Arquitectura Religiosa

La torre de Santa Ana – La torre más jacarandosa de Sevilla – 124

Torre de Santa AnaLas torres, por su altura, están para ver y para ser miradas. En esto, la torre de Santa Ana es privilegiada; la cercanía del río proporciona la distancia justa para verla desde la orilla sevillana en el intenso horizonte trianero. Si, en la Giralda, el Renacimiento corona lo musulmán, en Santa Ana, el Barroco realza lo mudéjar y su campanario adornado con azulejos azules regala un alegre cromatismo.

Jacarandosa, plena de donaire y gracia, su arquitectura simboliza el barrio universal de Triana. Y, superando a la jacaranda, cuyas flores azules tintan sus ramas dos veces al año, la torre de Santa Ana florece, siempre azul, a cada una de tus miradas.Santa ana en el guadalquivir

Juan Pablo Navarro
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Sevilla, ciudad y provincia – Un entretenido paseo en un libro de medio formato

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La web de Maratania renovada

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Miguel Zapke y la fotografía de 360º

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Una mañana en el convento de Madre de Dios – la fotografía, la vida y la contemplación – 123

Hace más de un año que iniciamos el proyecto de hacer una guía del convento de Madre de Dios, hoy he estado allí. Madre de Dios niño jesus jeronimo hernandez

Como una de las virtudes divinas es la paciencia, no es de extrañar que haya pasado más de un año desde que, tal como comenté en un artículo, iniciamos el proyecto de realizar una guía del convento de Madre de Dios que ayudase a su conservación y que hasta ayer no haya podido acercame a hacer fotografías. ¿Cuánto pasará hasta que lo publiquemos?. Pero bueno, la cosa es que, con mi amigo, el arquitecto Miguel Ángel López, me acerqué allí y disfruté de una de esas mañanas que guardo en mi memoria y hacen grato mi trabajo.

Subimos a la hornacina principal del altar mayor y pude contemplar desde esa altura los esplendidos alfarjes de la capilla mayor. La nave de la iglesia y el coro se extendían ante mis ojos, acompañado por la magistral imagen de la Virgen del Rosario de Jerónimo Hernández. Los ojos del Niño Jesús que sujeta en sus brazos tienen una mirada melancólica que te atrapa y no te suelta.

Bajamos a la nave para retratar el altar mayor y los laterales de excelente talla. Un enorme artesonado cubre la iglesia y alcanza al coro, zona claustral en la que pude entrar. El coro bajo lo separa del alto una colosal cubierta de fuerte vigas de madera. Allí se encuentra un esplendido santo Domingo de mirada arrobada, también de Jerónimo Hernández.

querubines del altar mayor

Miguel Ángel se había tenido que marchar, así que continué ese paseo con la abadesa, sor Adela. Tuve la misma impresión de hace un año, un rostro radiante de una mujer enamorada, al que sólo contemplarlo contagiaba la alegría. Era evidente que su pasión no sufría el tiempo, ésta no se marchitaba sino que arrraigaba más y más.

La conversación con ella fue intensa, varias veces me conmoví. Hablamos sobre la contemplación, sobre la vocación y, sobre todo. de Cristo; me comentó como un día, sorpresivamente, sintió una voz del corazón que cambió todos sus planes y de la que tuvo la certeza de no poder resistir, hablamos de que todas las vocaciones proceden actualmente de África, de que el ruido de nuestra sociedad oculta a Cristo; me narró la historia de Paco, la de un drogadicto donde la esperanza iba ganando al miedo; me afirmó la alegría y el regalo que es Cristo. Gestos, silencios y palabras sonaban en ella a plenos, llenos, alejados de la vacuidad de los que vivimos extramuros.

Nuestra sociedad no comprende la vida contemplativa y, sin embargo, hemos de colegir que sólo cuando contemplamos vivimos, sólo cuando sentimos la mano caliente de nuestro hijo lo acompañamos, solo cuando saboremos comemos, solo cuando miramos al otro lo vemos. Quietos o en movimiento, callados o hablando, solos o en compañía, solo cuando contemplamos, estamos. Por eso, sor Adela ha escogido la mejor parte (Lc 10,38-42) y su vida lo refleja. Por eso, mi cámara, de la nave penumbrosa hallaba luz, pues contemplaba el tiempo exacto que necesitaba su mirada.

coro bajo del convento de madre de dios

Juan Pablo Navarro
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Vista de Sevilla desde el sur en el retablo mayor de la Catedral – 104

vista de sevilla catedral

♦ La muralla rodea la ciudad y, en la izquierda, aparece una estilizada Torre del Oro unida a la torre de la plata; en aquella, se abre la puerta Jerez y, posiblemente, la puerta de la Carne.

Estuvimos ayer haciendo fotos en la catedral de Sevilla para el libro que saldrá el año que viene sobre casas del XVI y XVII de Teodoro Falcón. Por ello, fotografiamos la vista de la ciudad desde el sur que está en el altar mayor. Como comentaba en La Sevilla del año 1500 en la iglesia de Santa Ana es, junto a la pintura del Maestro de Moguer que se conserva en esta iglesia, la representación más antigua de la ciudad.  En el centro se eleva la Catedral y delante un edificio que podría ser el Alcázar. A la derecha, la torre que sobresale recuerda a la de la iglesia de San Marcos. La muralla rodea la ciudad y, en la izquierda, aparece una estilizada Torre del Oro unida a la torre de la plata; en aquella, se abre la puerta Jerez y, posiblemente, la puerta de la Carne. Al igual que en la pintura de la iglesia de Santa Ana, a cada lado aparecen Santa Justa y Rufina. Tal como dijimos en el anterior artículo, se les representa sujetando la Giralda en el centro porque el pueblo atribuyó a las santas que no se cayera la Giralda en el terremoto de 1504. Dicho terremoto afectó especialmente a Carmona y por él murieron entre 30 y 100 personas. Os animo, cuando os acerquéis a la Catedral, a que descubráis esta interesante vista. vista de sevilla catedral2

Juan Pablo Navarro
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El reencuentro con la arquitectura contemporánea y las iglesias de las nuevas barriadas sevillanas en los sesenta – 78

En los años cincuenta y sesenta se levantaron en Sevilla barriadas enteras con la intención de dar cabida a la población creciente. En general, el resultado fue un paisaje repetitivo de altos bloques con mayores densidades de las deseables y con perversas consecuencias respecto a la calidad de vida de sus habitantes (vuelta atrás famosa y drástica para librarse de las consecuencias antisociales de este sistema fue la demolición de los apartamentos Pruiit-Igoe en San Luis, Estados Unidos, en 1972, construidos solo dieciséis años antes). Salvado lo anterior, es también cierto que supuso la posibilidad de acceder a una vivienda digna a precios moderados y calidades aceptables e, incluso, aciertos brillantes como la barriada de los Diez Mandamientos (1958-1964) de Luis Recasens.

En el panorama español, tras la Guerra Civil se produjo un parón en la evolución de la arquitectura Moderna. Fue en los años cincuenta y sesenta cuando arquitectos con deseos de renovación encontraron en ciertos sectores de la Iglesia el socio propicio para realizar sus ideas. Así surgieron obras como el Teologado de los Dominicos en Alcobendas (1955) de Miguel Fisac, el Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu en Oñate, Guipúzcoa (1955), de Sáenz de Oiza y Luís Laorga o el Monasterio del Rollo en Salamanca (1961) de Antonio Fernández Alba.

En el ámbito sevillano, se construyeron, en las nueva barriadas, iglesias llenas de efectismo y experimentación con un espíritu libre e innovador herederas del misticismo organicista de la Capilla de Notre Dame du Haut (1955) en Ronchamp, Francia, de Le Corbusier. Entre las sevillanas podemos citar templos como son Santa María de las Flores de Fernando Barquín (1963), San Ignacio de Loyola y San Pablo de Luis Recasens y Antonio de la Peña (1963), San Pío X de Rafael Arévalo Camacho y Luis Marín de Terán (1965), etc.

iglesia de san pablo - maratania - foto M zapke

La Iglesia de San Pablo (1963) conjuga su lenguaje contemporáneo con la decoración de azulejos y reinventa, desde una visión moderna, la tradición local (Foto de Miguel Zapke).

La Catedral de Sevilla desde el hotel EME – 41

la giralda desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

La pasada semana tuve la suerte de ver anochecer desde la terraza del hotel EME Catedral en la calle Alemanes. Queríamos hacer fotos de la Catedral para el libro de medio formato que vamos publicar con el nombre de Sevilla, Ciudad y Provincia y que sustituirá a Sevilla Múltiple. Gracias a la amabilidad de Antonia Rodríguez, su Directora de Comunicación, nos apostamos por la tarde en su terraza y empezamos a retratarla mientras anochecía. Desde allí, se ve la Giralda y la Catedral por el lado del patio de los Naranjos, a la izquierda el palacio Arzobispal, a lo lejos, al sur, las torres de la plaza de España y, a la derecha, la cúpula del Sagrario por donde se otea el ocaso.

la giralda y la plaza de españa desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

Disfrutamos de los tonos magentas de la tarde que tornó a cian conforme declinaba el sol y cerró en amarillo cuando, poco antes de la noche, la luz eléctrica iluminó el monumento. Mientras tanto, a nuestras espaldas, la gente conversaba plácidamente con una copa en la mano y, de vez en cuando, no podían dejar de mirar, de admirar, a la Giralda, que les observaba desde el cielo. Cuando llegó la noche, recogimos el trípode y la cámara para irnos. Al echar la última mirada, vimos a un hombre solitario que, sentado, sólo miraba. Sin duda para él, ese momento fue eterno.

la giralda y la plaza de españa y palacio arzobispal desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

 
Juan Pablo Navarro
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Casualidad, Santa Clara y The National – 7

Siempre sorprende la casualidad y quiero contaros la que me ha ocurrido a mí. Como comentaba en La Clausura de Santa María de Jesús de Sevilla, la comunidad va a abrir un obrador con recetas de las monjas clarisas. Me comprometí a diseñarles una caja para los pasteles. Así que me puse manos a la obra.  Abrí Spotify para escuchar a The National e Indesign para trabajar: calculo las medidas, trazo los plegados; sólo puede ser a una tinta y elijo el pantone 326 para dar sensación de producto exquisito; pongo el nombre, dulces de San Pancracio; inserto una imagen con degradado de un artesonado del convento; en las solapas, una imagen de San Pancracio y otra de Santa Clara; en la base de la caja, la historia del convento y una breve biografía de la santa,  fundadora de las clarisas y discípula de San Francisco de Asís. Acabé.

Me voy a Spotify y, para mi sorpresa, la canción que suena de The National es Santa Clara. Pero ¿tiene The National una canción que se llama Santa Clara?. Pues sí. Así, que por la tarde, le cuento la historia a mi amiga Gracia. Y ella me cuenta su casualidad. Estaba en la playa con más gente de Europa, Chipiona,  leyendo una biografía de San Francisco de Asís, cuando se levanta para reflexionar y, a los pocos pasos, entre tantas personas, ve un objeto brillante. Se agacha, es una medallita dorada. ¿De quién? de quién va a ser, de San Francisco de Asís; sí, el maestro de Santa Clara.

Decía James Joyce que hemos venido a aprehender los signos de las cosas y, entonces, qué sentido encontramos a las casualidades: ¿la posibilidad de disfrutar de la belleza de una boba coincidencia?,¿la oportunidad de reflexionar?, ¿un motivo para cambiar el rumbo? o no tienen sentido ninguno.

La metáfora favorita de Borges es la del laberinto, la vida no deja de ser un cruce de caminos que se bifurcan. Las casualidades, digo yo,  no dejan de ser cruces más sorprendentes que otros. Pero estos cruces deben ser acicates con sentido y no cauces para la nada y el miedo. El hombre de fe, puede ser bueno o malo, ignorante o sabio, útil o inútil, pero tiene una ventaja, su vida la sabe con sentido, la sabe acompañada. San Mateo nos cuenta:  ¿no se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos (otro laberinto ¿no?) están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. Así que esos cruces que se bifurcan están contados. Pues eso, esta historia, incluido este acompañamiento final de lira y guitarra,  está ya contada.

Juan Pablo Navarro
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La Clausura de Santa María de Jesús de Sevilla – 5

monjas de santa maría de jesus - matarania - todos los derechos reservados

monjas clarisas – ©Maratania

Claustro de Santa María de Jesús San Benito - ©Maratania

Claustro de Santa María de Jesús San Benito – ©Maratania

Calvario del claustro - ©MarataniaMi padre fue médico de varios conventos sevillanos como Santa Clara, Santa María la Real y Santa María de Jesús. En algunas ocasiones le acompañé y pude entrar en sus clausuras. Conocí entonces sus grandes patios, sus tesoros ocultos y la pobreza por su falta de recursos. Con los años, cuando preparaba la edición de Sevilla 360º, se me ocurrió fotografiar la clausura de las clarisas de Santa María de Jesús.

Me recibió una comunidad sumamente alegre de monjas españolas, mejicanas y de otras naciones. Incluso, una novicia calabresa, bellísima, por cierto, que había huido aquí desde su Italia natal para seguir una vocación a la que sus padres se negaban. Miguel Zapke, el fotógrafo, y yo compartimos un día delicioso con ellas. Con sencillez y humildad se prestaron a ayudarnos. Las vimos orar en la iglesia y en el coro, y trabajar en las múltiples labores que las ocupan diariamente.

Azulejo de Jesús de la Pasión - ©Maratania

Azulejo de Jesús de la Pasión – ©Maratania

Antes de entrar en la clausura, un azulejo con el lema de «Paz y Bien» indica la disposición en que se debe entrar. Su claustro renacentista no será de los más bellos de Sevilla pero recuerda al encanto de un patio de vecinos: macetas y jaulas con canarios, una humilde fuente en el centro, azulejos en el zócalo, un calvario en la entrada. Sobre una puerta, un azulejo de Jesús de la Pasión donado por mi padre, Francisco Navarro Sánchez del Campo, a la comunidad en los años setenta.

Celdas - Foto de Miguel Zapke©

Celdas – Foto de Miguel Zapke©

El convento ha sido remozado por el ayuntamiento tras la cesión a éste del convento de Santa Clara.

Ello ha hecho superar las lamentables condiciones higiénicas que habían sufrido en pasadas décadas. Incluso, un ascensor nos llevó desde una habitación aledaña al patio a la clausura. Me quedé sorprendido por su curiosa arquitectura; las celdas, con sus techos a un nivel inferior al de la planta, ofrecen la impresión de casas y sus corredores parecen calles. En una sala a modo de museo, conservan un encantador belén en una vitrina. En el coro alto, una cubierta mudéjar recoge la oración de las monjas y una reja a los pies deja ver la iglesia. Su retablo es obra de 1690 de Cristóbal de Guadix con esculturas de Pedro Roldán, salvo la Virgen que la preside. Pero es una humilde talla de San Pancracio en una de las peredes la que atrae una gran devoción popular.

Como la mayoría de los conventos, sufre de la penuria económica. Durante muchos años han encuadernado libros para financiarse; ahora van a abrir un obrador con recetas de monjas clarisas, espero que tengan suerte con él. En cualquier caso, la Providencia siempre está con ellas.

Iglesia - Foto de Miguel Zapke©

Iglesia – Foto de Miguel Zapke©

Juan Pablo Navarro
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