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El reencuentro con la arquitectura contemporánea y las iglesias de las nuevas barriadas sevillanas en los sesenta – 78

En los años cincuenta y sesenta se levantaron en Sevilla barriadas enteras con la intención de dar cabida a la población creciente. En general, el resultado fue un paisaje repetitivo de altos bloques con mayores densidades de las deseables y con perversas consecuencias respecto a la calidad de vida de sus habitantes (vuelta atrás famosa y drástica para librarse de las consecuencias antisociales de este sistema fue la demolición de los apartamentos Pruiit-Igoe en San Luis, Estados Unidos, en 1972, construidos solo dieciséis años antes). Salvado lo anterior, es también cierto que supuso la posibilidad de acceder a una vivienda digna a precios moderados y calidades aceptables e, incluso, aciertos brillantes como la barriada de los Diez Mandamientos (1958-1964) de Luis Recasens.

En el panorama español, tras la Guerra Civil se produjo un parón en la evolución de la arquitectura Moderna. Fue en los años cincuenta y sesenta cuando arquitectos con deseos de renovación encontraron en ciertos sectores de la Iglesia el socio propicio para realizar sus ideas. Así surgieron obras como el Teologado de los Dominicos en Alcobendas (1955) de Miguel Fisac, el Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu en Oñate, Guipúzcoa (1955), de Sáenz de Oiza y Luís Laorga o el Monasterio del Rollo en Salamanca (1961) de Antonio Fernández Alba.

En el ámbito sevillano, se construyeron, en las nueva barriadas, iglesias llenas de efectismo y experimentación con un espíritu libre e innovador herederas del misticismo organicista de la Capilla de Notre Dame du Haut (1955) en Ronchamp, Francia, de Le Corbusier. Entre las sevillanas podemos citar templos como son Santa María de las Flores de Fernando Barquín (1963), San Ignacio de Loyola y San Pablo de Luis Recasens y Antonio de la Peña (1963), San Pío X de Rafael Arévalo Camacho y Luis Marín de Terán (1965), etc.

iglesia de san pablo - maratania - foto M zapke

La Iglesia de San Pablo (1963) conjuga su lenguaje contemporáneo con la decoración de azulejos y reinventa, desde una visión moderna, la tradición local (Foto de Miguel Zapke).