ¡horror!, el pasillo está cerrado. A través de las puertas de cristales, nos parece ver que detrás hay un hospital; así era, éste se incrustaba en esa planta del hotel. Damos marcha atrás y volvemos al restaurante. Gesticulamos de nuevo con el camarero y creemos entender que hay que bajar al otro piso para superar la clínica y, una vez al otro lado, volver a subir.
Otra vez, empezamos a andar, llegamos al vestíbulo de los ascensores y cogemos el más cercano. Pulsamos el piso de abajo, no funciona, el del piso de arriba, tampoco. Mala suerte. ¡Hay cuatro ascensores, alguno funcionará!. Ninguno. Probemos el botón del vestíbulo y volvamos a empezar. Sí, sí funciona. Se abre la puerta y, ante nuestros ojos, aparece una enorme sala vacía (el hotel tenía un vestíbulo por cada cara y éste no tenía uso). Al fondo, un solitario empleado del hotel deambulaba aburrido. Al vernos, se acercó. Algo de suerte, chapurreaba español y nos indicó cómo salir de allí. Así, que con su ayuda, logramos superar la clínica por una planta superior y volver a bajar a nuestra planta.
Empezamos a andar, seguimos andando, continuamos andando, doblamos otra esquina con un restaurante indescriptible y, por fin, ya estábamos cercanos a nuestra habitación. Ya sólo nos quedaba superar el último trámite burocrático de los hoteles ‘soviéticos’, la responsable de planta, si no tienes tu boleto de la habitación, de aquí no pasas tovarich. Tras una hora de turismo hotelero, por fin llegamos.
Bueno, pensaréis que si hubiésemos escogido el camino correcto la cosa no hubiese sido para tanto. Sí, es verdad, pero os aseguro que andando rápido y conociendo el camino correcto, tardábamos ¡veinte minutos!
Lo triste es que el hotel lo han derribado, por lo que, apasionantes aventuras como ésta, ya no están disponibles en las agencias de viajes. ¡Qué pena!

(Este artículo tuve la suerte de publicarlo primero en www.triplannet.com, una fantástica página web donde los viajeros comparten sus experiencias)
Juan Pablo Navarro
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Cuatro años, el mejor arquitecto, 60 artistas y 150 artesanos para una casa de muñecas – 12

Siempre me encantó la portada de Astérix y Cleopatra parodiando el coste de la famosa y casi homónima película de Liz Taylor y Richard Burton:“La mayor aventura jamás dibujada, 14 litros de tinta china, 30 pinceles, 62 lápices de mina blanda; 1 lápiz de mina dura, 27 gomas de borrar, 38 kilos de papel, 16 cintas mecanográficas, 2 máquinas de escribir, 67 litros de cerveza, fueron necesarios para su realización!”

Qué decir entonces de la casa de muñecas de la reina Mary donde innumerables artistas, artesanos y escritores trabajaron durante cuatro años. La idea fue de la princesa María Luisa, quien encargó en 1920, al que era el más importante arquitecto del imperio, Sir Edwin Lutyens, una casa de muñecas para la colección de la reina María, mujer de Jorge V. Al terminarla, así son los ingleses, el regalo no se consideró una excentricidad sino que llegó a simbolizar la maestría de los artesanos británicos tras superar la Primera Guerra Mundial.

Sir Edwins creo una casa a escala 1:12 en estilo palladiano y su decoración se diseñó como si de un palacio real se tratara. No se escatimó en ningún detalle: se contrató a electricistas y fontaneros para tener luz eléctrica y agua en los cuartos de baño, se instalaron dos ascensores; 160 ecritores, entre ellos Kipling, escribieron para los libros en miniatura de la biblioteca, se diseñó hasta un pequeño gramófono ¡qué funcionaba!; se reprodujeron muebles del castillo de Windsor y los alimentos de la despensa o los vinos  de la bodega (rellenas con vino de verdad) iban etiquetados con marcas de la época. Entre los pintores, Glyn Philpot pintó el techo del dormitorio de la reina y la miniaturista Mahala Theodora ‘Dora’ Webb pintó un diminuto retrato del príncipe de Gales. Se diseñó hasta un pequeño teatro para representar a Peter Pan.

¿Es o no es la mayor casa de muñecas jamás construida?. Id a verla, entonces, si os pasáis por el castillo de Windsor.

Juan Pablo Navarro
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