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Dos sedes dos para "Joselito y Belmonte, una revolución complementaria, 1914-1920" – 169

SIN LOGOS JOSELITO Y BELMONTESe imaginan coger el colchón de su cama, pasearlo en penitencia por las calles de Sevilla y empeñarlo en el Monte de Piedad con la imperante e inobjetable necesidad de no perderse la memorable corrida -qué quizá fuese la última, porque no hay remedio, tenlo por seguro, porque a Juan lo matará un toro- que el “Pasmo de Triana”, don Juan Belmonte García, toreará en la Maestranza. Pues así hacía más de un sevillano y más de dos y de tres en esos principios de siglo en que media España era de Belmonte y la otra media de su amigo Joselito

Y así, ¿como podía ser de otra manera?, en dos sedes dos, se inauguró, promovida por el ICAS, el pasado 15 de octubre en el espacio Santa Clara y en el Castillo de San Jorge, la exposición “Joselito y Belmonte, una revolución complementaria, 1914-1920”.

Y no empeñen su colchón , que no hace falta, pero, al menos, procesionen y recuperen la memoria de esa España, de esa Sevilla mágica, la de nuestros apasionados abuelos, y admírensen y pásmensen con la historia de Juan y de José, dos rivales que se querían.

Juan Pablo Navarro
Maratania
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La casa del rey moro en Sevilla 360º de Editorial Maratania

La Casa del Rey Moro, la más antigua de Sevilla

La casa de los Bucarelli – marqueses de Vallehermoso y condes de Santa Coloma – Sevilla – 56

En la calle de Santa Clara se encuentra una de las más importantes casas del siglo XVII que se conservan en Sevilla, la casa de los Bucarelli. Podríamos decir que esta calle es la principal del barrio de San Lorenzo. Éste y el de San Vicente se incorporaron a la ciudad con la ampliación de la muralla en el siglo XII pero no se urbanizaron hasta pasada la Reconquista. Por ello, su trazado urbano contrasta con el del resto de los barrios del casco histórico con calles rectas y manzanas rectangulares trazadas a cordel donde se edificaron numerosos palacios como el del Infante Don Fadrique o conventos como Santa Clara y San Clemente.

Cuando paseo por Santa Clara siempre me sorprende la larga fachada de ladrillo de este palacio, pintado sólo en su planta baja. Da la sensación de que no tiene deseo de destacar del resto del caserío. Aquella se divide en nueve calles separadas por pilastras. De manera asimétrica se sitúa la portada barroca coronada con el escudo de armas de la familia Bucarelli (en campo de oro, una banda de azur con tres montículos de oro) que da paso a un gran apeadero por el que se llega a las antiguas caballerizas y al tradicional patio sevillano de arcos de medio punto en sus dos plantas, realzados en los del primero.

La familia florentina de los Bucarelli llegaron a Sevilla en el siglo XVI y Carlos II les concedió el marquesado de Vallehermoso en 1679. Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa (1708-1775), Gobernador de Buenos Aires entre los años 1766 y 1770, y su hermano Antonio María (1717-1779), gobernador y capitán general de la isla de Cuba (1766-1771) y Virrey y capitán general de Nueva España (1771-1779), son sus más importantes miembros.

En la segunda mitad del XIX, tras el matrimonio de María del Pilar Bucareli Cebrián y Fernández de Miranda, quinta marquesa de Vallehermoso, con  Juan Bautista de Queralt y Silva, octavo conde de Santa Coloma (título concedido en 1599 al catalán Pedro de Queralt), quedaron unidos ambos títulos.

El encaste taurino de Santa Coloma deriva de la compra, en 1905, por el el Conde de Santa Coloma de dos líneas puras de la casta de Vistahermosa, la lesaqueña de Saltillo y la saavedreña de Ibarra.

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco con textos de Teodoro Falcón

P.D.: Los textos que ve en este artículo y en otros de la bitácora sobre las casas de nuestra ciudad son de mi autoría, sin embargo, en noviembre de 2012 hemos publicado Casas Sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco con textos de uno de los máximos expertos en arquitectura sevillana, el catedrático Teodoro Falcón.

Interior de la casa de los Bucarelli en "Casas Sevillnas desde la Edad Media al Barroco" - Maratania

Interior de la casa de los Bucarelli en “Casas Sevillnas desde la Edad Media al Barroco” – Maratania

Juan Pablo Navarro
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El Cartel Taurino de la Maestranza 2011 creado por Manzanares y Arrojado – 49

Manzanares durante la faena de Arrojado que fue indultado.EFE

Manzanares durante la faena de Arrojado. EFE

Me he emocionado al leer la crónica de Andrés Amorós sobre el indulto de Arrojado en la Maestranza. Nadie recuerda desde cuando un toro no salía indultado de la plaza sevillana. Ayer fue y yo no estuve allí. Mi ignorancia no me lo permite. Pero de ella proviene mi admiración al entendido, de igual manera que el aprendiz admira al maestro, el aficionado al artista, el incrédulo al creyente.

Y es que ayer, Arrojado pinto el cartel taurino del 2011. Eso tienen los toros, que como el hombre, pueden ser artistas. Sí, Arrojado es un artista y, como un artilugio de Alexander Calder, hizo arte en movimiento y, como una estatua de Fidias, su obra paró el tiempo. Sí, un toro pintó el cartel de este año. Se valió de un torero para pintarlo. Manzanares se llama y también es un artista que sabe que es la eternidad.

No, yo no estuve allí, pero cuando el Arte nace, el hombre que lo crea es todo los hombres y convoca a Dios para que lo vea. Y así, afirmo que tú y yo estuvimos allí, que fuimos Manzanares que lo toreó, que fuimos el público que lo vio, que fuimos Andrés Amorós que lo contó.

Juan Pablo Navarro
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Cartel Taurino de la Maestranza 2011 – José María Sicilia y los vikingos – 48

Me parece que la política de la Real Maestranza de ofrecernos carteles taurinos realizados por artistas contemporáneos consagrados es una apuesta inteligente. Como me decía un amigo maestrante, si siempre hubiesen hecho así, tendrían una colección incomparable: Goya, Picasso, Miró… Este año el autor es José María Sicilia (Madrid, 1954), una apuesta segura por uno de los mejores pintores que surgieron en los 80.

Sin embargo, cada vez que veo el nuevo cartel, no lo puedo evitar, veo un casco vikingo. Lo veo, lo vuelvo a ver, lo miro y lo miro y la mente se me bloquea: casco vikingo, casco vikingo, casco vikingo.

Esto ¿Cómo puede ser?. Pero ¿Qué tienen que ver los vikingos con Sevilla? ¡Claro! los vikingos atacaron nuestra ciudad en el 844. La cosa sería así: traerían los barcos llenos de toros de lídia. Los soltaron en la marisma al grito de Thor, Thor, Thor (su dios más venerado). Los pobres marismeños correrían despavoridos: ¡qué vienen los thoros, qué vienen los thoros! Hasta que uno les hechó un capote y les dio pases hasta que los vikingos se picaron. Y salió un vikingo que cogió otro toro y empezó con su muleta y, a cada pase, los normandos gritaban Olaf, Olaf, Olaf (el nombre del torero) y los sevillanos entendían ole, ole, ole. Los vikingos y los de Sevilla decidieron comerse un buen guiso de rabo de toro, montaron unas casetas de feria, se subieron a una noria que brindaba agua fresca y, hecha la amistad y con algunos tesorillos, se volvieron para su casa.

Como ya sabéis, en el 1061, los normandos conquistaron Sicilia. Allí empezó a contarse la historia de Sevilla de dos siglos antes. Así las cosas, ésta se fue transmitiendo de padres a hijos hasta José María Sicilia. Así, que cuando se le encargó el cartel para la temporada 2011, se dijo, no hay duda, un casco, un casco vikingo.

Después de contar esta verdadera historia, tengo que reiterarme en lo que dije al principio, me gusta los que hace la Maestranza y lo que hace Sicilia, pero es que, cada vez que veo el casco, perdón, cada vez que veo el cartel, me digo: vikingo, vikingo, vikingo.

P.D.: acabo de leer en manuscritos centenarios que un embajador franco presencio la escena. Y claro, al ser francés, en vez de ole, decía olé. A su vuelta a Francia contó la historia en Madrid  y, por eso, en el norte de España se pronuncia olé y no ole. Al llegar a su país y contárselo a su emperador, Lotario I (introductor de la lotería para cuadrar las cuentas del estado), éste mandó traer toros de Sevilla y se iniciaron entonces las corridas en Francia.

Juan Pablo Navarro
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