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El hotel de las Casas de la Judería y la casa de los Padilla en la calle Verde – 61

Calle Verde

Calle Verde

Patio de la casa de los Padilla

Jardín de la casa de los Padilla

La calle Verde es una estrecha calle del barrio de San Bartolomé. Su nombre es de los más antiguos, ya que viene de tiempos de la Reconquista. En ella se encuentra la casa de los Padilla, por otro lado, una de las casas más antiguas de Sevilla.

Hoy forma parte del complejo de edificios que conforman el hotel Casas de la Judería; la excelente iniciativa del duque de Segorbe que ha permitido darle vida al barrio de San Bartolomé. Tuvo su entrada este hotel por el estrecho callejón de Dos Hermanas en su número 7; muchos recordamos como sufrían los conductores para doblar por esa calleja. Cuando llegaban y disfrutaban de la exquisita decoración y del laberinto de patios sevillanos sabían que habían llegado a un destino diferente. Mi amigo y entonces jefe, Luis Felipe Campuzano, fue el que me lo descubrió en los años noventa y allí alojamos a numerosos compañeros de trabajo cuando venían a Sevilla y organizamos numerosas reuniones; todos querían volver. Con el tiempo, el hotel se amplió con otras casas, como la mencionada de los Padilla o con la casa medianera del palacio de Altamira en Santa María la Blanca, 5, donde tiene ahora su entrada principal.

El patio de columnas renacentistas presenta arcos inscritos en alfices (molduras o marcos que rodean la parte exterior de un arco). Los capiteles ofrecen el escudo de armas de la familia en uno de sus frentes.

Por la calle Verde se puede ver el jardín de la casa con la hermosa galería de arcos de la planta superior.

Vista áerea de la casa de los Padilla - fuente: Google maps

Vista áerea de la casa de los Padilla – fuente: Google maps

Juan Pablo Navarro
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Mi amigo Pareto me dice que hay un 80% ó un 20% de posibilidades de que no cuente nada en este artículo – 60

Vilfredo Pareto (1848-1923)

Vilfredo Pareto (1848-1923)

No, no voy a contarte nada en este artículo.  ¿Le conozco yo a usted de algo para que pretenda otra cosa? ¿Tengo yo, acaso, algo que decir? No me insista, no sea curioso. ¿Para que quiere que le cuente yo algo? ¿Por qué le gusta que le cuenten historias? ¿Sexo? ¿Política? ¿Corazón? o ¿Filosofía? ¿Religión? ¿Arte? Mi compromiso es claro, no pienso contar nada.

¿Qué porcentaje de las personas que hayan visto el título de este artículo han llegado a leer estas líneas? Pareto afirmaba que la gente se dividía naturalmente entre los «pocos de mucho» y los «muchos de poco» según la proporciones 80-20. Así que decir que un  20%  no estaría alejado de la realidad.

– ¡Oiga¡

– ¿Qué?

– Que acaba de explicar el principio de Pareto y eso ya es contar algo.

– Bueno, sí, es verdad. Vaya. Es que había leído que cuando se dice o escribe porcentaje aumenta la atención del oyente o del lector y sólo pretendía eso, seguir escribiendo sin decir nada pero que se siguiese leyendo.

– Pues acaba de contar otra cosa, la capacidad de la palabra porcentaje para captar la atención.

– …

En lo que a usted le parece un salto de párrafo, unas décimas de segundo, para mí, en realidad, son años. Empecé a escribir esto con la intención de explorar la posibilidad de no decir nada y me di cuenta de que no era capaz. Durante lustros he estudiado a los que me dijeron eran los más preclaros expertos, uno seres llamados políticos, y seguí sin aprender cómo; estudié libros, reflexioné y nada de nada. Así que mi decisión está tomada. Llegado aquí, incluso tiene derecho. Debo contarle algo. Es mi obligación. Aunque, entre usted y yo ¿qué le voy a contar que usted no sepa?

Juan Pablo Navarro
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La nueva fuente piscinera de la Puerta Jerez – Un claro homenaje a Esther Williams – 59

Piscinera, cataratera, fea, muy fea, horrorosa, ignominiosa, impropia, lamentable, destruible, muy destruible…

Critíquese, vitupérese, censúrese, abomínese, císquese, desacredítese, denúnciese, laméntese, destrúyase, destrúyase…

Queda claro que no me gusta esta pileta.

Además, es un oprobio. En ella se ha grabado la siguiente inscripción: Sevilla a los poetas de la generación del 27. Más que un homenaje a nuestros poetas, es un insulto.

No añado más. Si la conoces, te escandalizará igual.

P.D. He vuelto hoy a ver la fuente tras su inauguración el pasado día 8 de junio de 2011. Como es normal después de éstas, la fuente seguía rodeada de vallas. La preside ahora una escultura de una mujer desnuda, «la musa del 27«, obra del escultor pontevedrés Sergio Portela (la he visto desde lejos y mi opinión no es firme, pero parece lo único atractivo de la nueva fuente). Había leído la entrevista que le habían hecho a su autor, el arquitecto Antonio Barrionuevo. Este comenta que el mármol blanco y la pizarra verde homenajean a Andalucía (una metáfora muy obvia y anodina, a mi parecer). Afirma que «entiendo que choque la fuente en la Puerta Jerez, pero encajará». En los comentarios a la noticia ya vi que había gente que le gustaba dando muchos vivas a la modernidad y considerando casposo (a decir verdad, algunos con clara ironía) al que no coincidiese con su opinión. Pues me declaro uno de ellos, qué le voy a hacer en esta Sevilla de etiquetas.

Pues sí, efectivamente, choca y dudo de que algún día me encaje si no es por la gran habilidad que tenemos los humanos de acostumbrarnos a todo. Si la primera vez me dio una sensación de piscinera, esta vez me pareció un panteón de nuevo rico. Así que uniendo piscina, estatua femenina y panteón, he llegado al entendimiento de que ha habido una grave confusión, la fuente no es un homenaje a  los poetas del 27, es un tributo a Esther Williams. Así, sí que me encaja.

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La casa de Altamira en Sevilla – De residencia de los duques de Béjar a sede de la Consejería de Cultura – 58

palacio de altamira sevilla DSCN2783 - ©maratania

La casa de Altamira se encuentra en la calle Santa María la Blanca. Tal como comentaba en La casa de los Mañara y la judería sevillana, esta fue el eje de la judería sevillana hasta la insurrección popular contra ellos en 1391. Aunque Enrique III, rey de Castilla de 1390 a 1406, promulgó varios edictos para acabar con la violencia, la consecuencia fue la desaparición de la comunidad judía en Sevilla.

Esta insurrección tuvo relación directa con el origen de esta casa. Diego López de Estúñiga  (Castañares, Burgos, ca. 1350 – Valladolid, 1417)  justicia mayor de Castilla, junto a Juan Hurtado de Mendoza, fue el encargado de acabar con el motín popular y, en recompensa,  recibió en 1396, el solar donde se levanta el edificio que nos ocupa.

El edificio quedó vinculado a los Zúñiga, duques de Béjar desde 1485. En 1575, Felipe II concedió el marquesado de Villamanrique a Álvaro Manrique de Zúñiga (ca. 1540 – Madrid, 1590), Virrey de la Nueva España de 1585 a 1590, el cual era el más joven de los hijos del duque de Béjar. Con el matrimonio en 1707 de Ana Nicolasa de Guzmán y Córdoba Osorio Dávila, VI marquesa de Villamanrique, con Antonio Pedro Gaspar de Moscoso Hurtado de Mendoza, X conde de Altamira, la casa quedó vinculada en su nombre con este título.

La configuración del edificio se realizó en el siglo XV y recibió numerosas reformas durante el XVI. Los arquitectos Antonio Cruz y Antonio Ortiz mostraron en la memoria de restauración del edificio que la planta de este palacio mudéjar respondía al del palacio de Pedro I en el Alcázar. En el patio de los Azulejos, las dependencias domésticas se distribuyen a su alrededor al modo del de las Muñecas y, en el Principal, las dependencias del palacio se distribuyen alrededor de éste del mismo modo que se distribuyen en el de las Doncellas del Alcázar. Tal como describe Teodoro Falcón, «al sur se ubica el trasunto del salón de Embajadores; al este el equivalente al salón de Carlos V (salón de Invierno)… Al oeste el salón de Verano, que corresponde al Dormitorio de los Reyes Moros.

Traza y plano del jardín y hueta que la duquesa de Béjar tiene en su casa en la ciudad de Sevilla - Archivo Histórico Nacional

Traza y plano del jardín y huerta que la duquesa de Béjar tiene en su casa en la ciudad de Sevilla – Archivo Histórico Nacional

En el primer cuarto del siglo XVII, se levantó la fachada manierista que conservamos del edificio. Atribuida a Juan de Oviedo, Teodoro Falcón se inclina por Vermondo Resta (Milán, Italia, 1555 – Sevilla, 1625). Éste influyó notablemente en la arquitectura manierista sevillana de principios del seiscientos. Desde 1604 fue maestro mayor del Alcázar, en donde realizó el Apeadero e importantes labores en los jardines, en las que destaca la galería de Grutescos. Por otro lado, en 1628, realizó el desaparecido corral de comedias de la Montería en el interior del Alcázar, el cual funcionó hasta 1679 cuando se prohibieron las representaciones teatrales en Sevilla. A él también se deben la iglesia del convento de San José (las Teresas), el Hospital Real (antigua sede de la Diputación) o las casas adosadas a la torre de la Plata en la calle Santander.

En el siglo XIX, la casa se desvinculó de la familia y, como tantas otras en Sevilla, se transformó en casa de vecinos. Muy deteriorada, la rehabilitación, llevada a cabo por Francisco Torres Martínez, se concluyó en 1999 y, desde entonces, es sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Esta rehabilitación fue Finalista en la V Bienal de Arquitectura Española. Francisco Torres, profesor en las Escuelas Superior de Arquitectura de las Universidades de Sevilla y Madrid, ha sido responsable de numerosas restauraciones: del Parlamento de Andalucía en Sevilla, del Pabellón de Cuba en Sevilla, de los baños califales de Córdoba, …

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco con textos de Teodoro Falcón

P.D.: Los textos que ve en este artículo y en otros de la bitácora sobre las casas de nuestra ciudad son de mi autoría, sin embargo, hemos publicado Casas Sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco con textos de uno de los máximos expertos en arquitectura sevillana, el catedrático Teodoro Falcón. Le aconsejamos su adquisición en cualquier librería.
Columnas del patio principal de la Casa de Altamira

Columnas del patio principal de la Casa de Altamira en Casas Sevillnas desde la Edad Media al Barroco

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La casa de los marqueses de la Algaba – Sevilla – 57

Palacio de los marqueses de Algaba y Omnniun Sanctorun

Dibujo de Joaquín Guichot de la casa de los Marqueses de Algaba

Dibujo de Joaquín Guichot de la casa de los Marqueses de Algaba

Situado en la calle Arrayán, a las espaldas de la iglesia de Omnium Sanctorum, la casa de los marqueses de la Algaba, en la que destaca su balcón gótico mudéjar, fue levantada hacia 1474. Como otros edificios palaciegos, imita la tradición mudéjar del palacio de Pedro I en el Alcázar.

Fue mandado construir por el primer señor de la Algaba, Juan de Guzmán, y por su hijo Luis. La casa perteneció a la familia hasta la desaparición del mayorazgo en 1882. Ejemplifica bien, desde entonces, la tumultuosa vida del caserío sevillano;  se utilizó como teatro, casa de vecinos, almacén e, incluso, sus jardines, como cine de verano. Finalmente, fue restaurado por el Ayuntamiento para usos municipales. Muchas edificios históricos no tuvieron la misma suerte y sucumbieron a la piqueta de un supuesto progreso.

Tenía un arquillo que unía el palacio con el coro de la iglesia de Omnium Sanctorum de la que eran patronos. Como los demás que había en la ciudad, se derribó en el siglo XIX

El Marquesado de la Algaba es un título nobiliario español creado por el rey Felipe II en 1568 a favor de Francisco de Guzmán, hijo del IV Señor de La Algaba.

Palacio de los marqueses de Algaba y Omnniun Sanctorun por Richard Ford (1831). El mercado de la calle Feria se amplió en 1837, impidiendo la vista diáfana del palacio y su portada tal como se ve en el dibujo de Ford.

 

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco con textos de Teodoro Falcón

P.D.: Los textos que ve en este artículo y en otros de la bitácora sobre las casas de nuestra ciudad son de mi autoría, sin embargo, en noviembre de 2012 hemos publicado Casas Sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco con textos de uno de los máximos expertos en arquitectura sevillana, el catedrático Teodoro Falcón.

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La casa de los Bucarelli – marqueses de Vallehermoso y condes de Santa Coloma – Sevilla – 56

En la calle de Santa Clara se encuentra una de las más importantes casas del siglo XVII que se conservan en Sevilla, la casa de los Bucarelli. Podríamos decir que esta calle es la principal del barrio de San Lorenzo. Éste y el de San Vicente se incorporaron a la ciudad con la ampliación de la muralla en el siglo XII pero no se urbanizaron hasta pasada la Reconquista. Por ello, su trazado urbano contrasta con el del resto de los barrios del casco histórico con calles rectas y manzanas rectangulares trazadas a cordel donde se edificaron numerosos palacios como el del Infante Don Fadrique o conventos como Santa Clara y San Clemente.

Cuando paseo por Santa Clara siempre me sorprende la larga fachada de ladrillo de este palacio, pintado sólo en su planta baja. Da la sensación de que no tiene deseo de destacar del resto del caserío. Aquella se divide en nueve calles separadas por pilastras. De manera asimétrica se sitúa la portada barroca coronada con el escudo de armas de la familia Bucarelli (en campo de oro, una banda de azur con tres montículos de oro) que da paso a un gran apeadero por el que se llega a las antiguas caballerizas y al tradicional patio sevillano de arcos de medio punto en sus dos plantas, realzados en los del primero.

La familia florentina de los Bucarelli llegaron a Sevilla en el siglo XVI y Carlos II les concedió el marquesado de Vallehermoso en 1679. Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa (1708-1775), Gobernador de Buenos Aires entre los años 1766 y 1770, y su hermano Antonio María (1717-1779), gobernador y capitán general de la isla de Cuba (1766-1771) y Virrey y capitán general de Nueva España (1771-1779), son sus más importantes miembros.

En la segunda mitad del XIX, tras el matrimonio de María del Pilar Bucareli Cebrián y Fernández de Miranda, quinta marquesa de Vallehermoso, con  Juan Bautista de Queralt y Silva, octavo conde de Santa Coloma (título concedido en 1599 al catalán Pedro de Queralt), quedaron unidos ambos títulos.

El encaste taurino de Santa Coloma deriva de la compra, en 1905, por el el Conde de Santa Coloma de dos líneas puras de la casta de Vistahermosa, la lesaqueña de Saltillo y la saavedreña de Ibarra.

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco

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Las Sevillas Invisibles – 55

Hay que guardarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí. (Italo CalvinoLas ciudades invisibles – 1972)

Cuando camino, alguna veces imagino que me cruzo con la sombra del primer romano que holló nuestras calles, que mi cuerpo lo atraviesa el primer cuchillo que mató, que mis labios rozan el primer beso de amor que se ofreció. Hispalenses, isbilianos, sevillanos y forasteros que un día fueron en Sevilla se convocan a mi paso.

Algún día me crucé con César por la Alfalfa, con el rey don Pedro en el Alcázar y con Colón en la Cartuja. En la Giralda veo a Hernán Ruiz que imaginó su soberbia corona y al humilde albañil que apiló sus ladrillos. Y, en él, al panadero que coció el pan que comió, a su madre, a la madre de su madre y a todas la madres y, de repente, la Humanidad toda se hace presente en un pequeño azulejo.

Veo una casa y la recreo hace 100 años, hace 200, hace 1000. Quizá, entonces era un olivo, un caballo, un niño que jugaba. Doy vueltas y como en una noria las imágenes se vuelven infinitas.

Si, al igual que en las estrellas vemos la luz que un día fue y ya no es, pudiéramos escuchar las voces que ya se callaron, si pudiera escuchar el primer suspiro, la primera gracia, el primer verso. Si pudiera aprehender todas las sombras que fueron y que serán.

Cuántas veces me crucé contigo, tú conmigo y yo con él. Cuántas veces me crucé con el que yo era y con el que seré.

Pero invisibles a mis sentidos, todos los fantasmas pasan y solo dejan vagos pensamientos que se evaporan al andar.

Juan Pablo Navarro
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“Y tú, Señor, ¿hasta cuando…?” grito existencial ante el silencio de Dios – El Salmo 6 – 54

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El Salmo 6 es uno de los grandes poemas de la Biblia. En sus versos se rezuma agotamiento, tormento, desesperación. Un hombre llorando en su lecho de dolor es la imagen que nos reproduce. La incomprensión por el hombre del silencio de Dios, el desencuentro constante con Él y su necesario descubrimiento definitivo son temas raíces de la Biblia. Los acontecimientos de cada día nos llevan a sufrir por nuestras preguntas sin respuesta, por el estremecimiento de la soledad. Buscamos desesperadamente, esperanzadamente, una luz que nos sostenga.

El Salmo 6 nos muestra a ese hombre exhausto en su enfermedad espiritual. Son versos para ser leídos con un sentimiento apasionado; debemos sentir en su lectura el tormento, gritar la hartura de silencio y llorar de desesperación para alcanzar el sollozo de gozo final.

Señor, no me reprendas por tu enojo
ni me castigues por tu indignación.

El salmo se inicia con esta súplica para que Dios le libre de su enojo; la conocida ira de Dios. Entendiendo que esta ira nunca se refiere a una pasión de Dios dirigida al hombre sino como el fruto doloroso de la ausencia de Dios. Lógica súplica del hombre que ya padece ésta y se revuelve contra ese dolor que con dramáticas palabras exponen los siguientes versos:

Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas;
sáname, porque mis huesos se estremecen.
Mi alma está atormentada,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo…?
Vuélvete, Señor, rescata mi vida,
sálvame por tu misericordia,
porque en la Muerte nadie se acuerda de ti,
¿y quién podrá alabarte en el Abismo?
Estoy agotado de tanto gemir:
cada noche empapo mi lecho con llanto,
inundo de lágrimas mi cama.
Mis ojos están extenuados por el pesar
y envejecidos a causa de la opresión.

Estos versos escritos hace más de 2.500 años reflejan al hombre de hoy y de siempre, en su sufrido y solitario camino alejado cada vez más de Dios. “Y tú, Señor, ¿hasta cuando…?” refleja nuestro grito existencial ante el silencio de Dios. Y se manifiesta en un dolor que estremece el cuerpo y atormenta el alma, en una muerte donde habita el olvido y Dios no existe. Esa vida lleva al llanto, a quedar postrado en la cama sin avanzar, a la depresión de una vida ciega y vieja.

Su dolor es el del que ya reconoce los síntomas de su mal y quiere sanar. No es un hombre sedado que desconoce que la enfermedad avanza en su interior. Por eso, el salmo concluye con la alegría del salmista. Su oración alcanza la misericordia y ruega a Dios que el mal, el sufrimiento y la muerte retrocedan avergonzados.

Apártense de mí todos los malvados,
porque el Señor ha oído mis sollozos.
El Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi plegaria.
¡Que caiga sobre mis enemigos
la confusión y el terror,
y en un instante retrocedan avergonzados!

Con esa esperanza vivimos; con la esperanza de que nuestra oración que brota desde nuestra alma seca, sorda y ciega, alcance la luz de Dios y ya no tengamos miedo.

Juan Pablo Navarro
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