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El Cartel Taurino de la Maestranza 2011 creado por Manzanares y Arrojado – 49

Manzanares durante la faena de Arrojado que fue indultado.EFE

Manzanares durante la faena de Arrojado. EFE

Me he emocionado al leer la crónica de Andrés Amorós sobre el indulto de Arrojado en la Maestranza. Nadie recuerda desde cuando un toro no salía indultado de la plaza sevillana. Ayer fue y yo no estuve allí. Mi ignorancia no me lo permite. Pero de ella proviene mi admiración al entendido, de igual manera que el aprendiz admira al maestro, el aficionado al artista, el incrédulo al creyente.

Y es que ayer, Arrojado pinto el cartel taurino del 2011. Eso tienen los toros, que como el hombre, pueden ser artistas. Sí, Arrojado es un artista y, como un artilugio de Alexander Calder, hizo arte en movimiento y, como una estatua de Fidias, su obra paró el tiempo. Sí, un toro pintó el cartel de este año. Se valió de un torero para pintarlo. Manzanares se llama y también es un artista que sabe que es la eternidad.

No, yo no estuve allí, pero cuando el Arte nace, el hombre que lo crea es todo los hombres y convoca a Dios para que lo vea. Y así, afirmo que tú y yo estuvimos allí, que fuimos Manzanares que lo toreó, que fuimos el público que lo vio, que fuimos Andrés Amorós que lo contó.

Juan Pablo Navarro
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Cartel Taurino de la Maestranza 2011 – José María Sicilia y los vikingos – 48

Me parece que la política de la Real Maestranza de ofrecernos carteles taurinos realizados por artistas contemporáneos consagrados es una apuesta inteligente. Como me decía un amigo maestrante, si siempre hubiesen hecho así, tendrían una colección incomparable: Goya, Picasso, Miró… Este año el autor es José María Sicilia (Madrid, 1954), una apuesta segura por uno de los mejores pintores que surgieron en los 80.

Sin embargo, cada vez que veo el nuevo cartel, no lo puedo evitar, veo un casco vikingo. Lo veo, lo vuelvo a ver, lo miro y lo miro y la mente se me bloquea: casco vikingo, casco vikingo, casco vikingo.

Esto ¿Cómo puede ser?. Pero ¿Qué tienen que ver los vikingos con Sevilla? ¡Claro! los vikingos atacaron nuestra ciudad en el 844. La cosa sería así: traerían los barcos llenos de toros de lídia. Los soltaron en la marisma al grito de Thor, Thor, Thor (su dios más venerado). Los pobres marismeños correrían despavoridos: ¡qué vienen los thoros, qué vienen los thoros! Hasta que uno les hechó un capote y les dio pases hasta que los vikingos se picaron. Y salió un vikingo que cogió otro toro y empezó con su muleta y, a cada pase, los normandos gritaban Olaf, Olaf, Olaf (el nombre del torero) y los sevillanos entendían ole, ole, ole. Los vikingos y los de Sevilla decidieron comerse un buen guiso de rabo de toro, montaron unas casetas de feria, se subieron a una noria que brindaba agua fresca y, hecha la amistad y con algunos tesorillos, se volvieron para su casa.

Como ya sabéis, en el 1061, los normandos conquistaron Sicilia. Allí empezó a contarse la historia de Sevilla de dos siglos antes. Así las cosas, ésta se fue transmitiendo de padres a hijos hasta José María Sicilia. Así, que cuando se le encargó el cartel para la temporada 2011, se dijo, no hay duda, un casco, un casco vikingo.

Después de contar esta verdadera historia, tengo que reiterarme en lo que dije al principio, me gusta los que hace la Maestranza y lo que hace Sicilia, pero es que, cada vez que veo el casco, perdón, cada vez que veo el cartel, me digo: vikingo, vikingo, vikingo.

P.D.: acabo de leer en manuscritos centenarios que un embajador franco presencio la escena. Y claro, al ser francés, en vez de ole, decía olé. A su vuelta a Francia contó la historia en Madrid  y, por eso, en el norte de España se pronuncia olé y no ole. Al llegar a su país y contárselo a su emperador, Lotario I (introductor de la lotería para cuadrar las cuentas del estado), éste mandó traer toros de Sevilla y se iniciaron entonces las corridas en Francia.

Juan Pablo Navarro
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Castellar, 4 ¿La fachada más estrecha de Sevilla? – 47

El trazado urbano de Sevilla provoca soluciones curiosas como la que os comento. Caminaba el Sabado Santo desde los Servitas hacia San Lorenzo para ver a la Soledad cuando al cruzar la calle Castellar me sorprendí con la estrechez de la fachada del número 4. Daba para la puerta y, en cada una de sus dos plantas, para un balcón cuya barandilla cubría todo el ancho. Como en las casas de subastas, ¿alguién da más? ¿quién conoce una casa más estrecha?

Juan Pablo Navarro
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Vista de la planta

Messiaen, un oasis para empezar a beber la música contemporánea – El Cuarteto para el Fin de los Tiempos – 46

Olivier Messiaen (1908-1992)

Mientras que la pintura y la arquitectura contemporánea siempre me han entusiasmado, la escultura y sobre todo la música me han parecido un árido desierto. La música popular nos regala numerosos momentos de fácil diversión y placer. Por el contrario, la música culta parece un jardín de cactus. Sin embargo, gracias a Olivier Messiaen, descubrí que había oasis. Fue al escuchar el Cuarteto para el Fin de los Tiempos.

La obra fue fruto de la escasez; de la escasez de libertad, de músicos y de instrumentos. Cuando la compuso en 1940, Messiaen estaba preso por los alemanes en Göritz. Una de las obras más influyentes del siglo XX se estrenó en un campo de prisioneros, sutil metáfora de este siglo. Basado en el Apocalipsis, desde el Genio del Cristianismo (1802) de Chateaubriand que dio pie al Romanticismo, no había habido una obra tan decisiva sobre el Arte derivada directamente del catolicismo.

Se estrenó en enero de 1941, era un helado día de invierno, la audiencia eran guardias y prisioneros. Messiaen tocaba un viejo piano vertical, Jean le Boulaire un violín, Henri Akoka un chelo y Etienne Pasquier un clarinete. El tema es el fin de los tiempos según el Apocalipsis (10, 1-8): la II Guerra Mundial parecía un signo de aquel, el gélido día añadiría un espectral ambiente y la música era infinita. Sus siete movimientos (el siete es el numero de lo perfecto) concluyen para dar paso al octavo (el día de la resurrección) con uno de los pasajes más intensos y bellos, de mayor sensualidad espiritual de la historia de la música, La Alabanza a la inmortalidad de Jesús, sólo comparable a los mejores pasajes de Bach: el piano y el violín remarcan un movimiento lentísimo, casi estático, que representa la Resurrección de Cristo y el Fin del Tiempo.

Messiaen escribió que el Cuarteto es «esencialmente inmaterial, espiritual, católico. Los modos, llevando a cabo melódica y armónicamente una especie de ubicuidad tonal, aproximan al oyente a la eternidad en el espacio o infinito. Los ritmos especiales, fuera de cualquier compás, contribuyen poderosamente a alejar lo temporal.»

Los discípulos de Messiaen están entre los más importantes músicos contemporáneos: Pierre Boulez, Yvonne Loriod (quien sería su segunda esposa), Karlheinz Stockhausen, Iannis Xenakis, William Bolcom y George Benjamin. Su Cuarteto para el fin de los tiempos o Turangalila son una excelente entrada para ir haciéndose al oído de la música culta actual. Para mí, se ha convertido en un rito anual el escuchar un día como hoy, Domingo de Resurrección, El Cuarteto para el Fin de los Tiempos. Felices Pascuas de Resurrección.

Juan Pablo Navarro
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¿Qué probó su muerte? – 45

Hoy es Viernes Santo. Cristo ha muerto en la cruz. Su muerte era la prueba que necesitaban para desenmascararlo. El poder religioso de Israel se alió con el poder político de Roma y lo crucificó. Habían ganado. Dios no había venido en su ayuda para bajarlo de la cruz. Estaba claro, era un falso profeta y ellos tenían razón. La razón del poder había triunfado. La muerte lo había probado. Ese hombre que había predicado un Reino de Dios que habitaba en el corazón de cada hombre, que había ofrecido el perdón y el servicio de unos a otros como los signos visibles de su reinado, había sido derrotado.

Cristo había muerto gritando el salmo 22, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? El silencio de Dios se hace expreso en su boca. Pero a los tres días resucitó. El Dios débil, muerto solo en la cruz a manos del dominio de los hombres, había cambiado el sentido de la humanidad: el mal, el sufrimiento y la muerte ya no eran la última palabra, causa de vacío y de desesperación. El amor, el perdón y la vida eterna era el tesoro que tendríamos que compartir una humanidad de hermanos.

Para muchos, la muerte sigue siendo la prueba del fracaso. Como Pilatos, creen que la Verdad es inalcanzable y es mejor confortarse con las  cosas de aquí, sobre todo la más golosa, dominarnos los unos a los otros. Para otros, Cristo reina desde entonces y buscan vivr confiados en Él porque ya nos salvó. Desde entonces, una pregunta nos acucia ¿Creemos en la muerte que dio razón al poderoso o en la resurrección que justificó al débil?

Así concluye el salmo 22:

Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia.
Porque sólo el Señor es rey
y él gobierna a las naciones.
Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante él,
y los que no tienen vida
glorificarán su poder.
Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia
a los que nacerán después,
porque esta es la obra del Señor.

Juan Pablo Navarro
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El gozo de la Semana Santa sevillana – Vista, oído, olfato, tacto, gusto y corazón – 44

El Arte ha buscado siempre alcanzar una obra que satisfaga a todos los sentidos y al espíritu. En la Semana Santa sevillana se encontró ya hace decenios. La vista alcanza a contemplar la belleza de las imágenes, el colorido de la  procesión, la emotiva danza de los pasos. El oído se recrea en los sones de la música, en el arrastrar de los pies de los costaleros, en el cantar de las saetas. El olfato huele las flores, el incienso y la cera, mientras el tacto siente como los labios besan la madera de vírgenes y cristos, el roce de la bulla y la piel se emociona en un momento eterno. Hasta las torrijas, los pestiños y la comida de cuaresma deleitan el sentido del gusto.

A este arte total lo redondea la necesaria participación activa del público fiel que las contempla en silencio o bullicioso, sentado o de pie, quieto o moviéndose con la multitud. Unido a la cofradía como devoto o espectador, orante o festivo, como simple curioso o colmado de pasión.

sevilla sevilla semana santa cachorro 1923

El Cachorro en 1923

Y qué decir del espíritu. Todo serìa una simple pantomima si la representación que se lleva a cabo no recordara el hecho religioso de la muerte de Cristo. Todo sería vacío si las imágenes no le simbolizaran a Él. Todo sería falso si los actores de la Semana Santa no creyesen esta realidad de fe. Esto es de tal manera, que esta religiosidad impregna la actitud del cristiano y, también, la de todos aquellos que acuden a la Semana Santa movidos por la tradición, la experiencia del rito o la belleza de las procesiones.

La Semana Santa es así un completo goce de los sentidos, una simbiosis entre actores y espectadores, una forma única en que toda una ciudad, Sevilla, se une ante un hecho religioso para creerse y crearse cada año con ritos centenarios y, a su vez, llenos otra vez de novedad, de fe y de amor. Es la conmemoración plena de la muerte de Cristo y la expectativa, ya festiva, de su Resurrección.

Juan Pablo Navarro
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Shahbaz Bhatti y el tiempo del perdón – 43

Shahbaz Bhatti

Shahbaz Bhatti

«Rezad por mí y por mi vida. Soy un hombre que ha quemado sus barcos, no puedo y no quiero retroceder: voy a luchar contra el extremismo y defenderé a los cristianos hasta la muerte»

Se llamaba Shahbaz Bhatti, una lluvia de tiros lo mataron. Lo mataron unos hombres piadosos. Él lo sabía. Era el ministro para las minorías religiosas de Pakistán y había recibido numerosas amenazas de muerte por su intento de derogar la ley sobre la blasfemia, que condena a muerte a quien insulte el Islam o al profeta Mahoma. Era uno de estos raros políticos que consideran que el poder no es para dominar sino para servir; y eligió servir a los débiles y, entre ellos, a la más débil: una mujer, una madre, una prisionera, católica como él, Asia Bibi, condenada a muerte por esa ley.

Sí, él sabía que lo iban a matar y, el 2 de marzo de 2011, ocurrió. Sí, él lo sabía y, por eso, dejó un mensaje para después de su muerte: «Sólo busco un sitio a los pies de Jesús… me consideraría un privilegiado si (por  ayudar a los necesitados, los pobres y los cristianos perseguidos de Pakistán)  Jesús quiere aceptar el sacrificio de mi vida.»

Sin duda, Caín era un hombre piadoso, de esos que creen que Dios le debe algo por ello. Pero ya sabéis que, entre Caín y Abel, las cosas no fueron bien. Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. Su vida futura sería el exilio; y él, que se había hecho señor de la vida de su hermano, temía por la suya:

«Mi culpa es grave y me abruma. Si hoy me haces extranjero en esta tierra, tendré que ocultarme de ti, andando errante y perdido por el mundo; el que tropiece conmigo me matará.

El Señor le dijo: El que mate a Caín lo pagará siete veces.

Y el Señor marcó a Caín, para que, si alguien tropezaba con él, no lo matara.»

Caín no busca el perdón, vive en una angustia que le abruma y ve, en los demás, asesinos como él que no respetarán su vida. Sin embargo, Dios no sólo no ejecuta al asesino de Abel sino que, tras mostrarle que sin Él sólo se vive como un ser errante, le brinda su protección. ¡Qué idea de Dios tan sorprendente la que tenía este escritor de hace más de 2.500 años! No es de extrañar que la asociación contra la pena de muerte vinculada al Partido Radical italiano se llame «Nadie Toque a Caín».

El autor del Génesis imaginó un mundo perfecto en sus inicios, sin violencia, un mundo en el que, incluso, todos eran vegetarianos:

“Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”.

Sin embargo, ese mundo idílico se había roto. Entre los descendientes de Caín está un malvado llamado Lamec. Esta es su justicia:

«Yo maté a un hombre por una herida, y a un muchacho por una contusión. Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete».

Su justicia es una cruel venganza. Aquí resume el Génesis el punto más bajo de la humanidad.

Siglos después, un hombre joven recorrió los campos de Israel proponiendo el perdón como el centro de su doctrina: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces? Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18, 21-22). A Él también lo mataron unos hombres piadosos. Sí, Él lo sabía. Y, en su muerte, tal como lo narra Lucas, también estaría el perdón en el centro:

«Lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen… Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: ¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino. Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Sí, él ofrecía un perdón gratuito y perdonaba a todos porque no sabían lo que hacían. Cómo no perdonar al que camina a ciegas y derrumba todo lo que con él se tropieza porque sin Luz sólo se puede caminar errante.

Paul Bhatti, el hermano de Shabazz, ha dicho: «No he dudado en perdonar a los asesinos… para un cristiano, es un paso necesario para combatir el odio».

Juan Pablo Navarro
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La casa de los Mañara y la judería sevillana – 42

La Casa de mañara en "Casas Sevillanas desde el barroco a la Edad Media - Maratania48

La Casa de Mañara en «Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media — Textos de Teodoro Falcón – Maratania

La casa de los Mañara se encuentra en la calle Levíes, nombre que pervive desde la época medieval, cuando vivía en ella la familia judía de los Levy. En ella destaca Samuel Levy, tesorero de Pedro I. Era en los actuales barrios de San Bartolomé y Santa Cruz donde se asentaba la judería, la segunda más importante del reino tras Toledo. Unas murallas la aislaban del resto de la ciudad y las actuales Santa María la Blanca y San José constituían su calle principal y hoy el claro límite entre ambos barrios. Los judíos constituían una comunidad rica y poderosa que, sin embargo, desapareció con el asalto a la judería en 1391 por el pueblo excitado por las prédicas del arcediano de Écija Ferrán Martínez. Contaba con tres sinagogas que se convirtieron en templos cristianos, la de San Bartolomé, la de Santa María la Blanca y la desaparecida de Santa Cruz. Quedó rota así la convivencia entre cristianos y judíos desde la reconquista. Ésta fue definitiva con las expulsiones de 1483 y 1492.

En el siglo XVI se transformó el entramado urbano con la fundación de conventos, iglesias, corrales de vecinos y palacios. A principios del XX, el marqués de Vega-Inclán realizó una serie de reformas que convirtieron al barrio de Santa Cruz en el enclave turístico por excelencia mientras que el barrio de San Bartolomé mantuvo un carácter popular con sus calles estrechas y sinuosas de origen islámico.

La Casa de Mañara en “Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

La Casa de Mañara en “Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

Es, en este último barrio, donde don Diego de Almansa mandó edificar, en torno a 1535, el palacio que, desde 1623, se convirtió en residencia de los Mañara. Ésta era una de las numerosas familias foráneas, en este caso de Córcega, que se asentaron en Sevilla en el siglo XVI, enriqueciéndose de manera que llegaron incluso a alcanzar la hidalguía. El más conocido de esta familia es Miguel Mañara (1626-1679), quien tras la muerte de su esposa en 1661, abandonó su vida mundana para dedicarse al servicio de los pobres. En 1671, dejó su palacio para residir en una casa más humilde en la calle que hoy lleva su nombre y, en 1677, a la más humilde celda de su Hospital de la Caridad.

La fuente de la Casa de Mañara en "Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media - Maratania

La fuente de la Casa de Mañara en «Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

La bella portada de mármol está flanqueada por dos columnas toscanas de fuste acanalado que sostienen un entablamento entre cuyas ménsulas se alternan bucráneos (cráneos de buey) y mascarones femeninos, sobre el que se encuentra el sencillo balcón central. La larga fachada se estructura con pilastras de distribución irregular y el alero se cubre de tejas, salvo en las dos últimas calles, en donde se dibuja una terraza con un original diseño de su antepecho rematado por pináculos. En su fachada se observa el gusto proveniente del seiscientos sevillano de imitar sillares u otros elementos en las fachadas, forma barata y eficiente de dar una visión nueva a un paramento liso.

Este palacio sigue el modelo de casa palacio sevillana asentado durante el siglo XVI. El edificio se articula en torno a un patio principal alrededor del que se distribuyen las dependencias y donde se centra el lugar de descanso y recreo de sus residentes. Este patio se rodea por arquerías en cada una de sus plantas con arcos semicirculares en la baja y rebajados en la alta. En su centro se muestra una bella fuente de mármol, posiblemente de artífices italianos que trabajarían en el palacio. Sobre su pedestal, cuatro niños-hermes derraman el agua a través de los odres que sujetan sus manos.

Este edificio, que llegó a usarse como colegio y estuvo abandonado durante largo tiempo, se rehabilitó acertadamente entre 1989 y 1992 por F. Villanueva Sandino para sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Juan Pablo Navarro Rivas
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