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Juan Antonio Campos Espina – Un fotográfo de inquieta fantasía

Caricatura de Juan Antonio Campor Espina

Caricatura de Juan Antonio Campor Espina

Era el año 2008. Enrique Lobo, con quien ya había hecho dos libros sobre las parroquias de San Juan y San Agustín de Marchena, me comentó que, para nuestro siguiente proyecto, sobre el Colegio de Santa Isabel, quería que trabajásemos con un amigo de su familia, Juan Antonio Campos.

Lo conocí en el casino de Marchena y descubrí aquel día a todo un personaje. Su voz ronca, sus bromas socarronas, sus quejumbrosos achaques fruto de haber vivido, palidecían ante su pasión por la fotografía. Venía de tiempos en que los montajes fotográficos se hacían tras innumerables cortas y pegas y vuelta a fotografíar y los efectos en las imágenes sólo se podían conseguir en el laboratorio. Gustaba de transformar los colores de las fotos, y su maestría le había permitido exponer por todo el mundo. Con la llegada de los programas de edición, se había adaptado a ellos para dar cauce a su fecunda imaginación; podía hacer andar al mismo Cristo por las calles de Marchena, transformar un paisaje, jugar con los colores o representar sus más fantasiosos sueños.

santa isabelLe acompañé en varias ocasiones a Santa Isabel y tuve la suerte de conocer su colección de fotos y a sus esplendidas mujeres, sus guadalupes, su mujer y su hija. Estaba feliz y de su cámara salió un libro fantástico: «El Colegio de la Encarnación, de la Compañía de Jesús a Colegio de Santa Isabel».

El año pasado, el autor del anterior libro, el admirable profesor Manuel Antonio Ramos, me llamó para que colaborase con él en la edición de un libro sobre la parroquia de San Sebastián. Volví así, a trabajar con Juan Antonio. Sus achaques habían empeorado y, sin embargo, se las ingenió para hace un sensacional trabajo. Sin embargo, tristemente, todavía no se había impreso el libro cuando tuvo el desgraciado accidente que, pasado un año, le ha llevado hasta su muerte el pasado 9 de febrero. Descansa en paz, Juan Antonio. Que Dios te guarde y que nosotros conservemos tu legado.

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El Colegio de la Encarnación, de la Compañía de Jesús a Colegio de Santa Isabel».

Monjas del Colegio de Santa Isabel, 2008

Monjas del Colegio de Santa Isabel, 2008

Julio Lobo García de Vinuesa, 1987

Julio Lobo García de Vinuesa, 1986

P.D. Las imágenes que muestro son solo una pequeña y poco representativa parte de la fotográfía de Juan Antonio. Vienen aquí, por estra relacionadas con sus trabajos para Maratania.
Juan Pablo Navarro Rivas
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Regala Sevilla con un libro

Compralo ya3Sevilla es un regalo para quien la conoce. Es un tesoro que nos es necesario compartir. «Y Sevilla» es el libro que hemos creado para regalarla. Es el fruto de quince años de búsqueda desde que fundamos Maratania y publicamos nuestro primer libro: «Sevilla, una Mirada en el Tiempo», al que siguió «Sevilla 360º».

Durante estos quince años, hemos llevado Sevilla a todas las partes del mundo, desde Georgia a Pakistán, desde Estados Unidos al barrio de San Vicente. Y ahora le toca el turno a «Y Sevilla»: El río, los barrios, los museos, las iglesias, sus casas, la provincia, su historia y sus protagonistas recorren el libro para que la reconozcamos más sabiamente y la hagamos más nuestra.

No te digo más,  solo te ruego que si puedes lo compres y, si quieres, lo regales. Muchas gracias.

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LA CIUDAD 10 El Guadalquivir 12 El Centro 16 Santa Cruz 18 San Vicente y San Lorenzo
20 La Macarena 22 Triana 24 La Palmera 26 Museos 28 El Museo de Bellas Artes 30 Las Fiestas 30 La Semana Santa 32 La Feria 33 El Corpus Christi 34 El Azulejo
ARQUITECTURA RELIGIOSA 38 La Catedral 40 La Giralda 41 Las Puertas 42 La Puerta de San Pedro 43 Las Vidrieras 44 El Altar Mayor 46 El Coro 47 La Capilla Real 48 La Sacristía de los Cálices 49 La Sacristía Mayor 50 La Sala Capitular 52 La Inmaculada y el Cristo de la Clemencia 53 El Catafalco de Cristóbal Colón 54 Santa Ana 56 Iglesias Mudéjares 57 San Marcos 58 La Cartuja 60 Conventos 62 Santa Clara 64 Madre de Dios
66 Santa Paula 68 La Caridad 70 Hospital de los Venerables 72 La Magdalena 74 El Salvador 76 Santa María la Blanca 78 San Luis
ARQUITECTURA CIVIL 82 Las Murallas 83 La Torre del Oro 84 El Alcázar 85 El Patio de la Montería 86 El Patio del Yeso 87 La Casa de la Contratación 88 El Palacio Gótico 90 El Patio de las Muñecas 91 El Patio de las Doncellas 92 El Salón de Embajadores 94 Los Jardines 96 El Pabellón de Carlos V 98 Casas del XV al XVII 98 La Casa del Rey Moro
100 La Casa de las Dueñas 102 La Casa de los Pinelos 103 La Casa de Mañara 104 La Casa de Pilatos 106 La Casa de los Bucarelli 108 El Ayuntamiento 110 El Parlamento 111 El Archivo de Indias 112 El Palacio Arzobispal 114 San Telmo 116 La Universidad 118 La Plaza de Toros 120 Casas del XVIII 122 Corrales de Vecinos 124 Casas del XIX 126 El Puente de Triana 128 El Parque de María Luisa 130 Casas Modernistas 132 La Joyería Reyes  134 Arquitectura Regionalista 136 La Exposición de 1929 138 La Plaza de América
140 La Plaza de España 142 Arquitectura Moderna
LA PROVINCIA 146 El Aljarafe 147 Itálica 148 La Campiña 149 Osuna y Marchena
150 Carmona 151 Écija 152 La Vega y el Bajo Guadalquivir 153 Lebrija 154 La Vía de la Plata 155 La Sierra Sur 156 La Sierra Norte

Juan Pablo Navarro Rivas
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La iglesia de San Luis de los Franceses – La lumbre de la Sabiduría

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Tenía quince años cuando entré por primera vez en la iglesia de San Luis. Me había pateado casi toda la ciudad y, sin embargo, nunca había entrado en ella hasta entonces. Fue gracias a una exposición sobre Duque Cornejo que organizó la Real Academia de Bellas Artes con ocasión del tercer centenario de su nacimiento. Quedé asombrado.

He tenido la suerte de haber estado, en varias ocasiones, solo o con mi amigo Miguel Zapke,  fotografiando este mundo de símbolos que es San Luis, acompañado por la discreta presencia y sabia charla del joven guía que solía estar sentado en el presbiterio, y de cuyo nombre me gustaría acordarme. Y el asombro seguía.

Creo que el asombro nacía de la comparación entre la magnificiencia de la sabiduría barroca que los jesuitas desplegaron en San Luis y la ignorancia analfabeta de un iletrado del siglo XX como yo. Cualquier persona del siglo XVIII hubiese podido leer sus retablos y signos entendiendo su alfabeto. Hubiesen comprendido por qué la luz iluminaba a una hora y no a otra ese retablo. Por qué esa calavera tenía dientes y tantos porqués de los que yo ni me cuestionaba

Y agradezco ese asombro, pues solo al reconocerse uno habitante de las sombras puede reconocer el camino que te alumbra la vida. Por ello, volveré siempre allí para contagiarme de su luz y salir de mis sombras, y sentirme, en mi pequeñez, parte de su inmensidad.

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san luis.14san luis.4San Luis de los Franceses, destinado a ser iglesia del noviciado de los jesuitas, se inició en 1699 y se terminó en 1731 durante la estancia de la corte de Felipe V en Sevilla (1729- a 1733), siendo, sin duda, el nombre del templo un indudable halago a la nueva dinastía borbónica.

En la antiguamente llamada calle Real, por donde los reyes entraban en Sevilla, en una zona donde surge y predomina el mudéjar (San Marcos, Santa Marina u Omnium Sanctorum) se encuentra de forma paradójica uno de los templos barrocos más importantes de Europa. Obra plena y completa, con todos los elementos dirigidos a alcanzar un fin unitario. Una planta de cruz griega que parece un círculo, impresionantes retablos y murales que nos dirigen a la cúpula que parece infinita y, por tanto, eterna. Se configura así un espacio formidable, abigarrado y luminoso de exaltación de la Compañía de Jesús. En ello, tuvo gran importancia la supervisión por los jesuitas de sus trazas, en las que influyen los templos romanos del seiscientos, en especial la iglesia de Santa Inés de la plaza Navona, y la idea jesuítica del Templo de Salomón.

san luis 6El autor de las trazas de San Luis fue Leonardo de Figueroa y también intervinieron Antonio Matías de Figueroa y Diego Antonio Díaz. Dos torres octogonales flanquean el pórtico de entrada. Detrás surge la airosa cúpula sobre el tambor circular. Cubierta por tejas de azulejos, la remata una esbelta linterna. Como en otros monumentos sevillanos, la iglesia de San Luis se une al resto de los edificios de su entorno sin que casi nada avise, salvo un leve retranqueo, de su singularidad. Por ello, la visión de su genial cúpula casi se hace imposible de contemplar desde la calle.

El edificio presenta planta de cruz griega, terminando los brazos de la cruz a manera de exedra. En las intersecciones de los brazos se sitúan los potentes machones que sostienen la cúpula. Ésta constituye el elemento central del templo que, como símbolo de la gloria celestial, busca expresar la eternidad a quien la contempla. En el tambor se abren grandes ventanales que procuran una espléndida iluminación al interior. La cúpula se decora con pinturas arquitectónicas de Lucas Valdés que acentúan la sensación de altura de ésta, aparecen también pintados distintos elementos del judaísmo como el arca de la alianza, el candelabro de siete brazos o el mar de bronce. En la base de la cúpula se sitúan figuras con cartelas que indican las virtudes del buen religioso, humildad, misericordia, obediencia,…

san luissan luis.10san luis 12 El retablo principal lo realizó Pedro Duque Cornejo en 1730. Mezcla elementos de los más diversos formatos: pinturas, esculturas, espejos, relicarios y otros motivos ornamentales. Este exuberante conjunto se cubre por un gran dosel que se remata en una corona real. A ambos lados, se encuentran los retablos menores dedicados a San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola. Los dos tienen un formato similar y cuentan con pinturas de Domingo Martínez (h.1690-1749) sobre la vida del santo, con relicarios, espejos y ornatos al estilo rococó. San Francisco Javier, obra de Hinestrosa, aparece buscando el crucifijo que le regaló San Ignacio y que había perdido en una playa de la India. San Ignacio de Loyola, obra de Duque Cornejo, se representa en la cueva de Manresa redactando los Ejercicios Espirituales. Los restantes retablos del templo se dedican también a santos jesuitas y son obras de Duque Cornejo y Domingo Martínez.

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La presencia de los jesuitas en la ciudad se remonta a 1554 con la llegada del Padre Alonso de Ávila, el primer jesuita sevillano, y el Padre Gonzalo González. En la Encarnación levantaron su Casa Profesa (1557) con la renacentista iglesia de la Anunciación de Hernán Ruiz II, donde se estableció la Universidad tras la expulsión de los jesuitas en 1767. Además, contaron con el Colegio de San Hermenegildo (1580), el Colegio de los Ingleses (1592), el Noviciado de San Luis (1609) y el Colegio de Becas (1620). Tras sufrir las expulsiones de 1835, 1856, 1868 y 1932, los jesuitas no tienen ya vinculación con ninguno de sus edificios históricos. Hoy día, la Residencia de los PPJJ en Jesús del Gran Poder y el Colegio Inmaculado Corazón de María, fundado en 1905, son sus principales centros en Sevilla.

Juan Pablo Navarro Rivas
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El Hospital de los Venerables – La herencia de dos mecenas: Justino de Neve y Javier Benjumea

El Hospital de los Venerables lo fundó el canónigo Justino de Neve(Sevilla, 1625 – Sevilla, 1685)  para el cuidado de sacerdotes ancianos e impedidos. Era hijo de una rica familia de mercaderes flamencos; ayudó a artistas como Murillo y costeó obras como la de Santa María la Blanca o la de este Hospital. Gracias a Javier Benjumea, desde 1987 es sede de la Fundación Focus-Abengoa, institución fundamental para la cultura sevillana.

La construcción la comenzó en 1676 Juan Domínguez y la continuó, hasta su conclusión en 1698, Leonardo de Figueroa. El edificio se articula alrededor del patio central; en uno de sus costados se abre la iglesia. De una sola nave, destacan en ella los frescos que cubren sus paredes. Iniciados por Juan de Valdés Leal en la bóveda del presbiterio, los concluyó su hijo Lucas Valdés. La iglesia se decoraba con pinturas de Murillo, que fueron robadas en 1810 por el mariscal Soult, como la Inmaculada de los Venerables, hoy en el museo del Prado.

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La Inmaculada de los Venerables (hoy en el Prado) en su narco originario

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Juan Pablo Navarro Rivas
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La Capillita de San José – Un remanso de paz en la calle Sierpes

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Tengo los suficientes años para recordar una calle Sierpes diferente; cuando era la casi única calle peatonal de Sevilla, existían corrillos de ganaderos que remataban sus negocios, uno podía entrar en los Corales donde habitó Belmonte o surtirse de los más variados objetos en sus sevillanos comercios, algunos centenarios. Poco a poco se fueron yendo: la Heladería Fillol, Deportes Z, Idígoras… De entonces, poco queda: La Campana, la Papelería Ferrer,  la Capillita de San José, en la cercana calle Jovellanos, y poco más.

Sí, allí sigue esta capilla que levantó el gremio de carpinteros en honor de su patrón, algunas veces tranquila, otras veces llena a la hora de Misa, ofreciendo un remanso espiritual al reñido mercadeo que le rodea, asombrando con el fastuoso repertorio de retablos de madera que se desarrolla en  su pequeño espacio:  el retablo mayor cubre el presbiterio y se expande sin solución de continuidad con los retablos laterales;  la asombrosa obra de Cayetano de Acosta de 1766, anterior a su obra maestra, el retablo mayor del Salvador.

Es la edad que no perdona, te desarraiga de los asideros de tu memoria y te hace forastero en tu propia casa. Por eso valoro cada zaguán que se abre, cada cierro que permanece, cada iglesia con fieles, que me rescatan una Sevilla más noble, más bella, más sabia y que poco a poco se nos va.

santa jose 8jpgSan Jose 2 San Jose 3 San Jose 4 San Jose 6 santa jose 7

 

Fabiola, 2 – Un gran edificio del XVII

fabiola 2La calle Fabiola posee un excelente conjunto de casas históricas que van desde el siglo XVII al XIX. Entre éstas, podemos destacar su número 1, sede de la Fundación Cristina Heeren, el número 5, al que ya hemos dedicado una entrada de esta bitácora, donde nació el cardenal Wiseman, autor de la novela Fabiola, y ésta que hoy nos ocupa.

Destaca por sus generosas proporciones. Tiene dos plantas y un ático, al que se abren vanos de medio punto, tal como era tradicional en esta planta dedicada a la servidumbre. La portada y el balcón principal se sitúan de forma asimétrica en su fachada con tres vanos a la izquierda y dos a la derecha. El último tramo se adapta a la curva que ya emboca a la calle Aire.

Juan Pablo Navarro Rivas
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Casa de Juan de Oviedo – Dos Hermanas, 4

Dibujo del patio a partir de una foto de Arquitectura Civil Sevillna

Dibujo del patio a partir de una foto de Arquitectura Civil Sevillna

dos hermanas 4El callejón de Dos Hermanas se sitúa en el lugar donde probablemente estuvo una de las puertas de la ciudad en época romana. Se entra en él pasando por debajo de uno de los escasos pasadizos volados que han sobrevivido a la piqueta; junto a otros como el de la calle Techada y la calle Fortaleza. Unía la casa de Altamira (hoy, Consejería de Cultura) y la casa del marqués de Dos Hermanas (hoy, entrada al hotel de las Casas de la Judería).

Este estrecho callejón, bordeaba la casa que hoy nos ocupa y llegaría hasta la calle Verde. Sin embargo, con el tiempo, acabó formando parte del solar de aquella. Hoy, su fachada ocupa el fondo de este adarve.

Esta casa de Dos Hermanas, 4, se atribuye al afamado arquitecto Juan de Oviedo (1565-1625), autor del convento de la Merced, actualmente Museo de Bellas Artes. Su bellísima portada de piedra sigue los postulados propios del manierismo. La forman dos pilastras dóricas de fuste acanalado que sostienen el entablamento; el balcón se sitúa en el centro de un frontón partido y lo enmarcan jambas molduradas

Fuente: Arquitectura Civil Sevillna

Fuente: Arquitectura Civil Sevillana

Es singular en este edificio que el patio se encuentre al fondo,
muy separado de la entrada.
En el centro de éste, se conserva una fuente de azulejos de planta estrellada. En uno de sus ángulos, con vistas a la calle Verde, se encuentra un típico mirador sevillano con arcos sobre columnas.

Este edificio fue rehabilitado por el arquitecto Luis Fernando Gómez Stern, dentro de la rehabilitación que llevó a cabo el duque de duque de Segorbe, Ignacio de Medina y Fernández de Córdoba, en el barrio de San Bartolomé, para usarlo como residencia de éste y de Maria da Glória de Orleans e Bragança, princesa imperial del Brasil.

Juan Pablo Navarro Rivas
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Un atraco en los setenta en la calle Aire – Y, ahora, tan amigos – (207)

Makinavaja, el chorizo que imaginó Ivá

Makinavaja, el chorizo que imaginó Ivá

En lo años setenta, el «chorizo» era miembro característico de la fauna hispalense. Pocos fueron los colegiales de aquella época que se libraron de su atraco a punta de navaja. Su interés era trincarte tus pocas monedas, el reloj o cualquier otra cosa de valor que llevases. Su violencia tenía como interés el hurto y no mostrar su superioridad, tal como vino después. Así que, si no te enfrentabas, lo normal era que salieses ileso.

Un día de aquellos años, volvía del colegio con mi amigo Pepe y, cuando embocábamos la calle Aire, vi que, de espaldas a la calle Mármoles, venías dos personajes inconfundibles.

– Pepe, vienen hacia nosotros dos «chorizos».

A pesar de ello, seguimos andando y, al llegar a la mitad de la calle, nos sacaron un enorme cuchillo. Uno de ellos era delgado, con el pelo algo más largo por detrás y cortado recto, y aspecto de sieso. El otro era gordo y tenía un ojo de cristal.

– ¡Dadnos lo que tengáis¡ -nos dijo el canijo.

No sabían con el par de tiesos con los que se habían encontrado. Empezamos a hurgar en nuestros bolsillos y de ellos no salieron ni diez pesetas.

– ¿No tenéis mas? ¡Qué esto pincha¡ -nos espetó de nuevo el canijo.

El del ojo de cristal empezó a buscar en nuestro cuello y en nuestras muñecas y descubrió mi reloj.

– ¡Pero si es muy malo, si no tiene ni un  rubí¡ -el rubí, esa medida de la calidad de los relojes que todos conocíamos antes de que llegase nuestra era digital.

El gordo sonrió y lo dejó en mi muñeca. Nos miró a los dos y, de repente, nos dio a cada uno un abrazo y se despidió diciendo:

– Y, ahora, tan amigos.

Respirando aliviados, nos alejámos contentos, satisfechos tras conocer a nuestras nuevas amistades.

Juan Pablo Navarro Rivas
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