Maratania

La Casa de los Sánchez Dalvo – 30

Casa de los Sánchez Dalbo - Foto de Miguel Zapke

Casa de los Sánchez Dalvo - Foto de Miguel Zapke

El embajador y humanista veneciano Andrea Navagero, que conoció Sevilla con motivo de las bodas del emperador Carlos V en 1526, afirmaba que Sevilla se asemejaba más que ninguna otra ciudad de España a las italianas. En un siglo, la población de la ciudad se había triplicado y contaba ya con unos 130.000 habitantes. La riqueza del comercio con el Nuevo Mundo se reflejó en las casas construidas por la aristocracia local en donde se mezclan las corrientes del renacimiento con la tradición mudéjar que añade elementos tan sevillanos como los zócalos, yeserías y artesonados.

De este periodo, cerca de la casa de los Pinelos, en Guzmán el Bueno, 4, se haya una espléndida casa construida en el siglo XVI y reformada en el XVII y XIX. Conocida erróneamente por muchos como la casa Olea, conversando en una de sus salas con Enrique Moreno de la Cova, me afirmó que sus primeros propietarios fueron la familia de banqueros de los Sánchez Dalvo. Con este nombre aparece desde entonces en los libros de Maratania

portada de la casa de los sanchez dalbo - foto de miguel zapke - maratania

Portada de la casa de los Sánchez Dalbo - Foto de Miguel Zapke

Es de gran hermosura la portada de mármol en donde dos pilastras jónicas decoradas con formas vegetales sostienen el dintel. Sobre éste, seis ménsulas recogen el vuelo del balcón principal. Entre la portada y la cancela  se encuentra un amplio zaguán cubierto por un artesonado.

Como es característico, el edificio gira en torno al patio que cuenta con galerías en sus cuatro frentes. Las de la planta baja las forman arquerías con pilastras y frisos decorados por yeserías. Las de la planta alta las constituyen balcones separados por pilastras.

En el patio cubierto por gravilla, siguiendo el modelo de tantos palacios italianos (de igual manera que la casa de los Bucarelli de la calle Santa Clara), se sitúan dos estatuas romanas, procedentes de Peñaflor, y un sobrio pozo de mármol.

Es el de esta casa, uno de los más hermosos patios de Sevilla. Uno de aquellos de los que, como el de su casa natal en la calle Acetres, desde la añoranza del exilio, Luis Cernuda evocaba en Ocnos: …, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, … Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor… Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo”.

Juan Pablo Navarro
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Terremotos, muerte, sufrimiento y Dios – 29

James Joyce decía en su Ulises que hemos venido a aprehender los signos de las cosas.Terremotos, maremotos, guerra, horror, dolor y muerte nos interrogan ¿tiene esto algún sentido? ¿no son suficientes razones para negar a Dios? El que alega esta causa tiene la imagen de un Dios bueno, enemigo del mal. ¿No es éste el Dios de Jesús? Es una paradójica esperanza que, en estos tiempos de descreimiento, la imagen que Jesús dio de Dios sea en la que crean la mayoría de los agnósticos y ateos. Esto es una bendición, ya que los creyentes, agnósticos y ateos que creen en el Dios cristiano son hombres que buscan, aunque sea a ciegas, el camino que a Él lleva y libera, porque hay otros que adoran a Baal y a los becerros de oro que hacen esclavo al Hombre y lo  sacrifica en sus altares. En realidad, cuando no creemos en Dios, creemos en un ídolo; y esto vale para los que creen creer en Dios y para los que creen no creer en Él.

Para los cristianos, Jesús es Dios hecho Hombre. Como nosotros, compartió el sufrimiento, el mal y la muerte. Y ésta fue trágica: solo, abandonado por sus discípulos, desacreditado, vencido, torturado. Con la única compañía de algunas mujeres y del discípulo amado, su madre lloraba a un hijo que ante sus ojos moría en una cruz.

Pero los cristianos no creemos que Jesús acabó fracasando ante la muerte. Porque sabemos que Él nos enseñó que Dios está con el que sufre, que con cada hombre que acompaña al sufriente es Dios mismo el que se acerca. Porque sabemos que el Mal no tiene la última palabra y que el perdón nos redime. Y porque sabemos que la muerte no es el final, que la resurrección nos espera hoy siguiendo a Jesús y más allá de nuestra vida terrenal cuando miremos cara a cara al propio Dios

El genial Mingote lo explicaba de manera certera, válida para creyentes y no creyentes. En su viñeta, con el fondo de una paisaje de escombros, un soldado rescataba en brazos a una mujer y se leía:»Menos mal que él también es naturaleza».

Vuelvo a acudir a mi admirado Óscar Wilde y a su De Profundis escrito en su trágica estancia en la cárcel de Reading:

“Aunque a veces me regocijara en la idea de que mis sufrimientos fueran interminables, no podía soportar que no tuvieran sentido. Ahora encuentro… que no hay nada en el mundo que no tenga sentido, y el sufrimiento menos que nada…

El secreto de la vida es el sufrimiento…Cuando empezamos a vivir, lo dulce es tan dulce para nosotros, y lo amargo tan amargo, que inevitablemente dirigimos todos nuestros deseos al placer…ignorantes de que mientras tanto podemos realmente estar matando de hambre el alma.

Recuerdo haber hablado una vez sobre este tema con una de las personalidades más hermosas de cuantas he conocido: una mujer… una persona para quien la Belleza y el Dolor caminan de la mano y tienen el mismo mensaje…recuerdo haberle dicho que en una sola callejuela de Londres había un sufrimiento bastante para demostrar que Dios no amaba al hombre… Estaba totalmente equivocado. Ella me lo dijo, pero yo no lo podía creer. No estaba en la esfera en donde se alcanza la convicción. Ahora me parece que el Amor de alguna clase es la única explicación posible de la extraordinaria cantidad de sufrimiento que hay en el mundo…

Cristo realizó en toda la esfera de las relaciones humanas esa simpatía imaginativa que en la esfera del Arte es el único secreto de la creación. Él comprendió la lepra del leproso, la tiniebla del ciego, la fiera miseria de los que viven para el placer, la extraña pobreza de los ricos… te habría enseñado que le que le ocurra a otro te ocurre a ti…

Es el alma del hombre lo que Cristo anda buscando siempre. La llama el Reino de Dios y la encuentra en toda persona…»

Sí, es cierto, el sufrimiento, el mal y la muerte deben sernos una revelación y no una estéril pregunta sin fruto; contemplar a Cristo en nosotros mismos y en el otro  es la manera de enfrentarse a su sentido. Y aunque la duda nos haga andar con pies de plomo, cada vez, aunque solo sea una, que esta revelación nos alcance, sabremos que sí, que realmente vivimos y sabemos dónde vamos y a Quién vamos. Es ese el afán de cada día.

Juan Pablo Navarro
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La casa de los Pinelos (II) y Francisco Pinelo – 28

Galería de la casa de los Pinelos con retratos de la familia

Galería de la casa de los Pinelos con retratos de la familia

En el solar en que se construyó la casa de los Pinelos había estado la casa del gran visir en tiempos de la taifa de Sevilla y, tras la reconquista, fue vivienda de personajes principales vinculados a los reyes. A mediados del XV, pertenecía al Abad Fernando González (de quien se deriva el nombre de la calle: Abades) de quien pasaría a Francisco Pinelo quien construiría la casa que hoy conocemos.

Francisco Pinelo (Génova, ? – Sevilla, 1509) llegó a Sevilla en fecha incierta, tras su paso por Valencia, como agente de la banca genovesa. El Consulado de Génova era el más importante entre los extranjeros que se encontraban en Sevilla y, tras el Descubrimiento, su situación fue privilegiada. Entre sus componentes se encontraban personajes tan importantes como Tomás Mañara, Corzo Vizentelo y el propio Francisco Pinelo.

Francisco Pinelo estableció fuertes lazos con la aristocracia sevillana y con los reyes, de los que fue fiel ejecutor, ofreciendo su apoyo financiero para sus empresas. Prestó, así, a los Reyes Católicos dinero para la guerra de Granada y para el destierro posterior de Boabdil; trascendental fue su apoyo en los dos primeros viajes de Colón, a quien le unía una gran amistad (téngase en cuenta la muy probable procedencia genovesa de éste). Mantuvo, a su vez, una gran actividad comercial que se trasladaría al Nuevo Mundo tras su descubrimiento.

Su principal obra fue el impulso que dio a la Casa de la Contratación, siendo redactor de sus estatutos inspirados en los de Génova. Tenía como misión el control del monopolio del trafico con las Indias y se mantuvo en Sevilla hasta su traslado a Cádiz en 1717. Su gobierno era tripartito y sus tres principales cargos fueron el jurado Francisco Pinelo, el tesorero Sancho de Matienzo y el contador de la armada de Indias Jimeno de Bribesca

Francisco Pinelo y su mujer María de la Torre

Francisco Pinelo y su mujer María de la Torre

Volviendo a la casa de los Pinelos, en ella queda constatada la propiedad en la profusión de escudos de la familia que se encuentran en el artesonado de sus dependencias y, especialmente, en la galería de retratos que se encuentran en el patio y que serían de la familia de Francisco Pinelo. Visitando a nuestro ilustre vecino Eduardo Ybarra, que había colaborado con nosotros cuando Maratania publicó Sevilla, una mirada en el Tiempo, me comentó que había localizado entre estos a los que creía que eran Francisco Pinelo y su mujer, María de la Torre. Me pidió que les hiciéramos fotografías y así hizo Miguel Zapke. Luego las publicó en su quinta ración de Sevillanías (de donde extraigo, en gran parte, estas notas)  en donde los  describe así:

«Francisco Pinelo, fiel ejecutor de los Reyes Católicos en Sevilla, y su mujer Dª María de la Torre, ella con elegante tocado de matrona genovesa, y él con enérgicas facciones propias de la importante autoridad con que fue investido por los Reyes Católicos»

De su matrimonio nacieron Jerónimo y Pedro, que fueron canónigos de la Catedral, a los que se unen tres hijos naturales, legitimados por los reyes, Cristóbal, Luis y Juan. Ambos cónyuges están enterrados en la catedralicia capilla del Pilar de la que eran patronos.

Respecto a la casa, pasó a mitad del XVI a ser propiedad del Cabildo Catedral y, tras ser desamortizada en 1870, pasó a Francisco Camino, fundador de los famosos almacenes nombrados con sus apellido. Su última propietaria fue María Pérez de Guzmán y Pickman, a quien el alcalde Félix Moreno de la Cova convenció para que la adquiriese el ayuntamiento como sede de las academias sevillanas, lo que se formalizó el 9 de agosto de 1966.

(Este artículo continúa en La casa de los Pinelos (III) y Jerónimo Pinelo)

Juan Pablo Navarro
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La casa de los Pinelos – 27

la casa de los pinelos en sevilla 360º de Maratania

La casa de los Pinelos en Sevilla 360º de Maratania

Entre las casas sevillanas del XVI ocupa un lugar destacado la casa de los Pinelos. Procede su nombre de su fundador, Francisco Pinelo, genovés de origen y uno de los más ricos mercaderes de Sevilla. Hoy es la sede de las Reales Academias Sevillanas de Buenas Artes, Letras y Medicina. La casa consta de dos plantas rematadas por un mirador con un antepecho gótico de piedra calada y una techumbre mudéjar sustentada por arcos de medio punto. Los miradores se convirtieron en un elemento característico de muchas casas sevillanas de los que se conservan hoy todavía bellos ejemplos como en Cristo de Burgos 21, Argote de Molina 17 o Viejos 1.

El patio principal es, sin duda, de gran atractivo y de clara referencia renacentista, en donde los arcos de medio punto se adornan con yeserías platerescas, más profusas las de la planta baja que las de la alta. Destacan en la casa los zócalos de azulejos y los artesonados que se encuentran en algunas de sus dependencias, como en el gran salón de la planta baja.

Cuando el Corte Inglés derribó la casa de los Sánchez Dalp en la plaza del Duque para construir sus almacenes, restauró la casa de los Pinelos.

(Este artículo continúa en La casa de los Pinelos (II) y Francisco Pinelo)

Francisco Pinelo

Francisco Pinelo (Génova, ? - Sevilla, 1509) financió los dos primeros viajes de Colón y promovió la Casa de la Contratación de Indias. Según Eduardo Ybarra Hidalgo, este retrato de la casa de los Pinelos lo identifica. El propio Eduardo me pidio que hiciéramos esta foto cuando preparaba su quinta ración de Sevillanías. La foto es de Miguel Zapke.

Juan Pablo Navarro
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El tiempo de las bendiciones – 26

Las tentaciones de Gustavo Doré

Grabado de las tentaciones de Cristo por Gustavo Doré

El cristianismo vive durante 40 días la cuaresma, el tiempo de las bendiciones, el tiempo del perdón que culmina con Cristo en la cruz y con Cristo resucitado. En el camino que propone la cuaresma, ayer domingo, cientos de millones de personas reflexionaron sobre las tentaciones de Cristo (Mt 4, 1-11). Entre estas, aviso para despistados, no aparece ninguna Magdalena desfigurada por un superficial vendedor de best-sellers. No, Mateo nos sorprende con la profundidad con la que la comunidad cristiana, 50 años después de la muerte de Cristo, había reflexionado sobre Él, sobre el Mal, sobre las tentaciones que viviría la Iglesia y sobre cómo la juzgaría el Mundo. Asombra como esta comunidad insignificante e irrelevante en esos momentos se plantea que el mundo le va a interpelar con toda su fuerza.

Mateo nos presenta la escena con Cristo en el desierto, hambriento tras 40 días de ayuno. El diablo se acerca a Él y le tienta en tres ocasiones. Básicamente, ¿cuáles son?: la primera es por qué no satisface por cualquier medio el hambre; la segunda, por qué no nos demuestra la existencia de Dios y nos libra de la incertidumbre; la tercera, por qué no domina el mundo e impera sobre él. Muchos se preguntarán cómo Mateo puede considerar que estas sean tentaciones, ¿no es justo saciar nuestra hambre, probar la existencia de Dios, emplearse del poder para alcanzar un mundo justo? Pues sí, las son y a todas Cristo respondió un claro no. El Mal, cuando quiere embaucar al que busca el bien, siempre se presenta bajo la apariencia de lo mejor, de lo moral, de lo correcto, de lo real y constatable en donde Dios nos parece ilusorio e innecesario; sólo aparece bajo su realidad sucia y burda al que ya es esclavo de su poder.

No, no es o bueno usar nuestras facultades para obtener bienes materiales egoístamente olvidados del prójimo y de Dios, solo el pan no redime al hombre; no, no se alcanza la sabiduría sin el camino del aprendizaje; no, no da el fruto de la paz el dominar sino el servir.

Repasémoslas. Como decíamos, Cristo está hambriento en el desierto, en el lugar donde todo lo necesitamos, y se acerca el diablo y le dice «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes» y le responde: «está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Puedo imaginarme un hombre que posea todo lo necesario y lo útil. Puedo imaginarme su vida fría como el hielo. La propuesta de Cristo es diferente. El no niega el pan necesario, en la multiplicación de los panes veremos como da de comer a la multitud. Los momentos son diferentes, el primero, un sucedáneo de pan egoísta olvidado de Dios, el segundo, hombres que buscan a Dios, que oran a Él y que comparten fraternalmente. Es más, Cristo nos regalará otro pan, si en la tentación eran piedras convertidas en panes, en el segundo será pan convertido en Él mismo, en el propio Cristo, el pan que alimenta para siempre de la Eucaristía. Y es en ella, donde encontraremos la fuerza para dar el pan y la palabra al que no los tiene.

La segunda tentación cambia de escenario, en lo más alto del Templo de Jerusalén. Se nos presenta al diablo como un teólogo conocedor de las Escrituras: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra. Jesús le respondió: También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios». La tentación recuerda a la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro que cuenta Lucas en la que aquel, ya muerto, pide a Abraham que alguno de los muertos se presenten a sus hermanos, también ricos, para que se arrepientan y Abraham le responde: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán”. Cristo no nos ofreció una realidad más evidente que la que esta posee, no dio más prueba que su propia vida culminada en lo alto del templo del cruz, donde abandonado, fracasado y moribundo volvió a escuchar la misma tentación: «Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo», pero de su boca sólo salieron palabras de perdón. Y cuando llegó su hora definitiva, «el sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto, expiró». Sí, la única prueba es seguirle encomendados al Padre y vivir la experiencia de su yugo suave, de su carga ligera, aunque el camino te lleve a la cruz.

En la tercera, en una montaña muy alta, el diablo «le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: Te daré todo esto, si te postras para adorarme. Jesús le respondió: Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto». Es la gran tentación, usar nuestro poder dominador para salvar al mundo, cuántas veces habremos caído en ésta, cuántas veces hemos puesto la fe al servicio del poder y como consecuencia la fe se ha retraído. Y sin embargo, Cristo nos propone el camino inverso, no afirmarnos en nuestro poder sino negarnos, no el dominio sino el el servicio, el poder débil del Dios que se puede falsear, que se puede apresar, que se puede matar, pues sólo tiene la fuerza del amor, la fuerza del perdón en el que el perdonado y el que perdona se reconocen como hijos de Dios y se encuentran.

Cuando los cristianos damos pan sin Dios, erramos, cuando predicamos un dios agradable al mundo y que niega al hombre, idolatramos, cuando usamos el poder dominador para traer el Reino de Dios, es más, cuando ofrecemos el cristianismo como medio para conseguir el paraíso material aquí en la tierra, engañamos. Cristo lo que nos trajo fue a Dios y con su muerte, el Reino de Dios es ya, aquí, ahora, el tiempo de las bendiciones ya está aquí: el reino del que confía y se libera del miedo, el reino de la esperanza contra toda esperanza que nos permite caminar alegres sin tregua, del amor que nos lleva al perdón.

Y así, aunque el Mundo nos derrotara, nos abandonara o nos matara como a Cristo en la Cruz, el Mundo no tendría la última palabra porque entonces Dios daría órdenes a sus ángeles, y ellos nos llevarían en sus manos para que no tropezáramos con ninguna piedra y alcanzáramos la nueva vida porque, en el fracaso de la cruz, Cristo ya triunfó y nos regaló, ya para siempre, la vida eterna y allí conocer a Dios.


P.D.: ya sabéis los que alguna vez me habéis leído que he escrito varias veces sobre las casualidades. Cuando terminé este artículo sonaba la versión que Jeff Lynne hacía de la canción de George Harrison Give me Love: Dame Amor/dame paz en la tierra/dame luz/dame vida/ mantenme libre desde mi cuna/dame esperanza/ayúdame a soportar esta pesada carga/intentando tocarte y alcanzarte/oh mi Señor/por favor, agarra mi mano para poder comprenderte/¿No lo harás?

Juan Pablo Navarro
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Turismo de aventura en el Hotel Rusia de Moscú – 25

Hotel rusia

En la Plaza Roja, junto a la catedral de San Basilio, se levantaba el Hotel Rusia, el más grande del mundo. Este mamotreto alojaba en tiempos de la URSS a los miembros del PCUS, y cuando lo conocí, era otro de los vetustos hoteles donde apilar turistas y viajeros en la capital rusa.
5 de la mañana, 12º bajo cero, el taxi nos dejó frente a la entrada del hotel. Con maletas y bolsas de viaje para cuatros manos, entramos en el vestíbulo del hotel. A pesar de la hora, había cola en recepción. Después de la gélida y militar revisión de nuestra documentación, la recepcionista nos dio nuestras llaves.
Subimos a la planta, empezamos a andar, seguimos andando, continuamos andando. Por la numeración, la habitación no debía estar cerca. Llegamos a una esquina del hotel, donde había un restaurante. Los camareros dormían en los sillones. Uno de ellos, desperezándose, advirtió nuestra presencia y, con mal humor, se nos acercó. Por señas, logramos que nos indicase por dónde ir; bueno, en realidad, sólo nos señaló que «palante». Empezamos a andar, seguimos andando, continuamos andando, pasamos un vestíbulo con ascensores, seguimos andando y, ¡horror!, el pasillo está cerrado. A través de las puertas de cristales, nos parece ver que detrás hay un hospital; así era, éste se incrustaba en esa planta del hotel. Damos marcha atrás y volvemos al restaurante. Gesticulamos de nuevo con el camarero y creemos entender que hay que bajar al otro piso para superar la clínica y, una vez al otro lado, volver a subir.
Otra vez, empezamos a andar, llegamos al vestíbulo de los ascensores y cogemos el más cercano. Pulsamos el piso de abajo, no funciona, el del piso de arriba, tampoco. Mala suerte. ¡Hay cuatro ascensores, alguno funcionará!. Ninguno. Probemos el botón del vestíbulo y volvamos a empezar. Sí, sí funciona. Se abre la puerta y, ante nuestros ojos, aparece una enorme sala vacía (el hotel tenía un vestíbulo por cada cara y éste no tenía uso). Al fondo, un solitario empleado del hotel deambulaba aburrido. Al vernos, se acercó. Algo de suerte, chapurreaba español y nos indicó cómo salir de allí. Así, que con su ayuda, logramos superar la clínica por una planta superior y volver a bajar a nuestra planta.
Empezamos a andar, seguimos andando, continuamos andando, doblamos otra esquina con un restaurante indescriptible y, por fin, ya estábamos cercanos a nuestra habitación. Ya sólo nos quedaba superar el último trámite burocrático de los hoteles ‘soviéticos’, la responsable de planta, si no tienes tu boleto de la habitación, de aquí no pasas tovarich. Tras una hora de turismo hotelero, por fin llegamos.
Bueno, pensaréis que si hubiésemos escogido el camino correcto la cosa no hubiese sido para tanto. Sí, es verdad, pero os aseguro que andando rápido y conociendo el camino correcto, tardábamos ¡veinte minutos!
Lo triste es que el hotel lo han derribado, por lo que, apasionantes aventuras como ésta, ya no están disponibles en las agencias de viajes. ¡Qué pena!

(Este artículo tuve la suerte de publicarlo primero en www.triplannet.com, una fantástica página web donde los viajeros comparten sus experiencias)
Juan Pablo Navarro
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Viva el fútbol y viva la mística – 24

jugar al fútbolSí, me gusta el fútbol; sí, lo reconozco. Abro los periódicos por la sección de deportes; sí, es verdad. No aguanto aquello de cómo te puede gustar ver a 22 personas en calzoncillos detrás de un balón; no, no lo soporto. Que por qué me gusta; usted me lo pregunta y yo se lo respondo: el fútbol te permite experiencias que pocas cosas te ofrecen ni pagando sumas astronómicas ni regalando el mayor de tus esfuerzos.

Se ha especulado mucho sobre la épica del fútbol y yo lo suscribo, el fútbol es la épica de nuestro tiempo. Pero el fútbol es más, el fútbol es mística. Cómo puede considerarse si no la experiencia de gritar goooooooooooooool. Ni el mejor yogui consigue que el aire salga con una respiración tan profunda como ese grito, ni la mayor exaltación del místico que ve a todo en todos y todos en uno se puede comparar al abrazo exaltado con el vecino de asiento que ni siquiera conoces, ni la más placentera paz del que contempla el sol hundiéndose en el mar se puede comparar con el de ver ese balón atravesando la meta rival.

Sabemos del esfuerzo de años del opositor de notarías, de la inagotables horas para preparar una negociación, de las horas de viaje del que busca un destino pero ¿a cuántos que aprueban, tienen éxito o alcanzan su propósito han visto con la exaltación de un simple aficionado? y, si alguno de aquellos la alcanza,¿cómo compararla a compartirla con miles de personas formando un solo eco? No, no hay comparación, no busquéis, mejor, id al fútbol.

Sí, id al fútbol y descubrid los grados de la mística porque, evidentemente, hay goles y goles. Hay goles adocenados que dan tanto placer espiritual como una canción de Lady Gaga y goles al que solo alcanza a acercarse el misticismo de la música de Messiaen. Yo viví uno de ellos.

Levité, sí levite, lo repito lé ví té. No es una metáfora, no es una exageración, es una experiencia real. Un año antes era un hombre sin fe, había perdido toda esperanza de que mi equipo ganase algo y el mal amor de la envidia me fustigaba mientras por la mañana veía llegar a Sevilla a aficionados con camisetas barradas que venían de ganar una Copa. No, yo no lo viviría jamás. Era el 10 de mayo de 2006, mi rodilla llevaba meses dándome la lata y cojeaba y me dolía al mínimo esfuerzo. Luis Fabiano había marcado el primero, qué gol había gritado y con cuántos me había abrazado, y aquí llegó Maresca y entonces creí. Creí que por fin triunfaríamos, que mi esperanza contra toda esperanza llegaría y que la estruendosa alegría del amor a mi equipo estallaría y empecé a saltar, a saltar, a saltar. Sentí que mi rodilla ya no dolía, que no pesaba, que era ingrávido y un gozo supremo me colmaba. Levité, te digo que levité, que si me hubiesen dado el mundo lo hubiera levantado como Atlas, que todo el mundo era mi amigo, era mi hermano. Campeones, campeones, campeones. Hoy he vuelto a ver esos goles y el corazón me ha vuelto a latir con fuerza y me he emocionado. Ese momento no lo habría vivido sin el fútbol y yo, se los aseguro, soy de los tibios, imagínense los fanáticos.

Decidle, ahora, a los aficionados del Sevilla, del Betis o del Liverpool que el fútbol es ver a 22 en calzoncillos… Mejor, dejad de ser incrédulos y sed creyentes.

Middlesbrough 0-4 Sevilla, 10 de mayo de 2006, Sevilla campeón

El Caballo Español en los Museos Vaticanos desde 1514

El encuentro de León Magno con Atila - Rafael Sanzio, 1513-1514

Son ya unos cuantos años los que llevo colaborando con la ANCCE (Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española), sobre todo en el diseño y maquetación de su revista El Caballo Español. Por ello,  estoy atento a lo que leo sobre el PRE y no pudo dejar de llamarme la atención lo que escribe Vasari en su celebérrima «Vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos» (la primera edición es de 1550):

Atila, sobre un caballo negro cuatralbo y de frente estrellada, tan hermoso como es posible, levanta la cabeza con temor y gira el cuerpo huyendo. Hay caballos muy hermosos, y especialmente un andaluz manchado, cabalgado por una figura con todo el cuerpo cubierto de escamas a guisa de pez, copiado de la columna Trajana, en la que hay gente armada de esa forma.

Detalle del caballo descrito por Vasari

Detalle del caballo descrito por Vasari

Vasari está describiendo El encuentro de León Magno con Atila, obra de  Rafael Sanzio, entre 1513-1514, uno de los frescos más conocidos de las Estancias de Rafael de los Museos Vaticanos. Aunque la morfología del caballo que describe no nos recuerde a la morfología actual del PRE, sí afirma que el concepto de caballo andaluz y, por extensión, caballo español o PRE (Pura Raza Español) era un concepto ya acuñado y extendido por Europa en la Edad Moderna. La mención tiene mayor importancia en el sentido de que las Vidas de Vasari se puede considerar la obra inaugural de la Historia del Arte y de que Rafael es uno de los mayores maestros de todos los tiempos. Desconozco si habrá citas más antiguas, pero me parece que pocas razas equinas podrán competir con una más añeja y de mejores padres.