Edad Media

La Torre del Oro, ochocientos años la contemplan – 179

torre del oroLa Torre del Oro fue la última gran obra que los musulmanes dejaron en la Sevilla. No es de extrañar que fuera de carácter defensivo con un imperio almohade en plena decadencia tras la derrota de las Navas de Tolosa en el 1212.

Se levantó, en tiempos de Yusuf II, por el gobernador almohade de Sevilla Abul-Ula Idris, hacia el 1220. Defendía el puerto al sur de la ciudad, como torre albarrana en el extremo de una coracha (elemento de la fortificación destinado a acceder al agua) junto a una torre al otro lado del río, hoy desaparecida. De torre a torre cruzaba una gruesa cadena que evitaba que las naves pudieran acceder o abandonar libremente el puerto, pero que el Almirante Ramón Bonifaz rompería en 1248 con su barco durante el sitio de la ciudad. Tras el Descubrimiento de América en 1492, la torre dominaba el puerto por donde entraban las riquezas del Nuevo Mundo de cuyo tráfico disfrutaba Sevilla el monopolio.

torre del oro 2Un lienzo de muralla la unía a la torre de la Plata, a la de Abd al Azis y al Alcázar, lienzo que se derribó en 1821 durante el Trienio Liberal. En 1830, en tiempos del asistente Arjona, se derribó la coracha, quedando la torre exenta. Tras su primitivo uso defensivo ha tenido numerosos destinos, capilla, prisión, almacén de pólvora u oficina de correos, siendo actualmente un Museo naval.

La Torre del Oro debe su denominación, según el cronista Ortiz de Zúñiga,  a que sus muros lo cubrían azulejos dorados, aunque otros se inclinan a pensar que el nombre deriva de su uso para albergar en él objetos valiosos.  Tras la restauración de 2005, se cree que podría derivar del tono dorado que le daba el enlucido de mortero, cal y paja.

La Torre se divide en tres cuerpos. El primero es de planta dodecagonal, construida con tapial de argamasa, con basamento y esquinas de sillería. El segundo cuerpo es de planta hexagonal y la decoración de cintas verdes de cerámica enmarcando los arcos constituyó una innovación en la arquitectura musulmana. La torreta de remate se añadió en 1760 y la diseñó  Sebastián van der Borcht.

Juan Pablo Navarro
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Las Fuentes de las Casas Sevillanas – 164.

La fuente es un elemento característico de la casa sevillana. Fue en el segundo cuarto del siglo XVI cuando empezaron a levantarse en sustitución de los sencillos brocales de las casas mudéjares; de igual manera a como se sustituyeron las antiguas columnas de ladrillo por las de mármol traídas de Génova.

Aunque muchas son simples pilas con su vástago, como la de la casa de los Bucarelli, otras se adornan con esculturas que, en general, aluden a motivos de la mitología clásica: la fuente de Neptuno del Alcázar, los Hermes-niños de Mañara, el Jano Bifronte de Pilatos o, incluso, en el palacio Arzobispal, se representa a Cristo a modo de Hércules. La tradición se mantuvo hasta la llegada del Modernismo con bellos ejemplos como la de la casa de Villapanés o la de los condes de Casa Galindo, ambas del XIX.

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Las armaduras de los palacios sevillanos en la Edad Media – 163

Tal como dice la acepción cuarta del diccionario de la Real Academia, el palacio era, en el antiguo reino de Toledo y en Andalucía, la sala principal en una casa particular. Era el lugar más vistoso de la casa y, por tanto, donde se esmeraba más en su ornamentación.

Las casas palaciegas sevillanas, como sabemos, tenían el Alcázar como modelo. Por ello, en la decoración del palacio, de su salón principal, imitaban a éste cubriendo estas estancias con armaduras sobre mocárabes como en el salón de Embajadores (así se hizo en la casa de Altamira) o con armaduras octogonales que emulan al Salón de Justicia o al cuarto del Príncipe. Casi todas estas techumbres las hemos perdido pero las que aún existen, como la de la Casa de Pilatos o la soberbia del salón del Piano de las Dueñas, nos recuerdan su esplendidor

salón de embajadores   salón de justicia alc´´azae

techumbre casa de pilatosTechumbre casa de las Dueñas

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El patio de las Muñecas del Alcázar y la casa de Altamira – 157

El patio de las Muñecas es el modelo del patio sevillano. Alrededor de aquel se encontraban las estancias domésticas del Alcazar y, por eso, no extrañan sus pequeños dimensiones, su carácter recoleto, su luz matizada que mueve al descanso y a la tranquila charla. Los nobles sevillanos imitaron este modelo en sus mansiones y lo herederó la casa-patio del XIX.

Sin duda, entre los palacios sevillanos, el que en mayor medida lo imita es la casa de Altamira, cuyo origen se remonta al siglo XIV con Diego López de Stúñiga, justicia mayor de Castilla y León y co-regente durante las minorías de edad de Enrique III y Juan II. Diversas estancias se inspiran en el salón de Embajadores, en el patio de las Doncellas y, por supuesto, en el patio de las Muñecas., siendo su llamado patio de los Azulejos un trasunto de éste.

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El Azulejo

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La Casa de las Dueñas – Un palacio con vida – 155

♦ Dos veces he tenido la fortuna de entrar y, aunque es posible que no vuelva a tener esa oportunidad, debo admitir que si es así, tan vivo y tan bell0, es porque es un huerto cerrado.

La Casa de las Dueñas tiene vida, espíritu. alma. Mientras otros edificios históricos se han contagiado de la frialdad burocrática de las instituciones que albergan o se le ha fosilizado su belleza al convertirse en museos, la residencia sevillana de los Alba regala todavía la elegancia, la belleza y la historia centenaria de su familia.

Pasearse por su patio principal con su encantadora fuente rodeada de calas. subir por su grandiosa escalera y llegar a su galería alta, donde las mecedoras nos invitan a descansar, es un placer sin igual. Una gallina kitsch, jarrones, flores, sillas, frescos renacentistas forman un variopinto escenario combinado con una inteligente delicadeza. Traspasar la puerta y llegar al salón del Piano y ascender con la mirada a los artesonados mudejares, sobrecogerse con el majestuoso comedor y descansar en el pequeño oratorio y seguir dando vueltas sabiendo que mientras lo recorres, ese espacio, ese tiempo es, de alguna manera, tuyo, es un privilegio que sólo se puede, humildemente, agradecer.

Casas Sevillanas - Maratania31

La Galería Alta de la Casa de las Dueñas en nuestro libro Casas Sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco

Dos veces he tenido la fortuna de entrar y, aunque es posible que no vuelva a tener esa oportunidad, debo admitir que si es así, tan vivo y tan bell0, es porque es un huerto cerrado. No puedo dejar de elogiar que así sea porque quizá pronto deje de serlo y por unos pocos euros será nuestro aunque, entonces, poco a poco, irá perdiendo su espíritu y empezará a morir, quizá, porque este adocenado tiempo en que vivimos no le deje ya vivir a su manera.

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Sevilla, ciudad y provincia – Un entretenido paseo en un libro de medio formato

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Miguel Zapke y la fotografía de 360º

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La Torre de don Fadrique – 146

La torre de don Fadrique me evoca a mi infancia en el barrio de San Vicente. Su estampa huidiza me incitaba a buscarla entre las calles o a encontrarla certeremente desde la azotea de mi casa. Y me trae a la memoria a mi padre, médico durante largos años de las monjas del convento de  Santa Clara donde se hospeda la torre.

Mi recuerdo más reciente lo debo a la edición de Casas Sevilanas. Durante toda una mañana tuve la oportunidad de retratarla, de recorrerla e, incluso, de entrar y subir por sus ruinosas escaleras y disfrutar de la Sevilla que se asomaba a su balcón con el sol en el levante camino del mediodía.

Sólo cuatro años habían pasado desde la Reconquista de Sevilla, cuando, en 1252, el infante don Fadrique, hijo de Fernando III, la mandó construir como torre exenta de su palacio. Bien sabréis que en 1277, su hermano, Alfonso X, ordenó su ejecución acusandolo de conspirar para derrocarlo. Y, así, la vida sigue igual, seguimos construyendo torres altas y conspirando por nuestras causas y luego ¡zas! todo acabó.

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Vista desde la Torre de don Fadrique

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Vista de Sevilla desde el sur en el retablo mayor de la Catedral – 104

vista de sevilla catedral

♦ La muralla rodea la ciudad y, en la izquierda, aparece una estilizada Torre del Oro unida a la torre de la plata; en aquella, se abre la puerta Jerez y, posiblemente, la puerta de la Carne.

Estuvimos ayer haciendo fotos en la catedral de Sevilla para el libro que saldrá el año que viene sobre casas del XVI y XVII de Teodoro Falcón. Por ello, fotografiamos la vista de la ciudad desde el sur que está en el altar mayor. Como comentaba en La Sevilla del año 1500 en la iglesia de Santa Ana es, junto a la pintura del Maestro de Moguer que se conserva en esta iglesia, la representación más antigua de la ciudad.  En el centro se eleva la Catedral y delante un edificio que podría ser el Alcázar. A la derecha, la torre que sobresale recuerda a la de la iglesia de San Marcos. La muralla rodea la ciudad y, en la izquierda, aparece una estilizada Torre del Oro unida a la torre de la plata; en aquella, se abre la puerta Jerez y, posiblemente, la puerta de la Carne. Al igual que en la pintura de la iglesia de Santa Ana, a cada lado aparecen Santa Justa y Rufina. Tal como dijimos en el anterior artículo, se les representa sujetando la Giralda en el centro porque el pueblo atribuyó a las santas que no se cayera la Giralda en el terremoto de 1504. Dicho terremoto afectó especialmente a Carmona y por él murieron entre 30 y 100 personas. Os animo, cuando os acerquéis a la Catedral, a que descubráis esta interesante vista. vista de sevilla catedral2

Juan Pablo Navarro
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El hotel de las Casas de la Judería y la casa de los Padilla en la calle Verde – 61

Calle Verde

Calle Verde

Patio de la casa de los Padilla

Jardín de la casa de los Padilla

La calle Verde es una estrecha calle del barrio de San Bartolomé. Su nombre es de los más antiguos, ya que viene de tiempos de la Reconquista. En ella se encuentra la casa de los Padilla, por otro lado, una de las casas más antiguas de Sevilla.

Hoy forma parte del complejo de edificios que conforman el hotel Casas de la Judería; la excelente iniciativa del duque de Segorbe que ha permitido darle vida al barrio de San Bartolomé. Tuvo su entrada este hotel por el estrecho callejón de Dos Hermanas en su número 7; muchos recordamos como sufrían los conductores para doblar por esa calleja. Cuando llegaban y disfrutaban de la exquisita decoración y del laberinto de patios sevillanos sabían que habían llegado a un destino diferente. Mi amigo y entonces jefe, Luis Felipe Campuzano, fue el que me lo descubrió en los años noventa y allí alojamos a numerosos compañeros de trabajo cuando venían a Sevilla y organizamos numerosas reuniones; todos querían volver. Con el tiempo, el hotel se amplió con otras casas, como la mencionada de los Padilla o con la casa medianera del palacio de Altamira en Santa María la Blanca, 5, donde tiene ahora su entrada principal.

El patio de columnas renacentistas presenta arcos inscritos en alfices (molduras o marcos que rodean la parte exterior de un arco). Los capiteles ofrecen el escudo de armas de la familia en uno de sus frentes.

Por la calle Verde se puede ver el jardín de la casa con la hermosa galería de arcos de la planta superior.

Vista áerea de la casa de los Padilla - fuente: Google maps

Vista áerea de la casa de los Padilla – fuente: Google maps

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