Radiohead, la música contemporánea y las ondas martenot – Las amebas, la armonía de las esferas y nuestras emociones – 160

Alex Ross es el crítico de música del New Yorker. En 2009 publicó el exitoso El Ruido Eterno y, siguiendo su estela, ha publicado en 2012 Escucha Esto. En él, levanta las barreras entre música culta y música popular y por sus páginas se cruzan las obras de Mozart o Kurt Cobain, de Bach o Led Zeppelin, de Brahms o Bob Dylan. Así, me ha llamado mucho la atención el artículo que dedica al grupo británico Radiohead (Thom Yorke, Jonny Greenwood, Ed O’Brien, Colin Greenwood y Phil Selway).

Su disco OK Computer fue un aldabonazo en 1997. En él se daban múltiples influencias: Beatles, Beach Boys, Pink Floyd… el jazz de Charles Mingus, Alice Coltrane o Mile Davis y la música culta contemporánea; Stravinsky, Penderecki, Messiaen… Tal como afirma Ross, otras bandas habían utilizado material procedente del jazz u orquestales en sus composiciones, pero «la sensibilidad clásica de Radiohead no se encuentra solo pegada a la superficie; está arraigada en el centro mismo… Hay veces en que Radiohead parecen estar practicando un nuevo tipo de música clásica para las masas». Sirva de ejemplo la canción Idioteque de su album Kid A donde tiene especial protagonismo el sampler de la composición de 1973 de Paul Lansky, Mild und Leise, basada, a su vez, en Tristán e Isolda de Wagner.

Adjunto Mild un Liebe. Escúchese, sobre todo desde el segundo 40 al 55.

https://www.youtube.com/watch?v=4ZDxMb4nago

Quizá a muchos, la grabación anterior les haya parecido un sonido insoportable y creo que es obligado que se escuche con el ropaje de Radiohead:

Relacionado con esto, está el uso de las ondas Martenot, uno de los más antiguos instrumentos electrónicos y usado por Messiaen en obras como Turangalila. Las ondas Martenot se controlan por medio de un anillo que se desliza por un cable: sólo un centenar de personas la dominan en el mundo y Jonny Greenwood es el uno de ellos. En el vídeo enlazado abajo puede verse el uso de este instrumento.

Soy un simple aficionado a la música y lo ignoro todo respecto a la teoría musical. Con mucha dificultad puedo descubrir las entrañas de cualquier composición y, sin embargo, la música me emociona. Hay algo singular en nuestra especie que hace que cualquier hombre de cualquier época ante un conjunto de notas dispuestas de determinada manera pueda sentir las lágrimas de san Pedro en la Pasión según San Mateo de Bach o ganas de bailar con Radiohead. No nos diferenciamos en nada de aquel hombre que fuimos y que, en torno a la hoguera, escuchaba atento una historia arcana, que podría no entender, mientras vibraba con los sonidos sincopados de primitivos instrumentos. Algo inmensamente bello debió depositar el buen Dios en aquella ameba primigenia de la que todos descendemos y que navegaba silente por océanos inmensos escuchando la música celestial de las esferas, de manera que a ti y a mí, la música siga, como ameba multiforme, adaptando nuestras formas de estar, nuestras formas de pensar, nuestras vidas en suma y ayudándonos a descubrir el desasosiego, el enternecimiento, la exaltación, la agitación, la inquietud, el temor, el amor, la belleza, la superficialidad, la transcendecia, las más intensas emociones.

Juan Pablo Navarro
Maratania
Edición. diseño, maquetación y servicios editoriales – Sevilla
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