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La casa de Altamira en Sevilla – De residencia de los duques de Béjar a sede de la Consejería de Cultura – 58

palacio de altamira sevilla DSCN2783 - ©maratania

La casa de Altamira se encuentra en la calle Santa María la Blanca. Tal como comentaba en La casa de los Mañara y la judería sevillana, esta fue el eje de la judería sevillana hasta la insurrección popular contra ellos en 1391. Aunque Enrique III, rey de Castilla de 1390 a 1406, promulgó varios edictos para acabar con la violencia, la consecuencia fue la desaparición de la comunidad judía en Sevilla.

Esta insurrección tuvo relación directa con el origen de esta casa. Diego López de Estúñiga  (Castañares, Burgos, ca. 1350 – Valladolid, 1417)  justicia mayor de Castilla, junto a Juan Hurtado de Mendoza, fue el encargado de acabar con el motín popular y, en recompensa,  recibió en 1396, el solar donde se levanta el edificio que nos ocupa.

El edificio quedó vinculado a los Zúñiga, duques de Béjar desde 1485. En 1575, Felipe II concedió el marquesado de Villamanrique a Álvaro Manrique de Zúñiga (ca. 1540 – Madrid, 1590), Virrey de la Nueva España de 1585 a 1590, el cual era el más joven de los hijos del duque de Béjar. Con el matrimonio en 1707 de Ana Nicolasa de Guzmán y Córdoba Osorio Dávila, VI marquesa de Villamanrique, con Antonio Pedro Gaspar de Moscoso Hurtado de Mendoza, X conde de Altamira, la casa quedó vinculada en su nombre con este título.

La configuración del edificio se realizó en el siglo XV y recibió numerosas reformas durante el XVI. Los arquitectos Antonio Cruz y Antonio Ortiz mostraron en la memoria de restauración del edificio que la planta de este palacio mudéjar respondía al del palacio de Pedro I en el Alcázar. En el patio de los Azulejos, las dependencias domésticas se distribuyen a su alrededor al modo del de las Muñecas y, en el Principal, las dependencias del palacio se distribuyen alrededor de éste del mismo modo que se distribuyen en el de las Doncellas del Alcázar. Tal como describe Teodoro Falcón, «al sur se ubica el trasunto del salón de Embajadores; al este el equivalente al salón de Carlos V (salón de Invierno)… Al oeste el salón de Verano, que corresponde al Dormitorio de los Reyes Moros.

Traza y plano del jardín y hueta que la duquesa de Béjar tiene en su casa en la ciudad de Sevilla - Archivo Histórico Nacional

Traza y plano del jardín y huerta que la duquesa de Béjar tiene en su casa en la ciudad de Sevilla – Archivo Histórico Nacional

En el primer cuarto del siglo XVII, se levantó la fachada manierista que conservamos del edificio. Atribuida a Juan de Oviedo, Teodoro Falcón se inclina por Vermondo Resta (Milán, Italia, 1555 – Sevilla, 1625). Éste influyó notablemente en la arquitectura manierista sevillana de principios del seiscientos. Desde 1604 fue maestro mayor del Alcázar, en donde realizó el Apeadero e importantes labores en los jardines, en las que destaca la galería de Grutescos. Por otro lado, en 1628, realizó el desaparecido corral de comedias de la Montería en el interior del Alcázar, el cual funcionó hasta 1679 cuando se prohibieron las representaciones teatrales en Sevilla. A él también se deben la iglesia del convento de San José (las Teresas), el Hospital Real (antigua sede de la Diputación) o las casas adosadas a la torre de la Plata en la calle Santander.

En el siglo XIX, la casa se desvinculó de la familia y, como tantas otras en Sevilla, se transformó en casa de vecinos. Muy deteriorada, la rehabilitación, llevada a cabo por Francisco Torres Martínez, se concluyó en 1999 y, desde entonces, es sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Esta rehabilitación fue Finalista en la V Bienal de Arquitectura Española. Francisco Torres, profesor en las Escuelas Superior de Arquitectura de las Universidades de Sevilla y Madrid, ha sido responsable de numerosas restauraciones: del Parlamento de Andalucía en Sevilla, del Pabellón de Cuba en Sevilla, de los baños califales de Córdoba, …

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco con textos de Teodoro Falcón

P.D.: Los textos que ve en este artículo y en otros de la bitácora sobre las casas de nuestra ciudad son de mi autoría, sin embargo, hemos publicado Casas Sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco con textos de uno de los máximos expertos en arquitectura sevillana, el catedrático Teodoro Falcón. Le aconsejamos su adquisición en cualquier librería.
Columnas del patio principal de la Casa de Altamira

Columnas del patio principal de la Casa de Altamira en Casas Sevillnas desde la Edad Media al Barroco

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La casa de los marqueses de la Algaba – Sevilla – 57

Palacio de los marqueses de Algaba y Omnniun Sanctorun

Dibujo de Joaquín Guichot de la casa de los Marqueses de Algaba

Dibujo de Joaquín Guichot de la casa de los Marqueses de Algaba

Situado en la calle Arrayán, a las espaldas de la iglesia de Omnium Sanctorum, la casa de los marqueses de la Algaba, en la que destaca su balcón gótico mudéjar, fue levantada hacia 1474. Como otros edificios palaciegos, imita la tradición mudéjar del palacio de Pedro I en el Alcázar.

Fue mandado construir por el primer señor de la Algaba, Juan de Guzmán, y por su hijo Luis. La casa perteneció a la familia hasta la desaparición del mayorazgo en 1882. Ejemplifica bien, desde entonces, la tumultuosa vida del caserío sevillano;  se utilizó como teatro, casa de vecinos, almacén e, incluso, sus jardines, como cine de verano. Finalmente, fue restaurado por el Ayuntamiento para usos municipales. Muchas edificios históricos no tuvieron la misma suerte y sucumbieron a la piqueta de un supuesto progreso.

Tenía un arquillo que unía el palacio con el coro de la iglesia de Omnium Sanctorum de la que eran patronos. Como los demás que había en la ciudad, se derribó en el siglo XIX

El Marquesado de la Algaba es un título nobiliario español creado por el rey Felipe II en 1568 a favor de Francisco de Guzmán, hijo del IV Señor de La Algaba.

Palacio de los marqueses de Algaba y Omnniun Sanctorun por Richard Ford (1831). El mercado de la calle Feria se amplió en 1837, impidiendo la vista diáfana del palacio y su portada tal como se ve en el dibujo de Ford.

 

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco

Portada de Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco con textos de Teodoro Falcón

P.D.: Los textos que ve en este artículo y en otros de la bitácora sobre las casas de nuestra ciudad son de mi autoría, sin embargo, en noviembre de 2012 hemos publicado Casas Sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco con textos de uno de los máximos expertos en arquitectura sevillana, el catedrático Teodoro Falcón.

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La web de Maratania renovada

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Miguel Zapke y la fotografía de 360º

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La Casa de Pilatos – la casa de los Ribera – la casa de los duques de Medinaceli – Sevilla – 53

La Casa de Pilatos en "y Sevillaº de Maratania

La Casa de Pilatos en «y Sevillaº de Maratania

La Casa de Pilatos, junto al Palacio de las Dueñas de los duques de Alba, constituye la más notable muestra de arquitectura palaciega sevillana del siglo XVI. Coincide con la época en la que Sevilla, con el Descubrimiento de América, alcanza su cenit. Durante este periodo, que abarcó desde 1492 hasta la gran epidemia de 1649, Sevilla se convirtió en la ciudad más populosa e importante de España y la tercera mayor de Europa. Con el monopolio del Tráfico al Nuevo Mundo, el caudal de riquezas que entraba a través del Guadalquivir atrajo a comerciantes, artistas, buscadores de fortuna y amigos de lo ajeno, personajes de toda índole y condición que configuraron una sociedad sin par en la Europa del XVI.

La construcción de la Casa de Pilatos la inició Pedro Enríquez, Adelantado Mayor de Andalucía hacia 1492, y su mujer Catalina de Ribera. Su hijo, Fadrique Enríquez de Ribera, amplió el palacio hasta su muerte en 1539. Su aspecto definitivo se debe a su sucesor, Per Afán de Ribera, virrey de Nápoles, el cual legó gran parte de la colección arqueológica que se conserva en el palacio.

En la Casa de Pilatos se armonizan sabiamente diversos estilos en un complejo conjunto de edificios en torno a sus patios y jardines. El palacio se abre a una plaza, aspecto característico del urbanismo sevillano desde el siglo XV, cuando la nobleza como ostentación de su poder, las constituían delante de sus residencias.

Su portada de mármol, a modo de arco triunfal, es una obra renacentista realizada en Génova por Antonio María de Aprile en 1529. En el friso, entre los escudos de la familia, una inscripción recuerda el viaje de Fadrique Enríquez de Ribera a Tierra Santa. Una crestería gótica, procedente del palacio que los Ribera tenían en Bornos, remata los muros de la fachada, entre la que se incrustan tres cruces de Jerusalén. A la izquierda se sitúa una hornacina de jaspes policromados con una cruz de 1630.

Espléndido y singular es el patio central con sus arcos de formas irregulares decorados con una exuberante decoración de yeserías mudéjares. La solería y columnas de mármol, las estatuas y la fuente que lo adornan, ofrecen al patio un indudable carácter clásico. En los vértices se sitúan dos Palas Atenea, copias romanas de originales griegos, una Ceres fructífera y una Musa. La bella fuente central presenta un pilar con delfines que se remata con el busto del bifronte Jano. La galería baja del Patio se rodea por un espléndido zócalo con azulejos de cuenca y con veinticuatro claraboyas con bustos de emperadores romanos más los de Cicerón y Carlos V, procedentes en su mayoría de un regalo papal.

Las distintas dependencias que se abren al Patio tienen nombres relacionados con escenas de la Pasión: el salón del Pretorio, el del Descanso de los Jueces, la capilla de la Flagelación o el Gabinete de Pilatos. Todos ellos aluden al viaje que, en 1519, el primer Marqués de Tarifa, Fadrique Enríquez de Ribera, hizo a Jerusalén con doce criados, como si fueran los doce apóstoles. A su vuelta, estableció el Vía Crucis desde su casa, con la primera estación con el juicio de Jesús en casa de Poncio Pilatos, hasta el Humilladero de la Cruz del Campo. Ello llevó a la creencia popular de que el edificio copiaba el Pretorio de Jerusalén e, incluso, cuentan que había un criado que al mostrar el palacio decía: “aquí estaba sentado San Pedro cuando negó a Nuestro Señor, y allí se escondía la sirvienta que lo reconoció”.

Actualmente, es residencia de los duques de Medinaceli.

La Casa de Pilatos en "Casas Sevillnas desde la Edad Media hasta el Barroco" con textos de Teodoro Falcón editado por Maratania

La Casa de Pilatos en «Casas Sevillnas desde la Edad Media hasta el Barroco» con textos de Teodoro Falcón editado por Maratania

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La casa de los Mañara y la judería sevillana – 42

La Casa de mañara en "Casas Sevillanas desde el barroco a la Edad Media - Maratania48

La Casa de Mañara en «Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media — Textos de Teodoro Falcón – Maratania

La casa de los Mañara se encuentra en la calle Levíes, nombre que pervive desde la época medieval, cuando vivía en ella la familia judía de los Levy. En ella destaca Samuel Levy, tesorero de Pedro I. Era en los actuales barrios de San Bartolomé y Santa Cruz donde se asentaba la judería, la segunda más importante del reino tras Toledo. Unas murallas la aislaban del resto de la ciudad y las actuales Santa María la Blanca y San José constituían su calle principal y hoy el claro límite entre ambos barrios. Los judíos constituían una comunidad rica y poderosa que, sin embargo, desapareció con el asalto a la judería en 1391 por el pueblo excitado por las prédicas del arcediano de Écija Ferrán Martínez. Contaba con tres sinagogas que se convirtieron en templos cristianos, la de San Bartolomé, la de Santa María la Blanca y la desaparecida de Santa Cruz. Quedó rota así la convivencia entre cristianos y judíos desde la reconquista. Ésta fue definitiva con las expulsiones de 1483 y 1492.

En el siglo XVI se transformó el entramado urbano con la fundación de conventos, iglesias, corrales de vecinos y palacios. A principios del XX, el marqués de Vega-Inclán realizó una serie de reformas que convirtieron al barrio de Santa Cruz en el enclave turístico por excelencia mientras que el barrio de San Bartolomé mantuvo un carácter popular con sus calles estrechas y sinuosas de origen islámico.

La Casa de Mañara en “Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

La Casa de Mañara en “Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

Es, en este último barrio, donde don Diego de Almansa mandó edificar, en torno a 1535, el palacio que, desde 1623, se convirtió en residencia de los Mañara. Ésta era una de las numerosas familias foráneas, en este caso de Córcega, que se asentaron en Sevilla en el siglo XVI, enriqueciéndose de manera que llegaron incluso a alcanzar la hidalguía. El más conocido de esta familia es Miguel Mañara (1626-1679), quien tras la muerte de su esposa en 1661, abandonó su vida mundana para dedicarse al servicio de los pobres. En 1671, dejó su palacio para residir en una casa más humilde en la calle que hoy lleva su nombre y, en 1677, a la más humilde celda de su Hospital de la Caridad.

La fuente de la Casa de Mañara en "Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media - Maratania

La fuente de la Casa de Mañara en «Casas Sevillanas desde el Barroco a la Edad Media – Maratania

La bella portada de mármol está flanqueada por dos columnas toscanas de fuste acanalado que sostienen un entablamento entre cuyas ménsulas se alternan bucráneos (cráneos de buey) y mascarones femeninos, sobre el que se encuentra el sencillo balcón central. La larga fachada se estructura con pilastras de distribución irregular y el alero se cubre de tejas, salvo en las dos últimas calles, en donde se dibuja una terraza con un original diseño de su antepecho rematado por pináculos. En su fachada se observa el gusto proveniente del seiscientos sevillano de imitar sillares u otros elementos en las fachadas, forma barata y eficiente de dar una visión nueva a un paramento liso.

Este palacio sigue el modelo de casa palacio sevillana asentado durante el siglo XVI. El edificio se articula en torno a un patio principal alrededor del que se distribuyen las dependencias y donde se centra el lugar de descanso y recreo de sus residentes. Este patio se rodea por arquerías en cada una de sus plantas con arcos semicirculares en la baja y rebajados en la alta. En su centro se muestra una bella fuente de mármol, posiblemente de artífices italianos que trabajarían en el palacio. Sobre su pedestal, cuatro niños-hermes derraman el agua a través de los odres que sujetan sus manos.

Este edificio, que llegó a usarse como colegio y estuvo abandonado durante largo tiempo, se rehabilitó acertadamente entre 1989 y 1992 por F. Villanueva Sandino para sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Juan Pablo Navarro Rivas
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Cómo nos gusta que nos cuenten un cuento, la casa de los Pinelos (y V) – 33

A un buen porcentaje de nosotros nos gusta la verdad y la belleza pero lo que a todos nos gusta es que nos cuenten una historia aunque sea mala.

En los anteriores artículos sobre la casa de los Pinelo, habréis comprobado que, en el primero y el segundo, daba como propietario y constructor de la casa a Francisco Pinelo como era reconocido tradicionalmente y, en el tercero y el cuarto, a su hijo Jerónimo Pinelo tal como parece comprobado.

Realmente, me gusta más que sea Francisco Pinelo el propietario, da pie para hablar de un personaje muy importante de la época de los Reyes Católicos, amigo de Colón, financiador de sus dos primeros viajes, promotor de la casa de Contratación, de su familia, de sus hijos naturales. Lo que se dice un personaje. Pero aquí llega la ciencia y nos dice que el que labró la casa fue su hijo Jerónimo, un canónigo de la Catedral del que casi desconocemos todo.

!Nos chafaron la historia¡

Imaginemos a dos personas que entrasen en la casa y viesen el patio:

– ¡Qué bonito! – dijeron los dos.

– Sabes que el dueño de esta casa se llamaba Francisco Pinelo y que era muy amigo de los Reyes Católicos y de Colón.

– Ah – respondió el otro

Viendo el escaso interés, el primero buscó un tema de mayor peso:

– Tuvo dos hijos de su mujer y ¡tres o más naturales!. Menudas juergas que se montaría aquí con don Cristóbal.

– No me digas, cuenta, cuenta.

– Sí, pobre su mujer, tener que aguantarlo. Y encima, retrató aquí en los arcos a sus hijos y a sus amantes.

El otro, que no había reparado en los tondos de los arcos, empezó a escrutarlos detenidamente con mirada policial. Al ver uno con casco, preguntó:

– Ese ¿quién es?

– Creo que Julio César. Me parece que también era amigo suyo y compañero de juergas.

Y así siguieron charlando mientras disfrutaban viendo la belleza de las yeserías.

Y, ahora, con la historial real:

¡Qué bonito! – dijeron los dos.

– Sabes que el dueño de esta casa se llamaba Jerónimo Pinelo, un canónigo de la catedral.

– ¿Y?

– Pues eso, que era canónigo, no sé más.

– Bueno, esto está visto, ¿nos vamos a tomar una cervecita?

– Vale

Pues eso, que la ciencia nos echa muchas veces por tierra un buen cuento. Cuando se cuenta una historia, ésta debe ser verdadera y no las trolas de nuestros personajes que han oído campanas y no saben dónde. Pero es verdad que un cuento, un simple relato que capte nuestro interés hace, como en este caso, que nos acerquemos mejor a una verdad mayor; aquí, la belleza del patio renacentista. Los otros dos, con su historia verdadera pero alicorta, se quedan con la cervecita y no con el patio.

Juan Pablo Navarro
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La Casa de los Pinelos (IV) y Lorenzo Suárez de Figueroa – 32

Lorenzo Suárez de Figueroa fue quien le dio a la Casa de los Pinelos su aspecto renacentista. Como comentábamos en el anterior artículo sobre la casa, a la muerte de Jerónimo Pinelo, su hermano Pedro enajenó la casa a favor del cabildo metropolitano en 1523. Desde 1524 hasta su muerte en 1580, la habitaría el citado Lorenzo Suárez de Figueroa, canónigo de la catedral de Sevilla. Como otros canónigos coetáneos estuvo movido por el humanismo renacentista que plasmaría en la reforma que hizo de la casa.

En ésta, tiene principal importancia la del patio. Sustituyó los pilares de ladrilo propios del mudéjar por columnas de mármol procedentes de Génova y cubrió los arcos con yeserías. En estas, destacan los tondos con bustos de distintos personajes. El profesor Teodoro Falcón comenta que esta idea decorativa se inspira en la del claustro pequeño de la cartuja de Pavía (1460-1470). Como afirma, «con esta galería de personajes ilustres, desde los tiempos mitológicos hasta el presente, se trata e recordar en la época del Humanismo los grandes ciclos y los prohombres más importantes de la Humanidad». Entre estos, se encontrarían Alejandro Magno, el Gran Capitán, El Cid, Fernando el Católico, Escipión, Isabel la Católica, etc. a los que se unirían los progenitores de Lorenzo Suárez de Figueroa. No todos son originales de la época, ya que en el siglo XIX se encontraban muchos muy deteriorados y se labraron de nuevo.

(Este artículo concluye en Cómo nos gusta que nos cuenten un cuento, la casa de los Pinelos (y V))

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La casa de los Pinelos (III) y Jerónimo Pinelo -31

Blacón de la casa de los Pinelos - maratania

En los anteriores artículos, hemos tratado, como es tradicional, la casa de los Pinelos como la casa de Francisco Pinelo. ¿Es esto cierto? Teodoro Falcón lo negó en 2006 en su monografía «La casa de Jerónimo Pinelo» editada por la Fundación del Colegio de Aparejadores.

Teodoro Falcón afirma que la casa de Francisco Pinelo era una colindante, basicamente, la que sería hoy Argote de Molina, 17. En ella viviría desde al menos 1496 hasta su muerte en 1509. En las obras de rehabilitación del inmueble se han encontrado su blasón que muestra tres piñas de oro en un campo de gules. Sería, tal como afirma, la casa que fue testigo de las conversaciones de Francisco Pinelo y Cristóbal Colón, al menos desde su segundo viaje (1493-1496). A su muerte, la casa pasó a su hijo Pedro. Éste, en la escritura de venta al cabildo catedralíceo en 1523 afirma que su hermano Jerónimo «las hizo, labró y edificó e poseyó».

Mirador de la casa de Francisco Pinelo

Mirador de la casa de Francisco Pinelo

Siguiendo a Falcón, Jerónimo Pinelo adquirió las fincas donde, entre 1502 y 1520, levantó la casa de los Pinelos en la tradición gótico-mudéjar. A su muerte, la heredó su hermano Pedro, quien en 1523 se las vendió al Cabildo. A éste pertenecería hasta el XIX como residencia, fundamentalmente, de canónigos de la Catedral.

Lo que ocurrió después lo cuenta así:»A partir de la segunda mitad del siglo XIX albergó un centro de primera y segunda enseñanza, un almacén de alquiler de carruajes, una imprenta y las oficinas del Monte de Piedad. En 1862 residió ocasionalmente el futuro San Antonio María Claret. A partir de 1870 fye propiedad de la familia del Camino y de la Portilla y desde 1885 se habilitó como fonda, pensión y hostal Don Marcos. En 5 de febrero de 1954 fue declarado Monumento Nacional y, con posterioridad, Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía. En 1966 el inmueble fue adquirida por la firma comercial El Corte Inglés, siendo donado al ayuntamiento. A comienzos de la década de 1970 se realizaron en él una serie de obras de rehabilitación para destinarlo a sede de las Academias Sevillanas de Bellas Artes y de Buenas Letras.«

(Este artículo continúas en La Casa de los Pinelos (IV) y Lorenzo Suárez de Figueroa)

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La Casa de los Sánchez Dalvo – 30

Casa de los Sánchez Dalbo - Foto de Miguel Zapke

Casa de los Sánchez Dalvo - Foto de Miguel Zapke

El embajador y humanista veneciano Andrea Navagero, que conoció Sevilla con motivo de las bodas del emperador Carlos V en 1526, afirmaba que Sevilla se asemejaba más que ninguna otra ciudad de España a las italianas. En un siglo, la población de la ciudad se había triplicado y contaba ya con unos 130.000 habitantes. La riqueza del comercio con el Nuevo Mundo se reflejó en las casas construidas por la aristocracia local en donde se mezclan las corrientes del renacimiento con la tradición mudéjar que añade elementos tan sevillanos como los zócalos, yeserías y artesonados.

De este periodo, cerca de la casa de los Pinelos, en Guzmán el Bueno, 4, se haya una espléndida casa construida en el siglo XVI y reformada en el XVII y XIX. Conocida erróneamente por muchos como la casa Olea, conversando en una de sus salas con Enrique Moreno de la Cova, me afirmó que sus primeros propietarios fueron la familia de banqueros de los Sánchez Dalvo. Con este nombre aparece desde entonces en los libros de Maratania

portada de la casa de los sanchez dalbo - foto de miguel zapke - maratania

Portada de la casa de los Sánchez Dalbo - Foto de Miguel Zapke

Es de gran hermosura la portada de mármol en donde dos pilastras jónicas decoradas con formas vegetales sostienen el dintel. Sobre éste, seis ménsulas recogen el vuelo del balcón principal. Entre la portada y la cancela  se encuentra un amplio zaguán cubierto por un artesonado.

Como es característico, el edificio gira en torno al patio que cuenta con galerías en sus cuatro frentes. Las de la planta baja las forman arquerías con pilastras y frisos decorados por yeserías. Las de la planta alta las constituyen balcones separados por pilastras.

En el patio cubierto por gravilla, siguiendo el modelo de tantos palacios italianos (de igual manera que la casa de los Bucarelli de la calle Santa Clara), se sitúan dos estatuas romanas, procedentes de Peñaflor, y un sobrio pozo de mármol.

Es el de esta casa, uno de los más hermosos patios de Sevilla. Uno de aquellos de los que, como el de su casa natal en la calle Acetres, desde la añoranza del exilio, Luis Cernuda evocaba en Ocnos: …, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, … Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor… Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo”.

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