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Shahbaz Bhatti y el tiempo del perdón – 43

Shahbaz Bhatti

Shahbaz Bhatti

«Rezad por mí y por mi vida. Soy un hombre que ha quemado sus barcos, no puedo y no quiero retroceder: voy a luchar contra el extremismo y defenderé a los cristianos hasta la muerte»

Se llamaba Shahbaz Bhatti, una lluvia de tiros lo mataron. Lo mataron unos hombres piadosos. Él lo sabía. Era el ministro para las minorías religiosas de Pakistán y había recibido numerosas amenazas de muerte por su intento de derogar la ley sobre la blasfemia, que condena a muerte a quien insulte el Islam o al profeta Mahoma. Era uno de estos raros políticos que consideran que el poder no es para dominar sino para servir; y eligió servir a los débiles y, entre ellos, a la más débil: una mujer, una madre, una prisionera, católica como él, Asia Bibi, condenada a muerte por esa ley.

Sí, él sabía que lo iban a matar y, el 2 de marzo de 2011, ocurrió. Sí, él lo sabía y, por eso, dejó un mensaje para después de su muerte: «Sólo busco un sitio a los pies de Jesús… me consideraría un privilegiado si (por  ayudar a los necesitados, los pobres y los cristianos perseguidos de Pakistán)  Jesús quiere aceptar el sacrificio de mi vida.»

Sin duda, Caín era un hombre piadoso, de esos que creen que Dios le debe algo por ello. Pero ya sabéis que, entre Caín y Abel, las cosas no fueron bien. Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. Su vida futura sería el exilio; y él, que se había hecho señor de la vida de su hermano, temía por la suya:

«Mi culpa es grave y me abruma. Si hoy me haces extranjero en esta tierra, tendré que ocultarme de ti, andando errante y perdido por el mundo; el que tropiece conmigo me matará.

El Señor le dijo: El que mate a Caín lo pagará siete veces.

Y el Señor marcó a Caín, para que, si alguien tropezaba con él, no lo matara.»

Caín no busca el perdón, vive en una angustia que le abruma y ve, en los demás, asesinos como él que no respetarán su vida. Sin embargo, Dios no sólo no ejecuta al asesino de Abel sino que, tras mostrarle que sin Él sólo se vive como un ser errante, le brinda su protección. ¡Qué idea de Dios tan sorprendente la que tenía este escritor de hace más de 2.500 años! No es de extrañar que la asociación contra la pena de muerte vinculada al Partido Radical italiano se llame «Nadie Toque a Caín».

El autor del Génesis imaginó un mundo perfecto en sus inicios, sin violencia, un mundo en el que, incluso, todos eran vegetarianos:

“Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”.

Sin embargo, ese mundo idílico se había roto. Entre los descendientes de Caín está un malvado llamado Lamec. Esta es su justicia:

«Yo maté a un hombre por una herida, y a un muchacho por una contusión. Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete».

Su justicia es una cruel venganza. Aquí resume el Génesis el punto más bajo de la humanidad.

Siglos después, un hombre joven recorrió los campos de Israel proponiendo el perdón como el centro de su doctrina: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces? Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18, 21-22). A Él también lo mataron unos hombres piadosos. Sí, Él lo sabía. Y, en su muerte, tal como lo narra Lucas, también estaría el perdón en el centro:

«Lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen… Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: ¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino. Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Sí, él ofrecía un perdón gratuito y perdonaba a todos porque no sabían lo que hacían. Cómo no perdonar al que camina a ciegas y derrumba todo lo que con él se tropieza porque sin Luz sólo se puede caminar errante.

Paul Bhatti, el hermano de Shabazz, ha dicho: «No he dudado en perdonar a los asesinos… para un cristiano, es un paso necesario para combatir el odio».

Juan Pablo Navarro
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La casa de los Mañara y la judería sevillana – 42

La Casa de mañara en "Casas Sevillanas desde el barroco a la Edad Media - Maratania48

La Casa de Mañara en «Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media — Textos de Teodoro Falcón – Maratania

La casa de los Mañara se encuentra en la calle Levíes, nombre que pervive desde la época medieval, cuando vivía en ella la familia judía de los Levy. En ella destaca Samuel Levy, tesorero de Pedro I. Era en los actuales barrios de San Bartolomé y Santa Cruz donde se asentaba la judería, la segunda más importante del reino tras Toledo. Unas murallas la aislaban del resto de la ciudad y las actuales Santa María la Blanca y San José constituían su calle principal y hoy el claro límite entre ambos barrios. Los judíos constituían una comunidad rica y poderosa que, sin embargo, desapareció con el asalto a la judería en 1391 por el pueblo excitado por las prédicas del arcediano de Écija Ferrán Martínez. Contaba con tres sinagogas que se convirtieron en templos cristianos, la de San Bartolomé, la de Santa María la Blanca y la desaparecida de Santa Cruz. Quedó rota así la convivencia entre cristianos y judíos desde la reconquista. Ésta fue definitiva con las expulsiones de 1483 y 1492.

En el siglo XVI se transformó el entramado urbano con la fundación de conventos, iglesias, corrales de vecinos y palacios. A principios del XX, el marqués de Vega-Inclán realizó una serie de reformas que convirtieron al barrio de Santa Cruz en el enclave turístico por excelencia mientras que el barrio de San Bartolomé mantuvo un carácter popular con sus calles estrechas y sinuosas de origen islámico.

La Casa de Mañara en “Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

La Casa de Mañara en “Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

Es, en este último barrio, donde don Diego de Almansa mandó edificar, en torno a 1535, el palacio que, desde 1623, se convirtió en residencia de los Mañara. Ésta era una de las numerosas familias foráneas, en este caso de Córcega, que se asentaron en Sevilla en el siglo XVI, enriqueciéndose de manera que llegaron incluso a alcanzar la hidalguía. El más conocido de esta familia es Miguel Mañara (1626-1679), quien tras la muerte de su esposa en 1661, abandonó su vida mundana para dedicarse al servicio de los pobres. En 1671, dejó su palacio para residir en una casa más humilde en la calle que hoy lleva su nombre y, en 1677, a la más humilde celda de su Hospital de la Caridad.

La fuente de la Casa de Mañara en "Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media - Maratania

La fuente de la Casa de Mañara en «Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

La bella portada de mármol está flanqueada por dos columnas toscanas de fuste acanalado que sostienen un entablamento entre cuyas ménsulas se alternan bucráneos (cráneos de buey) y mascarones femeninos, sobre el que se encuentra el sencillo balcón central. La larga fachada se estructura con pilastras de distribución irregular y el alero se cubre de tejas, salvo en las dos últimas calles, en donde se dibuja una terraza con un original diseño de su antepecho rematado por pináculos. En su fachada se observa el gusto proveniente del seiscientos sevillano de imitar sillares u otros elementos en las fachadas, forma barata y eficiente de dar una visión nueva a un paramento liso.

Este palacio sigue el modelo de casa palacio sevillana asentado durante el siglo XVI. El edificio se articula en torno a un patio principal alrededor del que se distribuyen las dependencias y donde se centra el lugar de descanso y recreo de sus residentes. Este patio se rodea por arquerías en cada una de sus plantas con arcos semicirculares en la baja y rebajados en la alta. En su centro se muestra una bella fuente de mármol, posiblemente de artífices italianos que trabajarían en el palacio. Sobre su pedestal, cuatro niños-hermes derraman el agua a través de los odres que sujetan sus manos.

Este edificio, que llegó a usarse como colegio y estuvo abandonado durante largo tiempo, se rehabilitó acertadamente entre 1989 y 1992 por F. Villanueva Sandino para sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Juan Pablo Navarro Rivas
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La Catedral de Sevilla desde el hotel EME – 41

la giralda desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

La pasada semana tuve la suerte de ver anochecer desde la terraza del hotel EME Catedral en la calle Alemanes. Queríamos hacer fotos de la Catedral para el libro de medio formato que vamos publicar con el nombre de Sevilla, Ciudad y Provincia y que sustituirá a Sevilla Múltiple. Gracias a la amabilidad de Antonia Rodríguez, su Directora de Comunicación, nos apostamos por la tarde en su terraza y empezamos a retratarla mientras anochecía. Desde allí, se ve la Giralda y la Catedral por el lado del patio de los Naranjos, a la izquierda el palacio Arzobispal, a lo lejos, al sur, las torres de la plaza de España y, a la derecha, la cúpula del Sagrario por donde se otea el ocaso.

la giralda y la plaza de españa desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

Disfrutamos de los tonos magentas de la tarde que tornó a cian conforme declinaba el sol y cerró en amarillo cuando, poco antes de la noche, la luz eléctrica iluminó el monumento. Mientras tanto, a nuestras espaldas, la gente conversaba plácidamente con una copa en la mano y, de vez en cuando, no podían dejar de mirar, de admirar, a la Giralda, que les observaba desde el cielo. Cuando llegó la noche, recogimos el trípode y la cámara para irnos. Al echar la última mirada, vimos a un hombre solitario que, sentado, sólo miraba. Sin duda para él, ese momento fue eterno.

la giralda y la plaza de españa y palacio arzobispal desde el hotel eme - sevilla y su provicia - foto de maratania

 
Juan Pablo Navarro
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A propósito de la Semana Santa, a propósito de Silvio – 40

Silvio de pequeño pidiendo cera en Semana Santa

Silvio de pequeño pidiendo cera en Semana Santa

Cuando se acerca la Semana Santa inicio mis ritos musicales anuales: marchas procesionales, el Miserere de Eslava, la Pasión según San Mateo de Bach; ésta, siempre  el Jueves Santo; el Requiem de Mozart, el Viernes y el Sabado Santo; por fin, el Domingo de Resurrección, el Cuarteto para el Fin de los Tiempos de Messiaen.

Y a todo esto, siempre añado La Pura Concepción (Swing Maria) de Silvio. Silvio, el genial Silvio. Silvio, que pasó en carne inmortal por la ciudad de Sevilla y que nos enseñó la dignidad de ser enteramente libre.

¿Quién era Silvio? ¿Qué era Silvio? Silvio era Silvio. Al igual que Dios Es el que Es y cualquier definición más allá de ella lo estrecha y recorta en su trascendencia, Silvio era el que era y solo su trato acercó a entenderlo. Todos los que tuvieron la suerte de conocerlo (como te envidio, Paquico, hermano mío) o sólo lo escucharon en sus conciertos, en sus discos, en sus entrevistas, o sólo se cruzaron con él por cualquier calle de Sevilla, por cualquier bar, sabían que recibían un regalo único de un hombre que era plenamente generoso, de alguien que era inimitable por la sencilla razón de que nunca era otro, siempre era, exclusivamente, él mismo.

Ya Eddie Cochran no encontrará un corazón más sureño para que lo cante, ni Pive Amador un mejor amigo para su música, ni una canción italiana más sevillana gracia, pero, al menos, su carne inmortal se nos insinuará al volverle a escuchar en un disco y, con un gin-tonic en la mano, brindar por el Sevilla F.C, por la Semana Santa y por la Purísima Concepción.

Juan Pablo Navarro
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Un artículo de hace 150 años sobre el Corral del Conde – 39

Corrales de Vecinos - Sevilla 360º - Maratania

Página dedicada a los Corrales de Vecinos en Sevilla 360º

El grabado de 1850 de Adolph Rouargue (1810-1870) del corral del Conde es sobradamente conocido. En Sevilla 360º lo usamos para ilustrar el capítulo dedicado a los corrales de vecinos. Nuestra copia procede del original que poseemos publicado en Le Monde Illustre en 1862. En dicha revista, aparecía un artículo de Charles Yriarte sobre dicho  corral. Aquí lo tenéis:

El viajero que se creyese que ha cumplido por pasar tiempo en Sevilla para ver sólo la Giralda, el Alcázar, el Archivo, el patio de los Naranjos, la tumba de Hernando Colón, la espada de Vargas y los maravillosos murillos del Museo, no podría decir que conoce la ciudad del Sur de España, de Andalucía..

Charles Yriarte

Charles Yriarte (1832-1898)

Se debe pasear por las estrechas calles donde, de una casa a otra, se suspenden lonas de alegres rayas para protegerse del sol llamadas tendidos; pararse en las esquinas de las callejas admirando las Madonnas pintadas, ante las que la buena andaluza no pasa sin decir Ave María Purísima; perderse en las callejuelas serpenteantes, descifrando las  inscripciones, y reposar sobre las fuentes de mármol de la Merced, de la Magdalena, del Salvador, de la Plaza del Duque, donde se encontraban los naranjales de los Duques de Medina Sidonia.

El Corral del Conde, que toma su nombre de una de las grandes familias sevillanas, rodeado de casas antiguas donde cuelgan ropas de un tono feroz, con balcones salientes, con miradores que proyectan grandes sombras, es uno de los rincones de la ciudad donde se detiene el acuarelista con la mayor felicidad .

Cuando somos capaces de captar los matices de la lengua española, sentados a la sombra de sus sombrillas, esbozamos sus acuarelas, y las sevillanas, los majos y los aguadores nos ofrecen una representación por la que, fanático de España, del cielo azul, de los ojos almendrados, de los labios en flor y del habla castellana, yo daría toda la calle de Rivoli, menos el ayuntamiento y la torre de Saint-Jacques.

Id a Corral, donde se encuentra a la cigarrera, que lleva un vestido de lino, con una peineta en el moño, cayéndole la mantilla sobre los hombros y el clavel rojo o una flor de granada detrás de oreja. Aquí es donde uno pone su puño en la cadera y el sombrero sobre los ojos, aquí es donde lo envuelve con orgullo la capa y donde, por la noche, se celebran las mejores estampas de las corridas de toros. En el Corral es donde usted se encuentra el sevillano de verdad que llena su búcaros en la fuente y traza, sin saberlo, actitudes de estatua antigua.

 

corral del conde de Le Monde Illustre 1862   ADOLPH ROUARGUE de 1850 1810-1870

Corral del conde, 1850, Adolph Rouargue

Juan Pablo Navarro

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Las Setas de la plaza Mayor de Sevilla – 38

Me he acercado a ver las Setas de la Encarnación del alemán Jürgen Mayer. Como buen sevillano, soy novelero y, en cuanto puedo, voy a ver la última farola que se ha inaugurado. Al menos, tengo una primera impresión que trataré de exponer brevemente.

El eje plaza del Duque, Imagen, plaza de la Encarnación hace ya más de 50 años que se perdió para la Sevilla clásica. La casa de los Sánchez Dalp, la farmacia Central o el café París son solo un recuerdo devorado por la rapiña de esta ciudad. En esa zona existen edificios modernos de cierto interés como los firmados por Rafael Arévalo Camacho y Ricardo Espiau Suárez de la Viesca. Era, por tanto, un territorio en el que la arquitectura moderna tenía una amplia presencia. Por tanto, la iniciativa de crear un hito moderno en esa plaza con la intención de atraer un mayor tránsito hacia esa zona era una iniciativa plausible. Más aun cuando hacia décadas que esa plaza no era más que un solar rodeado de vallas en las que durante decenios ninguna corporación había sabido encontrarle solución.

Evidentemente, la nueva plaza es mejor que el solar que ha sustituido, sin embargo esto no es ninguna plusmarca. ¿Qué son las Setas? básicamente es un mercado en cuyo techo se ha abierto una plaza que se cubre con unas gigantescas estructuras que se prolongan hasta lo que queda de la plaza decimonónica de la Encarnación. Daré mi opinión:

La entrada a la plaza de abastos es bastante vulgar, del mismo modo que la cartelería comercial que se deja ver, sin un diseño cuidado y con el mismo tono que podría tener un mercado de barrio. La plaza encima de ésta permite una mejor visión de los edificios de su entorno, en especial el esplendido de Imagen, 2, de Arévalo Camacho. De igual modo, tenemos una nueva visión de la iglesia de la Anunciación, eso sí, estorbada por las cubiertas de la plaza.

Edificio de Imagen, 2, de Arévalo Camacho

Edificio de Imagen, 2, de Arévalo Camacho (1957-1961)

Y vamos a las cubiertas, donde se ha ido el grueso del gasto de 120.ooo.ooo de euros. En su conjunto, su gran tamaño ofrece una evidente espectacularidad; el tamaño siempre importa. Los pilares que le sirven de base, en mi opinión, son de un dibujo poco acertado, aunque de gustos quién puede dictar doctrina.

La cubierta ofrece un perfil horizontal muy sugerente (que ha sido repetido en la placa conmemorativa con el bochornoso y descarado «La ciudadanía de Sevilla inauguró…»; y, por cierto, cuándo dejarán los políticos y periodistas de confundir ciudadanos, sacrificado en el altar de lo políticamente correcto, ¡Citoyens, Citoyens! ¡qué diría Sieyès si despertara!, con la cualidad de serlo, es decir, ciudadanía). Sin embargo, la estructura de la cubierta del Metropol Parasol no deja de recordarme en sus módulos prefabricados al mecano de un juego infantil.

El conjunto de las setas da sensación de presión y, parafreseando a Abradacúrcix, como si el cielo fuese a caer sobre nuestras cabezas. El detalle de rotularla como plaza Mayor con las letras cerámicas tradicionales es de vergüenza ajena. ¿Plaza Mayor de qué?¿Qué pintan esas cerámicas entre tanta modernidad? ¿Qué sentido tienen? Quítense ya, que eso sí tiene marcha atrás.

La última seta, la que cruza la calle y llega a los restos de la plaza decimonónonica, tiene efectos pervesos. Ahoga a ésta y a la bella fuente que está en su centro, no deja perfilar con el cielo a la iglesia de la Anunciación y, lo peor, corta por la mitad la hermosa vista que había de la torre de San Pedro ya desde la calle Laraña.

Antonio Burgos comentaba que con el dinero del Metropol se podría haber restaurado 60 veces la iglesia de Santa Catalina, joya del mudéjar y del barroco; la capilla Sacramental de Leonardo de Figueroa es una de las cumbres del barroco español, Arte, este sí, con mayúsculas. ¿Cuándo reinará la modestia y la prudencia en nuestros políticos? ¿Cuántos estadios, tranvías, metropoles y torres Pelli necesitan para dejar de malgastar el dinero que les cedemos con los impuestos? ¿No podríamos haber hecho algo mejor y más barato?

Dicho esto, debo decir, que el objetivo de revitalizar esa zona se ha conseguido y que la realidad es que el Metropol ya existe, que ya está aquí, que ya es un patrimonio de la ciudad y que, por tanto, debemos empezar a amarlo aunque la boda haya sido a la fuerza y no queramos a la novia. Yo ya empiezo:

La Setas me gustan

Las Setas me gustan

Las Setas me gustan…

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Juan Pablo Navarro
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El silencio interior – 37

Hoy, el artículo me lo ha regalado por correo mi amiga Gracia Rufo, mi profesora de yoga y, por tanto, mi instructora en la meditación interior:

«El silencio no es la ausencia de ruido sino de ego. El ruido del ego es el murmullo continuo de lo que hay que conseguir o que defender. El silencio, en cambio, es el acallamiento de ese murmullo, un estado de apertura y de agradecimiento ante una Presencia que está permanentemente en todo y a la que se llega por medio de la autopresencia.» – Javier Melloni, s.j, teólogo

Aquí tenéis un vídeo interesante en el que Javier Melloni habla sobre «Encontrar a Dios en el silencio».

Desde pequeño, desde que me enseñó mi madre la primera oración, ésta ha sido una compañía en mi vida, pero fue en los jesuitas donde tuve mis primeros inicios en la meditación. Ya, cuando tendría unos 15 años me intentaron enseñar las ancestrales técnicas orientales para alcanzarla. Se quedó allí la experiencia. Luego con el Padre Navarrete, s.j. y las lecturas de Tony de Mello, s.j., la retomé.

Con un libro clásico de la espiritualidad rusa, «El Peregrino Ruso«, que os  recomiendo, conocí la oración continua de Jesús, que consiste en recitar «Señor Jesús, ten compasión de mí», acompañando a cada respiración. Ese es mi «mantra», mi oración, cuando practico la meditación interior, de la que sigo siendo un mero aprendiz a tiempo parcial.

Juan Pablo Navarro
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¿Quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla? (III) – Lo que yo creo – 36

Concluyo aquí esta pregunta sobre quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla, ofreciendo lo que yo pienso.

El foco inicial debió estar en el paseo de las Delicias. Su origen está en el siglo XVIII pero fue con José Manuel Arjona, asistente de Sevilla de 1825 a 1833, cuando se transformó en un jardín romántico junto a los jardines de Cristina. Para ello, contó con el arquitecto madrileño Melchor Cano (1794-?) y el botánico y profesor de agricultura Claudio Boutelou (Aranjuez, 1774 – ¿, 1842). Estos tres personajes fueron el arranque de la Sevilla Ideal que culminó en 1929 y que desde entonces los sevillanos vamos lapidando por soberbia, ignorancia y rapiña.

José Manuel Arjona fue, de alguna manera, el último político de la Ilustración. Defensor del absolutismo de Fernando VII y, a su vez, inigualable modernizador de la ciudad de Sevilla, será recordado por la creación de los jardines del Cristina y de las Delicias. Su labor llegó más allá: garantizó el abastecimiento de la ciudad, impulsó el mercado central de la Encarnación, modernizó el alumbrado público, empedró un tercio de las calles, creó el cuerpo de bomberos, inauguró la escuela de Tauromaquia, etc.

Melchor Cano fue el primer arquitecto formado en la Academia que dirigió las obras de Sevilla. De su labor con Arjona destacan los nuevos conductos de agua de los Caños de Carmona, la iluminación y empedrado de calles y el diseño de la plaza del Duque, más los jardines mencionados.

Claudio Boutelou pertenece a una familia de jardineros suizos llegada a España con Felipe V, siendo él y su hermano Esteban los miembros más importantes. Jardinero del Botánico de Madrid, lo salvó de la destrucción durante la invasión napoleónica. Llegó a Sevilla en 1816 para planificar la desecación de las marismas del Guadalquivir. Durante su estancia, se encargó de la conservación de los jardines de la ciudad y de la creación de los citados de Cristina y de las Delicias. Su hijo Pablo es el que, como hemos reseñado en el anterior artículo,  menciona en 1842 las almácigas de naranjos y los granados que invaden las plantaciones de las Delicias.

Pasado este primer momento, parece que la entrada del naranjo como propio del adorno de las calles de Sevilla se para. La construcción de la plaza Nueva en 1854 por Balbino Marrón sería el siguiente hito. Éste fue arquitecto municipal y a él se debieron la urbanización de la plaza de San Pedro en 1844, el desaparecido salón elevado que hubo en la plaza del Salvador en 1846, la plaza del Museo en 1862, el nuevo Ayuntamiento concluido en 1867, etc.

1861 sería la siguiente fecha clave con la plantación de naranjos en la plaza de la Magdalena, cuyo origen es de 1844.

En 1881, tenemos una relación clara: plaza Nueva, plaza de la Magdalena, Cardenal Cisneros, la Alfafa, la del Triunfo y los Jardines de Cristina y de las Delicias y la zona de la plaza de América y la plaza de Armas. El Salvador, cuya plantación se había aceptado en 1872, no se haría hasta principios del XX.

Definitivamente, Aníbal González, a partir de 1910, sería el que daría el impulso final para que el naranjo llegase a las calles, a las plazas y al recinto de la Exposición Iberoamericana de 1929. El impulso se multiplicaría a partir de 1970, pasando de 5.000 a 25.000 llos ejemplares de naranjo amargo, fundamentalmente, por la plantación de estos en las nuevas barriadas que rodean la ciudad histórica.

Juan Pablo Navarro
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