Bitácora

Messiaen, un oasis para empezar a beber la música contemporánea – El Cuarteto para el Fin de los Tiempos – 46

Olivier Messiaen (1908-1992)

Mientras que la pintura y la arquitectura contemporánea siempre me han entusiasmado, la escultura y sobre todo la música me han parecido un árido desierto. La música popular nos regala numerosos momentos de fácil diversión y placer. Por el contrario, la música culta parece un jardín de cactus. Sin embargo, gracias a Olivier Messiaen, descubrí que había oasis. Fue al escuchar el Cuarteto para el Fin de los Tiempos.

La obra fue fruto de la escasez; de la escasez de libertad, de músicos y de instrumentos. Cuando la compuso en 1940, Messiaen estaba preso por los alemanes en Göritz. Una de las obras más influyentes del siglo XX se estrenó en un campo de prisioneros, sutil metáfora de este siglo. Basado en el Apocalipsis, desde el Genio del Cristianismo (1802) de Chateaubriand que dio pie al Romanticismo, no había habido una obra tan decisiva sobre el Arte derivada directamente del catolicismo.

Se estrenó en enero de 1941, era un helado día de invierno, la audiencia eran guardias y prisioneros. Messiaen tocaba un viejo piano vertical, Jean le Boulaire un violín, Henri Akoka un chelo y Etienne Pasquier un clarinete. El tema es el fin de los tiempos según el Apocalipsis (10, 1-8): la II Guerra Mundial parecía un signo de aquel, el gélido día añadiría un espectral ambiente y la música era infinita. Sus siete movimientos (el siete es el numero de lo perfecto) concluyen para dar paso al octavo (el día de la resurrección) con uno de los pasajes más intensos y bellos, de mayor sensualidad espiritual de la historia de la música, La Alabanza a la inmortalidad de Jesús, sólo comparable a los mejores pasajes de Bach: el piano y el violín remarcan un movimiento lentísimo, casi estático, que representa la Resurrección de Cristo y el Fin del Tiempo.

Messiaen escribió que el Cuarteto es «esencialmente inmaterial, espiritual, católico. Los modos, llevando a cabo melódica y armónicamente una especie de ubicuidad tonal, aproximan al oyente a la eternidad en el espacio o infinito. Los ritmos especiales, fuera de cualquier compás, contribuyen poderosamente a alejar lo temporal.»

Los discípulos de Messiaen están entre los más importantes músicos contemporáneos: Pierre Boulez, Yvonne Loriod (quien sería su segunda esposa), Karlheinz Stockhausen, Iannis Xenakis, William Bolcom y George Benjamin. Su Cuarteto para el fin de los tiempos o Turangalila son una excelente entrada para ir haciéndose al oído de la música culta actual. Para mí, se ha convertido en un rito anual el escuchar un día como hoy, Domingo de Resurrección, El Cuarteto para el Fin de los Tiempos. Felices Pascuas de Resurrección.

Juan Pablo Navarro
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¿Qué probó su muerte? – 45

Hoy es Viernes Santo. Cristo ha muerto en la cruz. Su muerte era la prueba que necesitaban para desenmascararlo. El poder religioso de Israel se alió con el poder político de Roma y lo crucificó. Habían ganado. Dios no había venido en su ayuda para bajarlo de la cruz. Estaba claro, era un falso profeta y ellos tenían razón. La razón del poder había triunfado. La muerte lo había probado. Ese hombre que había predicado un Reino de Dios que habitaba en el corazón de cada hombre, que había ofrecido el perdón y el servicio de unos a otros como los signos visibles de su reinado, había sido derrotado.

Cristo había muerto gritando el salmo 22, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? El silencio de Dios se hace expreso en su boca. Pero a los tres días resucitó. El Dios débil, muerto solo en la cruz a manos del dominio de los hombres, había cambiado el sentido de la humanidad: el mal, el sufrimiento y la muerte ya no eran la última palabra, causa de vacío y de desesperación. El amor, el perdón y la vida eterna era el tesoro que tendríamos que compartir una humanidad de hermanos.

Para muchos, la muerte sigue siendo la prueba del fracaso. Como Pilatos, creen que la Verdad es inalcanzable y es mejor confortarse con las  cosas de aquí, sobre todo la más golosa, dominarnos los unos a los otros. Para otros, Cristo reina desde entonces y buscan vivr confiados en Él porque ya nos salvó. Desde entonces, una pregunta nos acucia ¿Creemos en la muerte que dio razón al poderoso o en la resurrección que justificó al débil?

Así concluye el salmo 22:

Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia.
Porque sólo el Señor es rey
y él gobierna a las naciones.
Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante él,
y los que no tienen vida
glorificarán su poder.
Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia
a los que nacerán después,
porque esta es la obra del Señor.

Juan Pablo Navarro
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El gozo de la Semana Santa sevillana – Vista, oído, olfato, tacto, gusto y corazón – 44

El Arte ha buscado siempre alcanzar una obra que satisfaga a todos los sentidos y al espíritu. En la Semana Santa sevillana se encontró ya hace decenios. La vista alcanza a contemplar la belleza de las imágenes, el colorido de la  procesión, la emotiva danza de los pasos. El oído se recrea en los sones de la música, en el arrastrar de los pies de los costaleros, en el cantar de las saetas. El olfato huele las flores, el incienso y la cera, mientras el tacto siente como los labios besan la madera de vírgenes y cristos, el roce de la bulla y la piel se emociona en un momento eterno. Hasta las torrijas, los pestiños y la comida de cuaresma deleitan el sentido del gusto.

A este arte total lo redondea la necesaria participación activa del público fiel que las contempla en silencio o bullicioso, sentado o de pie, quieto o moviéndose con la multitud. Unido a la cofradía como devoto o espectador, orante o festivo, como simple curioso o colmado de pasión.

sevilla sevilla semana santa cachorro 1923

El Cachorro en 1923

Y qué decir del espíritu. Todo serìa una simple pantomima si la representación que se lleva a cabo no recordara el hecho religioso de la muerte de Cristo. Todo sería vacío si las imágenes no le simbolizaran a Él. Todo sería falso si los actores de la Semana Santa no creyesen esta realidad de fe. Esto es de tal manera, que esta religiosidad impregna la actitud del cristiano y, también, la de todos aquellos que acuden a la Semana Santa movidos por la tradición, la experiencia del rito o la belleza de las procesiones.

La Semana Santa es así un completo goce de los sentidos, una simbiosis entre actores y espectadores, una forma única en que toda una ciudad, Sevilla, se une ante un hecho religioso para creerse y crearse cada año con ritos centenarios y, a su vez, llenos otra vez de novedad, de fe y de amor. Es la conmemoración plena de la muerte de Cristo y la expectativa, ya festiva, de su Resurrección.

Juan Pablo Navarro
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Shahbaz Bhatti y el tiempo del perdón – 43

Shahbaz Bhatti

Shahbaz Bhatti

«Rezad por mí y por mi vida. Soy un hombre que ha quemado sus barcos, no puedo y no quiero retroceder: voy a luchar contra el extremismo y defenderé a los cristianos hasta la muerte»

Se llamaba Shahbaz Bhatti, una lluvia de tiros lo mataron. Lo mataron unos hombres piadosos. Él lo sabía. Era el ministro para las minorías religiosas de Pakistán y había recibido numerosas amenazas de muerte por su intento de derogar la ley sobre la blasfemia, que condena a muerte a quien insulte el Islam o al profeta Mahoma. Era uno de estos raros políticos que consideran que el poder no es para dominar sino para servir; y eligió servir a los débiles y, entre ellos, a la más débil: una mujer, una madre, una prisionera, católica como él, Asia Bibi, condenada a muerte por esa ley.

Sí, él sabía que lo iban a matar y, el 2 de marzo de 2011, ocurrió. Sí, él lo sabía y, por eso, dejó un mensaje para después de su muerte: «Sólo busco un sitio a los pies de Jesús… me consideraría un privilegiado si (por  ayudar a los necesitados, los pobres y los cristianos perseguidos de Pakistán)  Jesús quiere aceptar el sacrificio de mi vida.»

Sin duda, Caín era un hombre piadoso, de esos que creen que Dios le debe algo por ello. Pero ya sabéis que, entre Caín y Abel, las cosas no fueron bien. Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. Su vida futura sería el exilio; y él, que se había hecho señor de la vida de su hermano, temía por la suya:

«Mi culpa es grave y me abruma. Si hoy me haces extranjero en esta tierra, tendré que ocultarme de ti, andando errante y perdido por el mundo; el que tropiece conmigo me matará.

El Señor le dijo: El que mate a Caín lo pagará siete veces.

Y el Señor marcó a Caín, para que, si alguien tropezaba con él, no lo matara.»

Caín no busca el perdón, vive en una angustia que le abruma y ve, en los demás, asesinos como él que no respetarán su vida. Sin embargo, Dios no sólo no ejecuta al asesino de Abel sino que, tras mostrarle que sin Él sólo se vive como un ser errante, le brinda su protección. ¡Qué idea de Dios tan sorprendente la que tenía este escritor de hace más de 2.500 años! No es de extrañar que la asociación contra la pena de muerte vinculada al Partido Radical italiano se llame «Nadie Toque a Caín».

El autor del Génesis imaginó un mundo perfecto en sus inicios, sin violencia, un mundo en el que, incluso, todos eran vegetarianos:

“Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”.

Sin embargo, ese mundo idílico se había roto. Entre los descendientes de Caín está un malvado llamado Lamec. Esta es su justicia:

«Yo maté a un hombre por una herida, y a un muchacho por una contusión. Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete».

Su justicia es una cruel venganza. Aquí resume el Génesis el punto más bajo de la humanidad.

Siglos después, un hombre joven recorrió los campos de Israel proponiendo el perdón como el centro de su doctrina: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces? Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18, 21-22). A Él también lo mataron unos hombres piadosos. Sí, Él lo sabía. Y, en su muerte, tal como lo narra Lucas, también estaría el perdón en el centro:

«Lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen… Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: ¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino. Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Sí, él ofrecía un perdón gratuito y perdonaba a todos porque no sabían lo que hacían. Cómo no perdonar al que camina a ciegas y derrumba todo lo que con él se tropieza porque sin Luz sólo se puede caminar errante.

Paul Bhatti, el hermano de Shabazz, ha dicho: «No he dudado en perdonar a los asesinos… para un cristiano, es un paso necesario para combatir el odio».

Juan Pablo Navarro
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La casa de los Mañara y la judería sevillana – 42

La Casa de mañara en "Casas Sevillanas desde el barroco a la Edad Media - Maratania48

La Casa de Mañara en «Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media — Textos de Teodoro Falcón – Maratania

La casa de los Mañara se encuentra en la calle Levíes, nombre que pervive desde la época medieval, cuando vivía en ella la familia judía de los Levy. En ella destaca Samuel Levy, tesorero de Pedro I. Era en los actuales barrios de San Bartolomé y Santa Cruz donde se asentaba la judería, la segunda más importante del reino tras Toledo. Unas murallas la aislaban del resto de la ciudad y las actuales Santa María la Blanca y San José constituían su calle principal y hoy el claro límite entre ambos barrios. Los judíos constituían una comunidad rica y poderosa que, sin embargo, desapareció con el asalto a la judería en 1391 por el pueblo excitado por las prédicas del arcediano de Écija Ferrán Martínez. Contaba con tres sinagogas que se convirtieron en templos cristianos, la de San Bartolomé, la de Santa María la Blanca y la desaparecida de Santa Cruz. Quedó rota así la convivencia entre cristianos y judíos desde la reconquista. Ésta fue definitiva con las expulsiones de 1483 y 1492.

En el siglo XVI se transformó el entramado urbano con la fundación de conventos, iglesias, corrales de vecinos y palacios. A principios del XX, el marqués de Vega-Inclán realizó una serie de reformas que convirtieron al barrio de Santa Cruz en el enclave turístico por excelencia mientras que el barrio de San Bartolomé mantuvo un carácter popular con sus calles estrechas y sinuosas de origen islámico.

La Casa de Mañara en “Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

La Casa de Mañara en “Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

Es, en este último barrio, donde don Diego de Almansa mandó edificar, en torno a 1535, el palacio que, desde 1623, se convirtió en residencia de los Mañara. Ésta era una de las numerosas familias foráneas, en este caso de Córcega, que se asentaron en Sevilla en el siglo XVI, enriqueciéndose de manera que llegaron incluso a alcanzar la hidalguía. El más conocido de esta familia es Miguel Mañara (1626-1679), quien tras la muerte de su esposa en 1661, abandonó su vida mundana para dedicarse al servicio de los pobres. En 1671, dejó su palacio para residir en una casa más humilde en la calle que hoy lleva su nombre y, en 1677, a la más humilde celda de su Hospital de la Caridad.

La fuente de la Casa de Mañara en "Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media - Maratania

La fuente de la Casa de Mañara en «Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

La bella portada de mármol está flanqueada por dos columnas toscanas de fuste acanalado que sostienen un entablamento entre cuyas ménsulas se alternan bucráneos (cráneos de buey) y mascarones femeninos, sobre el que se encuentra el sencillo balcón central. La larga fachada se estructura con pilastras de distribución irregular y el alero se cubre de tejas, salvo en las dos últimas calles, en donde se dibuja una terraza con un original diseño de su antepecho rematado por pináculos. En su fachada se observa el gusto proveniente del seiscientos sevillano de imitar sillares u otros elementos en las fachadas, forma barata y eficiente de dar una visión nueva a un paramento liso.

Este palacio sigue el modelo de casa palacio sevillana asentado durante el siglo XVI. El edificio se articula en torno a un patio principal alrededor del que se distribuyen las dependencias y donde se centra el lugar de descanso y recreo de sus residentes. Este patio se rodea por arquerías en cada una de sus plantas con arcos semicirculares en la baja y rebajados en la alta. En su centro se muestra una bella fuente de mármol, posiblemente de artífices italianos que trabajarían en el palacio. Sobre su pedestal, cuatro niños-hermes derraman el agua a través de los odres que sujetan sus manos.

Este edificio, que llegó a usarse como colegio y estuvo abandonado durante largo tiempo, se rehabilitó acertadamente entre 1989 y 1992 por F. Villanueva Sandino para sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Juan Pablo Navarro Rivas
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La Catedral de Sevilla desde el hotel EME – 41

la giralda desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

La pasada semana tuve la suerte de ver anochecer desde la terraza del hotel EME Catedral en la calle Alemanes. Queríamos hacer fotos de la Catedral para el libro de medio formato que vamos publicar con el nombre de Sevilla, Ciudad y Provincia y que sustituirá a Sevilla Múltiple. Gracias a la amabilidad de Antonia Rodríguez, su Directora de Comunicación, nos apostamos por la tarde en su terraza y empezamos a retratarla mientras anochecía. Desde allí, se ve la Giralda y la Catedral por el lado del patio de los Naranjos, a la izquierda el palacio Arzobispal, a lo lejos, al sur, las torres de la plaza de España y, a la derecha, la cúpula del Sagrario por donde se otea el ocaso.

la giralda y la plaza de españa desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

Disfrutamos de los tonos magentas de la tarde que tornó a cian conforme declinaba el sol y cerró en amarillo cuando, poco antes de la noche, la luz eléctrica iluminó el monumento. Mientras tanto, a nuestras espaldas, la gente conversaba plácidamente con una copa en la mano y, de vez en cuando, no podían dejar de mirar, de admirar, a la Giralda, que les observaba desde el cielo. Cuando llegó la noche, recogimos el trípode y la cámara para irnos. Al echar la última mirada, vimos a un hombre solitario que, sentado, sólo miraba. Sin duda para él, ese momento fue eterno.

la giralda y la plaza de españa y palacio arzobispal desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

 
Juan Pablo Navarro
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A propósito de la Semana Santa, a propósito de Silvio – 40

Silvio de pequeño pidiendo cera en Semana Santa

Silvio de pequeño pidiendo cera en Semana Santa

Cuando se acerca la Semana Santa inicio mis ritos musicales anuales: marchas procesionales, el Miserere de Eslava, la Pasión según San Mateo de Bach; ésta, siempre  el Jueves Santo; el Requiem de Mozart, el Viernes y el Sabado Santo; por fin, el Domingo de Resurrección, el Cuarteto para el Fin de los Tiempos de Messiaen.

Y a todo esto, siempre añado La Pura Concepción (Swing Maria) de Silvio. Silvio, el genial Silvio. Silvio, que pasó en carne inmortal por la ciudad de Sevilla y que nos enseñó la dignidad de ser enteramente libre.

¿Quién era Silvio? ¿Qué era Silvio? Silvio era Silvio. Al igual que Dios Es el que Es y cualquier definición más allá de ella lo estrecha y recorta en su trascendencia, Silvio era el que era y solo su trato acercó a entenderlo. Todos los que tuvieron la suerte de conocerlo (como te envidio, Paquico, hermano mío) o sólo lo escucharon en sus conciertos, en sus discos, en sus entrevistas, o sólo se cruzaron con él por cualquier calle de Sevilla, por cualquier bar, sabían que recibían un regalo único de un hombre que era plenamente generoso, de alguien que era inimitable por la sencilla razón de que nunca era otro, siempre era, exclusivamente, él mismo.

Ya Eddie Cochran no encontrará un corazón más sureño para que lo cante, ni Pive Amador un mejor amigo para su música, ni una canción italiana más sevillana gracia, pero, al menos, su carne inmortal se nos insinuará al volverle a escuchar en un disco y, con un gin-tonic en la mano, brindar por el Sevilla F.C, por la Semana Santa y por la Purísima Concepción.

Juan Pablo Navarro
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Un artículo de hace 150 años sobre el Corral del Conde – 39

Corrales de Vecinos - Sevilla 360º - Maratania

Página dedicada a los Corrales de Vecinos en Sevilla 360º

El grabado de 1850 de Adolph Rouargue (1810-1870) del corral del Conde es sobradamente conocido. En Sevilla 360º lo usamos para ilustrar el capítulo dedicado a los corrales de vecinos. Nuestra copia procede del original que poseemos publicado en Le Monde Illustre en 1862. En dicha revista, aparecía un artículo de Charles Yriarte sobre dicho  corral. Aquí lo tenéis:

El viajero que se creyese que ha cumplido por pasar tiempo en Sevilla para ver sólo la Giralda, el Alcázar, el Archivo, el patio de los Naranjos, la tumba de Hernando Colón, la espada de Vargas y los maravillosos murillos del Museo, no podría decir que conoce la ciudad del Sur de España, de Andalucía..

Charles Yriarte

Charles Yriarte (1832-1898)

Se debe pasear por las estrechas calles donde, de una casa a otra, se suspenden lonas de alegres rayas para protegerse del sol llamadas tendidos; pararse en las esquinas de las callejas admirando las Madonnas pintadas, ante las que la buena andaluza no pasa sin decir Ave María Purísima; perderse en las callejuelas serpenteantes, descifrando las  inscripciones, y reposar sobre las fuentes de mármol de la Merced, de la Magdalena, del Salvador, de la Plaza del Duque, donde se encontraban los naranjales de los Duques de Medina Sidonia.

El Corral del Conde, que toma su nombre de una de las grandes familias sevillanas, rodeado de casas antiguas donde cuelgan ropas de un tono feroz, con balcones salientes, con miradores que proyectan grandes sombras, es uno de los rincones de la ciudad donde se detiene el acuarelista con la mayor felicidad .

Cuando somos capaces de captar los matices de la lengua española, sentados a la sombra de sus sombrillas, esbozamos sus acuarelas, y las sevillanas, los majos y los aguadores nos ofrecen una representación por la que, fanático de España, del cielo azul, de los ojos almendrados, de los labios en flor y del habla castellana, yo daría toda la calle de Rivoli, menos el ayuntamiento y la torre de Saint-Jacques.

Id a Corral, donde se encuentra a la cigarrera, que lleva un vestido de lino, con una peineta en el moño, cayéndole la mantilla sobre los hombros y el clavel rojo o una flor de granada detrás de oreja. Aquí es donde uno pone su puño en la cadera y el sombrero sobre los ojos, aquí es donde lo envuelve con orgullo la capa y donde, por la noche, se celebran las mejores estampas de las corridas de toros. En el Corral es donde usted se encuentra el sevillano de verdad que llena su búcaros en la fuente y traza, sin saberlo, actitudes de estatua antigua.

 

corral del conde de Le Monde Illustre 1862   ADOLPH ROUARGUE de 1850 1810-1870

Corral del conde, 1850, Adolph Rouargue

Juan Pablo Navarro

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