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Las Setas de la plaza Mayor de Sevilla – 38

Me he acercado a ver las Setas de la Encarnación del alemán Jürgen Mayer. Como buen sevillano, soy novelero y, en cuanto puedo, voy a ver la última farola que se ha inaugurado. Al menos, tengo una primera impresión que trataré de exponer brevemente.

El eje plaza del Duque, Imagen, plaza de la Encarnación hace ya más de 50 años que se perdió para la Sevilla clásica. La casa de los Sánchez Dalp, la farmacia Central o el café París son solo un recuerdo devorado por la rapiña de esta ciudad. En esa zona existen edificios modernos de cierto interés como los firmados por Rafael Arévalo Camacho y Ricardo Espiau Suárez de la Viesca. Era, por tanto, un territorio en el que la arquitectura moderna tenía una amplia presencia. Por tanto, la iniciativa de crear un hito moderno en esa plaza con la intención de atraer un mayor tránsito hacia esa zona era una iniciativa plausible. Más aun cuando hacia décadas que esa plaza no era más que un solar rodeado de vallas en las que durante decenios ninguna corporación había sabido encontrarle solución.

Evidentemente, la nueva plaza es mejor que el solar que ha sustituido, sin embargo esto no es ninguna plusmarca. ¿Qué son las Setas? básicamente es un mercado en cuyo techo se ha abierto una plaza que se cubre con unas gigantescas estructuras que se prolongan hasta lo que queda de la plaza decimonónica de la Encarnación. Daré mi opinión:

La entrada a la plaza de abastos es bastante vulgar, del mismo modo que la cartelería comercial que se deja ver, sin un diseño cuidado y con el mismo tono que podría tener un mercado de barrio. La plaza encima de ésta permite una mejor visión de los edificios de su entorno, en especial el esplendido de Imagen, 2, de Arévalo Camacho. De igual modo, tenemos una nueva visión de la iglesia de la Anunciación, eso sí, estorbada por las cubiertas de la plaza.

Edificio de Imagen, 2, de Arévalo Camacho

Edificio de Imagen, 2, de Arévalo Camacho (1957-1961)

Y vamos a las cubiertas, donde se ha ido el grueso del gasto de 120.ooo.ooo de euros. En su conjunto, su gran tamaño ofrece una evidente espectacularidad; el tamaño siempre importa. Los pilares que le sirven de base, en mi opinión, son de un dibujo poco acertado, aunque de gustos quién puede dictar doctrina.

La cubierta ofrece un perfil horizontal muy sugerente (que ha sido repetido en la placa conmemorativa con el bochornoso y descarado «La ciudadanía de Sevilla inauguró…»; y, por cierto, cuándo dejarán los políticos y periodistas de confundir ciudadanos, sacrificado en el altar de lo políticamente correcto, ¡Citoyens, Citoyens! ¡qué diría Sieyès si despertara!, con la cualidad de serlo, es decir, ciudadanía). Sin embargo, la estructura de la cubierta del Metropol Parasol no deja de recordarme en sus módulos prefabricados al mecano de un juego infantil.

El conjunto de las setas da sensación de presión y, parafreseando a Abradacúrcix, como si el cielo fuese a caer sobre nuestras cabezas. El detalle de rotularla como plaza Mayor con las letras cerámicas tradicionales es de vergüenza ajena. ¿Plaza Mayor de qué?¿Qué pintan esas cerámicas entre tanta modernidad? ¿Qué sentido tienen? Quítense ya, que eso sí tiene marcha atrás.

La última seta, la que cruza la calle y llega a los restos de la plaza decimonónonica, tiene efectos pervesos. Ahoga a ésta y a la bella fuente que está en su centro, no deja perfilar con el cielo a la iglesia de la Anunciación y, lo peor, corta por la mitad la hermosa vista que había de la torre de San Pedro ya desde la calle Laraña.

Antonio Burgos comentaba que con el dinero del Metropol se podría haber restaurado 60 veces la iglesia de Santa Catalina, joya del mudéjar y del barroco; la capilla Sacramental de Leonardo de Figueroa es una de las cumbres del barroco español, Arte, este sí, con mayúsculas. ¿Cuándo reinará la modestia y la prudencia en nuestros políticos? ¿Cuántos estadios, tranvías, metropoles y torres Pelli necesitan para dejar de malgastar el dinero que les cedemos con los impuestos? ¿No podríamos haber hecho algo mejor y más barato?

Dicho esto, debo decir, que el objetivo de revitalizar esa zona se ha conseguido y que la realidad es que el Metropol ya existe, que ya está aquí, que ya es un patrimonio de la ciudad y que, por tanto, debemos empezar a amarlo aunque la boda haya sido a la fuerza y no queramos a la novia. Yo ya empiezo:

La Setas me gustan

Las Setas me gustan

Las Setas me gustan…

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Juan Pablo Navarro
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El silencio interior – 37

Hoy, el artículo me lo ha regalado por correo mi amiga Gracia Rufo, mi profesora de yoga y, por tanto, mi instructora en la meditación interior:

«El silencio no es la ausencia de ruido sino de ego. El ruido del ego es el murmullo continuo de lo que hay que conseguir o que defender. El silencio, en cambio, es el acallamiento de ese murmullo, un estado de apertura y de agradecimiento ante una Presencia que está permanentemente en todo y a la que se llega por medio de la autopresencia.» – Javier Melloni, s.j, teólogo

Aquí tenéis un vídeo interesante en el que Javier Melloni habla sobre «Encontrar a Dios en el silencio».

Desde pequeño, desde que me enseñó mi madre la primera oración, ésta ha sido una compañía en mi vida, pero fue en los jesuitas donde tuve mis primeros inicios en la meditación. Ya, cuando tendría unos 15 años me intentaron enseñar las ancestrales técnicas orientales para alcanzarla. Se quedó allí la experiencia. Luego con el Padre Navarrete, s.j. y las lecturas de Tony de Mello, s.j., la retomé.

Con un libro clásico de la espiritualidad rusa, «El Peregrino Ruso«, que os  recomiendo, conocí la oración continua de Jesús, que consiste en recitar «Señor Jesús, ten compasión de mí», acompañando a cada respiración. Ese es mi «mantra», mi oración, cuando practico la meditación interior, de la que sigo siendo un mero aprendiz a tiempo parcial.

Juan Pablo Navarro
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¿Quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla? (III) – Lo que yo creo – 36

Concluyo aquí esta pregunta sobre quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla, ofreciendo lo que yo pienso.

El foco inicial debió estar en el paseo de las Delicias. Su origen está en el siglo XVIII pero fue con José Manuel Arjona, asistente de Sevilla de 1825 a 1833, cuando se transformó en un jardín romántico junto a los jardines de Cristina. Para ello, contó con el arquitecto madrileño Melchor Cano (1794-?) y el botánico y profesor de agricultura Claudio Boutelou (Aranjuez, 1774 – ¿, 1842). Estos tres personajes fueron el arranque de la Sevilla Ideal que culminó en 1929 y que desde entonces los sevillanos vamos lapidando por soberbia, ignorancia y rapiña.

José Manuel Arjona fue, de alguna manera, el último político de la Ilustración. Defensor del absolutismo de Fernando VII y, a su vez, inigualable modernizador de la ciudad de Sevilla, será recordado por la creación de los jardines del Cristina y de las Delicias. Su labor llegó más allá: garantizó el abastecimiento de la ciudad, impulsó el mercado central de la Encarnación, modernizó el alumbrado público, empedró un tercio de las calles, creó el cuerpo de bomberos, inauguró la escuela de Tauromaquia, etc.

Melchor Cano fue el primer arquitecto formado en la Academia que dirigió las obras de Sevilla. De su labor con Arjona destacan los nuevos conductos de agua de los Caños de Carmona, la iluminación y empedrado de calles y el diseño de la plaza del Duque, más los jardines mencionados.

Claudio Boutelou pertenece a una familia de jardineros suizos llegada a España con Felipe V, siendo él y su hermano Esteban los miembros más importantes. Jardinero del Botánico de Madrid, lo salvó de la destrucción durante la invasión napoleónica. Llegó a Sevilla en 1816 para planificar la desecación de las marismas del Guadalquivir. Durante su estancia, se encargó de la conservación de los jardines de la ciudad y de la creación de los citados de Cristina y de las Delicias. Su hijo Pablo es el que, como hemos reseñado en el anterior artículo,  menciona en 1842 las almácigas de naranjos y los granados que invaden las plantaciones de las Delicias.

Pasado este primer momento, parece que la entrada del naranjo como propio del adorno de las calles de Sevilla se para. La construcción de la plaza Nueva en 1854 por Balbino Marrón sería el siguiente hito. Éste fue arquitecto municipal y a él se debieron la urbanización de la plaza de San Pedro en 1844, el desaparecido salón elevado que hubo en la plaza del Salvador en 1846, la plaza del Museo en 1862, el nuevo Ayuntamiento concluido en 1867, etc.

1861 sería la siguiente fecha clave con la plantación de naranjos en la plaza de la Magdalena, cuyo origen es de 1844.

En 1881, tenemos una relación clara: plaza Nueva, plaza de la Magdalena, Cardenal Cisneros, la Alfafa, la del Triunfo y los Jardines de Cristina y de las Delicias y la zona de la plaza de América y la plaza de Armas. El Salvador, cuya plantación se había aceptado en 1872, no se haría hasta principios del XX.

Definitivamente, Aníbal González, a partir de 1910, sería el que daría el impulso final para que el naranjo llegase a las calles, a las plazas y al recinto de la Exposición Iberoamericana de 1929. El impulso se multiplicaría a partir de 1970, pasando de 5.000 a 25.000 llos ejemplares de naranjo amargo, fundamentalmente, por la plantación de estos en las nuevas barriadas que rodean la ciudad histórica.

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¿Quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla? (II), una respuesta – 35

Voy a intentar dar una respuesta a la pregunta que nos hacíamos en el anterior artículo ¿Quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla?

Para dar respuesta, voy a echar mano, en primer lugar, del excelente trabajo que hicieron, en 1996, Sabina Rossini Oliva (Dra. Ingeniera Agrónoma) y José Elías Bonells (Jefe de Jardinería del  Ayuntamiento de Sevilla), El Naranjo Amargo de Sevilla:

«En nuestro interés por investigar cuando el naranjo amargo ha tenido su principal difusión como árbol urbano, aportamos documentos del Archivo Municipal de Excmo. Ayuntamiento de Sevilla donde comprobamos que Pablo Boutelou, en la memoria que realiza de su actuación como Director de Paseos en 1842, ya nos menciona las almácigas de naranjos y los granados que invaden las plantaciones existentes en la orilla del río (Jardines de las Delicias de Arjona).»

Los autores aportan más fechas en las que se demuestra como, progresivamente, el Ayuntamiento y los ciudadanos van solicitando la plantación de naranjos como ornato de los paseos y plazas.

«En el 1861 figura un expediente instruido relativo a extender la plantación de naranjos en los paseos interiores de la población con motivo de la plantación de la Plaza de la Magdalena revocándose el acuerdo por estimar que la falta de sombra era molesta para el vecindario, la plantación de naranjos que proponían se realizaba a costa del arranque de otros árboles frondosos existentes; una sensata decisión de los capitulares que defendían esta moción»

«En 1866, el Ayuntamiento subasta el fruto de los naranjos del municipio… existentes en las plazas de la Infanta Isabel y del Pacífico». (plaza Nueva y de la Magdalena)

«En 1869, una solicitud para que se plantan naranjos en vez de acacias en el Patio de Banderas«. La Comisión no entrará en ella al ser un bien de la Corona.

«1872, un expediente con motivo de solicitud de naranjos para el paseo del Salvador«. Hasta entonces estaban plantadas acacias. «La Comisión de Ornato no encuentra inconveniente en que se acceda a la pretensión.»

«En 1881, Fray José Maria Aguilar Misionero Apostólico y Capellán propio de la Capilla de la Expiración exconvento de la Mercedes solicita plantación de naranjos para el pórtico de dicha Capilla».

«En 1881, se han transcrito un aforo de la cantidad de fruto existente en el Municipio realizado y valorado por el capataz D.Francisco Marquez». Se citan aqui a las actuales plaza Nueva, plaza de la Magdalena, Cardenal Cisneros (se menciona por plaza de San Vicente y deduzco por lo que se dice en el siguiente párrafo que es esta calle y no Teresa Enríquez), la Alfafa, el Jardines de Cristina, las Delicias y la zona de la plaza de América y la plaza de Armas. «Quedan exceptuados de ese aprecio las naranjas agrias y limones del Paseo de la Plaza del Triunfo por estos destinadas para simiente».

«En 1882-1883 una solicitud de la comisión de Obras Publicas para la colocación de naranjos en la Plaza del Cincinato, hoy Teresa Enriquez»

«Siguen en 1906 en el que la comisión de Paseos y Jardines propone que se plantan arboles que reunan iguales condiciones que los plantados en Doña Maria Coronel en la que se habían plantado naranjos»

Concluyen al afirmar que «a partir del año 1929, con motivo de la Exposición Ibero-Americana, y después en los años 1960 /1970, con el crecimiento demográfico de la ciudad, Sevilla ha convertido el naranjo en el árbol urbano por excelencia… Sevilla capital en el año 1970 disponía de 5.000 unidades plantados. En la actualidad son más de 25.000 los naranjos en la vía publica, patios, plazuelas plazoletas»

Sin duda, la transformación de la ciudad a principios del XX con motivo de la Exposición de 1929 tuvo una importancia decisiva. Concluyo citando al profesor Jesús Palomero quien afirma lo siguiente:

«Como también de siempre parecen ser los naranjos en las calles, cuando son producto de la idea del mismo don Aníbal González, cuando en los años diez, en el concurso de casas sevillanas, sacó a la calle la decoración interior de los patios de las grandes casas de la Sevilla histórica. A partir de entonces fue cuando el azahar de las huertas y de los palacios se desparramó por las calles». J.Palomero – La invención de la tradición en Sevilla. Conferencia inédita pronunciada en la Universidad internacional Menendez Pelayo en 1990 en el seminario Invencion de la tradicion (cita extraída del artículo La reinvención de Sevilla en el primer tercio del siglo XX por José Macarro).

Continúa y concluye en ¿Quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla? (III) – Lo que yo creo
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¿Quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla? – 34

Al menos, en sus jardines, Andrés Navagero (1525-1528), embajador de Venecia, ya nos refiere la presencia del naranjo: “Hay también abundantes jardines, entre los que destaca el llamado de la Huerta del Rey, que pertenece al marqués de Tarifa, y en el que, además de un gran palacio y un bellísimo estanque, hay un naranjal del que se obtienen grandísimos beneficios de sus frutos. Yo he visto en este jardín y en otros jardines de Sevilla, naranjos tan altos como los nogales en Italia”. Pero ¿quién lo llevo a sus calles? ¿Quíen me lo cuenta?

¿Quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla? ¿Alguién lo sabe? ¿Cuándo fue?

¿Cuántos artistas buscan una obra que los perpetúe y resulta que plantar un naranjo es más que lo que cualquiera puede concebir? Aquí tenéis el azahar, la flor que nos anuncia la primavera, que recuerda que la Semana Santa ya llega.

Feliz primavera.

Continúa en ¿Quién plantó el primer naranjo en las calles de Sevilla? (II), una respuesta
 
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Cómo nos gusta que nos cuenten un cuento, la casa de los Pinelos (y V) – 33

A un buen porcentaje de nosotros nos gusta la verdad y la belleza pero lo que a todos nos gusta es que nos cuenten una historia aunque sea mala.

En los anteriores artículos sobre la casa de los Pinelo, habréis comprobado que, en el primero y el segundo, daba como propietario y constructor de la casa a Francisco Pinelo como era reconocido tradicionalmente y, en el tercero y el cuarto, a su hijo Jerónimo Pinelo tal como parece comprobado.

Realmente, me gusta más que sea Francisco Pinelo el propietario, da pie para hablar de un personaje muy importante de la época de los Reyes Católicos, amigo de Colón, financiador de sus dos primeros viajes, promotor de la casa de Contratación, de su familia, de sus hijos naturales. Lo que se dice un personaje. Pero aquí llega la ciencia y nos dice que el que labró la casa fue su hijo Jerónimo, un canónigo de la Catedral del que casi desconocemos todo.

!Nos chafaron la historia¡

Imaginemos a dos personas que entrasen en la casa y viesen el patio:

– ¡Qué bonito! – dijeron los dos.

– Sabes que el dueño de esta casa se llamaba Francisco Pinelo y que era muy amigo de los Reyes Católicos y de Colón.

– Ah – respondió el otro

Viendo el escaso interés, el primero buscó un tema de mayor peso:

– Tuvo dos hijos de su mujer y ¡tres o más naturales!. Menudas juergas que se montaría aquí con don Cristóbal.

– No me digas, cuenta, cuenta.

– Sí, pobre su mujer, tener que aguantarlo. Y encima, retrató aquí en los arcos a sus hijos y a sus amantes.

El otro, que no había reparado en los tondos de los arcos, empezó a escrutarlos detenidamente con mirada policial. Al ver uno con casco, preguntó:

– Ese ¿quién es?

– Creo que Julio César. Me parece que también era amigo suyo y compañero de juergas.

Y así siguieron charlando mientras disfrutaban viendo la belleza de las yeserías.

Y, ahora, con la historial real:

¡Qué bonito! – dijeron los dos.

– Sabes que el dueño de esta casa se llamaba Jerónimo Pinelo, un canónigo de la catedral.

– ¿Y?

– Pues eso, que era canónigo, no sé más.

– Bueno, esto está visto, ¿nos vamos a tomar una cervecita?

– Vale

Pues eso, que la ciencia nos echa muchas veces por tierra un buen cuento. Cuando se cuenta una historia, ésta debe ser verdadera y no las trolas de nuestros personajes que han oído campanas y no saben dónde. Pero es verdad que un cuento, un simple relato que capte nuestro interés hace, como en este caso, que nos acerquemos mejor a una verdad mayor; aquí, la belleza del patio renacentista. Los otros dos, con su historia verdadera pero alicorta, se quedan con la cervecita y no con el patio.

Juan Pablo Navarro
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La Casa de los Pinelos (IV) y Lorenzo Suárez de Figueroa – 32

Lorenzo Suárez de Figueroa fue quien le dio a la Casa de los Pinelos su aspecto renacentista. Como comentábamos en el anterior artículo sobre la casa, a la muerte de Jerónimo Pinelo, su hermano Pedro enajenó la casa a favor del cabildo metropolitano en 1523. Desde 1524 hasta su muerte en 1580, la habitaría el citado Lorenzo Suárez de Figueroa, canónigo de la catedral de Sevilla. Como otros canónigos coetáneos estuvo movido por el humanismo renacentista que plasmaría en la reforma que hizo de la casa.

En ésta, tiene principal importancia la del patio. Sustituyó los pilares de ladrilo propios del mudéjar por columnas de mármol procedentes de Génova y cubrió los arcos con yeserías. En estas, destacan los tondos con bustos de distintos personajes. El profesor Teodoro Falcón comenta que esta idea decorativa se inspira en la del claustro pequeño de la cartuja de Pavía (1460-1470). Como afirma, «con esta galería de personajes ilustres, desde los tiempos mitológicos hasta el presente, se trata e recordar en la época del Humanismo los grandes ciclos y los prohombres más importantes de la Humanidad». Entre estos, se encontrarían Alejandro Magno, el Gran Capitán, El Cid, Fernando el Católico, Escipión, Isabel la Católica, etc. a los que se unirían los progenitores de Lorenzo Suárez de Figueroa. No todos son originales de la época, ya que en el siglo XIX se encontraban muchos muy deteriorados y se labraron de nuevo.

(Este artículo concluye en Cómo nos gusta que nos cuenten un cuento, la casa de los Pinelos (y V))

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La casa de los Pinelos (III) y Jerónimo Pinelo -31

Blacón de la casa de los Pinelos - maratania

En los anteriores artículos, hemos tratado, como es tradicional, la casa de los Pinelos como la casa de Francisco Pinelo. ¿Es esto cierto? Teodoro Falcón lo negó en 2006 en su monografía «La casa de Jerónimo Pinelo» editada por la Fundación del Colegio de Aparejadores.

Teodoro Falcón afirma que la casa de Francisco Pinelo era una colindante, basicamente, la que sería hoy Argote de Molina, 17. En ella viviría desde al menos 1496 hasta su muerte en 1509. En las obras de rehabilitación del inmueble se han encontrado su blasón que muestra tres piñas de oro en un campo de gules. Sería, tal como afirma, la casa que fue testigo de las conversaciones de Francisco Pinelo y Cristóbal Colón, al menos desde su segundo viaje (1493-1496). A su muerte, la casa pasó a su hijo Pedro. Éste, en la escritura de venta al cabildo catedralíceo en 1523 afirma que su hermano Jerónimo «las hizo, labró y edificó e poseyó».

Mirador de la casa de Francisco Pinelo

Mirador de la casa de Francisco Pinelo

Siguiendo a Falcón, Jerónimo Pinelo adquirió las fincas donde, entre 1502 y 1520, levantó la casa de los Pinelos en la tradición gótico-mudéjar. A su muerte, la heredó su hermano Pedro, quien en 1523 se las vendió al Cabildo. A éste pertenecería hasta el XIX como residencia, fundamentalmente, de canónigos de la Catedral.

Lo que ocurrió después lo cuenta así:»A partir de la segunda mitad del siglo XIX albergó un centro de primera y segunda enseñanza, un almacén de alquiler de carruajes, una imprenta y las oficinas del Monte de Piedad. En 1862 residió ocasionalmente el futuro San Antonio María Claret. A partir de 1870 fye propiedad de la familia del Camino y de la Portilla y desde 1885 se habilitó como fonda, pensión y hostal Don Marcos. En 5 de febrero de 1954 fue declarado Monumento Nacional y, con posterioridad, Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía. En 1966 el inmueble fue adquirida por la firma comercial El Corte Inglés, siendo donado al ayuntamiento. A comienzos de la década de 1970 se realizaron en él una serie de obras de rehabilitación para destinarlo a sede de las Academias Sevillanas de Bellas Artes y de Buenas Letras.«

(Este artículo continúas en La Casa de los Pinelos (IV) y Lorenzo Suárez de Figueroa)

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