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Corpus 2013 – De Sevilla a Sanlúcar de Barrameda – 158

El próximo 2 de junio se celebra la festividad del Corpus, posiblemente la fiesta más antigua de muchos lugares de España. Las de Sevilla, Granada y Toledo, que siguen celebrándose el jueves anterior, 60 días después del Domingo de Resurrección, son las de más justa fama. En la misma Sevilla, el mismo domingo salen de la parroquia de Santa Ana y de Magdalena dos bellísimas procesiones; en esta última, es soberbio contemplar como se arrojan pétalos a la custodia desde la bóveda del presbiterio. Y junto a éstas, no podemos olvidar a Lebrija, Marchena, Sanlúcar, etcetera, etcetera, etcetera.

Maratania os invita con este cartel al Corpus de Sanlúcar.

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Juan Pablo Navarro
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Un paseo por la Feria de 2013 – 154

Soy de esos sevillanos que dicen que no le gusta la feria pero van, beben sus copitas y ríen con sus amigos. Y, algunas veces, cojo mi cámara y tiro algunas fotos. La cámara tiene la virtud de obligarte a mirar, a buscar, a pensar. La cámara es una ventana diferente para mirar la vida. Y la feria es muy atractiva para ella, ¡cómo no¡ Así que este año ha sido de esos en que me he asomado a esa ventana. Aquí os dejo un apequeña selección:

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Sevilla, ciudad y provincia – Un entretenido paseo en un libro de medio formato

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Jesús de la Pasión en el Viacrucis 2013: un símbolo necesario – 139

Nuestro Padre Jesús de la Pasión en un grabado de 1846

Nuestro Padre Jesús de la Pasión en un grabado de 1846. Fuente «El Archivo de Pasión de Francisco Navarro»

Bien sabéis que mi padre, Francisco Navarro, ex hermano mayor de Pasión, murió el pasado mes de agosto. Y bien sabéis que él era una de los mayores valedores de restablecer en Pasión su misterio fundacional: Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz.  Por eso, cuando mi hermana me dijo que Pasión iba a salir en el Via Crucis de 2013, tras la incredulidad me llegó el estremecimiento. No puedo negaros que pensé que a mi padre se le escucha en el cielo y se le atienden sus peticiones. Os aseguro que es una excelente petición.

¿Excelente petición? sí, excelente. Excelente porque el hombre, que busca el pan y quiere ser libre, se mueve por los símbolos. Por ello, ¿no os parece una gran metáfora que Nuestro Padre Jesús de la Pasión sin el cirineo represente a Jesús abandonado por todos los cristianos que ya no cogen la cruz y lo siguen y que, por el contrario, la vuelta del cirineo sería signo del necesario retorno de los cristianos a seguir al Cristo que es Pan, que es Vida, que es Verdad que nos hace libres?

Y, así, de esta pequeña petición, aparentemente anecdóctica e insignificante, llegaríamos a la necesaria búsquada de Dios y a su encuentro, eso que llamamos Salvación y tanto ansiamos. Sería, de esta manera, Jesús de la Pasión con su cirineo el símbolo más adecuado en el Viacrucis extraordinario que vamos a celebrar con motivo del Año de la Fe, el cual es “una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo”(Porta Fidei, 6).

Ahora ya, es el hombre, desde su libre albedrío, el que decide ese pequeño paso de colocar al cirineo junto a Nuestro Padre Jesús de la Pasión y ese gran paso de ser, él mismo, cirineo en el camino de cada día. Así, ya sólo queda que la Hermandad de Pasión acepte lo primero y nos regale este símbolo  y que nosotros aceptemos lo segundo y seamos portadores de esperanza.

Juan Pablo Navarro
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Miguel Zapke y la fotografía de 360º

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A propósito de la Semana Santa sevillana y sus experiencias inefables – 137

La macarena

No sé que sería, si la luz de la mañana, si la lenta cadencia del palio, si su mirada; sí sé que el momento fue más allá de lo que puedo explicar, que estuvo dentro de esas experiencias inefables en las que el alma se manifiesta y vives el momento pleno e intenso

Al escribir sobre la espadaña de San Juan de la Palma, me vino a la memoria la vivencia más intensa que me ha regalado la  Semana Santa. Seria por los años ochenta y, claro está, era un Viernes Madrugada; la noche había sido memorable pero nos aguardaba lo mejor. Quedábamos mi primo Enrique y yo; estábamos de espaldas a la Casa de los Artistas en la calle Viriato, frente a la espadaña, y vino la Macarena. No sé que sería, si la luz de la mañana, si la lenta cadencia del palio, si su mirada; sí sé que el momento fue más allá de lo que puedo explicar, que estuvo dentro de esas experiencias inefables en las que el alma se manifiesta y vives el momento pleno e intenso. Ya sé que poco te cuento de por qué pasó, ya que solo me queda la memoria difusa de lo visto y el recuerdo imborrable de un profundo sentimiento. Acabado todo, mi primo y yo nos miramos y nos preguntamos: ¿tú también? sí, yo también. La cosa es que creo que  esa experiencia privilegiada había sido compartida, probablemente, por la mayoría de los que estábamos allí. Una vivencia que la Semana Santa sevillana, de manera análoga al arte o a la mística, nos ha ofrecido alguna vez, al menos, a todos a los que la hemos disfrutado y, si eres de ellos, tus recuerdos serán los míos.

Una experiencia parecida, también con Enrique, me ocurrió en Portugal. La casualidad nos hizo pasar junto a Fátima. No pensábamos parar pero, ya que estábamos a la vera, lo hicimos. Los que me habéis leído bien sabéis que soy creyente y, sin embargo, el lugar y el templo no me resultaban atractivos con su insulsa e incoherentemente sin alma arquitectura de muchas iglesias del siglo XX, desvinculada tanto de la tradición como de la modernidad. Quiero decir, que la antesala de la experiencia era completamente la contraria de la anterior, en la que la hermosura de lo previo había sido el antecedente de aquella. La cosa es que avanzamos por la explanada y atravesamos la portada. Nos quedamos a los pies de la nave. El interior era tan insulso o más que el exterior y, sin embargo, a pesar de que no había nada externo que me atrajese, sólo sentía ganas de quedarme allí, quieto, en silencio. Pasó un buen rato y salimos. De nuevo la pregunta: ¿tú también? sí, yo también.

Juan Pablo Navarro
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Miguel Zapke y la fotografía de 360º

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Sevilla y la Virgen del Pilar – 135

Virgen del Pilar Catedral de Sevilla

Virgen del Pilar de la Catedral de Sevilla

♦ La devoción a la Virgen en su advocación del Pilar está muy arraigada en nuestra ciudad de Sevilla.

Aunque sevillano, corre por mis venas añeja sangre aragonesa. Mi madre, María Pilar, natural de Zaragoza, pertence a una familia afincada durante siglos en el el aniguo reino de Aragón. Es por ello que la devoción a la Virgen del Pilar me la transmitió desde pequeño. Sin embargo, la devoción a la Virgen en su advocación del Pilar es algo muy arraigado en nuestra ciudad de Sevilla.
Así, existe el relato de que San Pío, obispo de Sevilla y de oficio escultor, fue testigo con Santiago apostol de la aparición de la Virgen del Pilar en el año 40 D.C a las orillas del Ebro. Este le encargó que, a su vuelta a Sevilla, esculpiera una imagen de la Virgen sobre un pilar, a la manera que ellos habían presenciado, para presidir las reuniones de los primeros cristianos. Así fue, trasladandose la imagen, siglos depués, a la basilica de San Vicente*. Con la invasión sarracena, esta imagen se perdería. (A mis hermanos y a mí hay algo que nos une a esta leyenda: somos sevillanos y medio zaragozanos y, además, hemos vivido durante toda nuestra infacia y juventud en la calle San Vicente* donde la Virgen del Pilar siempre estaba presente en nuestra casa).
Esta historia puede estar vinculado al hecho de que la Virgen del Pilar presida la capilla que se encuentra a la entrada de la Catedral por su cabecera en la puerta de Palos. ¿Podría ser que existiese en aquella época la tradición de que la Virgen del Pilar fue la primera patrona de Sevilla y que por eso se cediese a los caballeros aragoneses que entraron en Sevilla tras la Reconquieta una capilla tan privilegiadamente situada? No lo sabemos, pero, en cualqueir caso, podemos disfrutar de la excelente talla que esculpió Pedro Millán hacia 1500 y que preside dicha capilla.

Por otro lado, la devoción está vinculada a la parroquia de San Pedro, donde, de la misma manera que en la catedral, se vincula la Hermandad de Nuestra Señora del Pilar y Santiago Apostol a esos primeros caballeros aragoneses que vinieron con el rey san Fernando. En su capilla se venera una imagen del Pilar del siglo XVIII.

De principios del siglo XX es la talla de la Virgen del Pilar que se halla en el Santo Ángel. En esta iglesia, la comunidad aragonesa en Sevilla celebra cada 12 de octubre el día de la Virgen con una Santa Misa. En ella, los bellos trajes tradicionales de Aragón se unen al canto y al baile de la sonora, bella y profunda jota.

Sólo quiero referir un caso más, quizá el más conocido. En el paso de nuestra amada Esperanza Macarena, detrás del llamador, se encuentra una réplica en plata de la Virgen del Pilar. Así, cada madrugada, la devoción más popular se une a la más antigua para pasearse por Sevilla.

La cosa es que el relato de San Pío, sea cierto o no, me lleva a meditar sobre cosas que son reveladoras de nuestra ciudad. Lo primero, es la indiscutible devoción mariana de Sevilla; lo segundo es que sea un escultor nuestro primer obispo, cuando la escultura, cuando la imaginería, es tan relevante, a través de las imágenes que procesionan en la Semana Santa, en la religiosidad sevillana; y lo tercero es más universal, el sentido simbólico del pilar:

Pilar se asocia a la solidez que da confianza; sobre un buen pilar podemos construir un edificio seguro. La columna asocia el suelo y el cielo; por ello, es María soporte que nos acerca de la tierra al cielo. La columna nos asocia con la arquitectura, con el templo, con la construcción que hacemos entre todos para habitarla en común. ¡Sí, con la arquitectura! arte tan querido para mí y tan afín a las entradas de esta bitácora.

*Nota: La iglesia de San Vicente a la que se refiere la leyenda de San Pío sería probablemente la hace poco descubierta en el patio Banderas y no la actual parroquia de ese nombre aunque esta también se asienta sobre una antigua basílica paleocristiana.
 
Juan Pablo Navarro
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Francisco Navarro Sánchez del Campo – Un dulce servidor de Pasión – 130

Mi padre, Francisco Navarro, con mi madre, María Pilar de Rivas, en la plaza de San Francisco

Mi padre, Francisco Navarro, con mi madre, María Pilar de Rivas, en la plaza de San Francisco

Era otoño del 37, un joven de dieciséis años, postrado ante Jesús de la Pasión, rogaba por su madre. Ella sufría los dolores del cáncer con los escasos paliativos de la época. Su petición era sencilla: “Señor, dale una muerte dulce”. Los días pasaban y ella había perdido la conciencia, pero el 6 de octubre despertó y, plena de lucidez, se pudo despedir de toda su familia y, especialmente, de su joven hijo. Poco a poco, se fue yendo plácidamente y sus últimas palabras antes de expirar fueron: “Señor, ¡qué muerte tan dulce!”. Esa mujer era mi abuela, ese joven era mi padre, muchos lo conocisteis, Ex Hermano Mayor y Medalla de Oro de Pasión: Francisco Navarro Sánchez del Campo.

Cuando me lo contó, hace ya tantos años, en su despacho en nuestra casa de San Vicente, comprendí algo del porqué de su locura por Pasión. Me vinieron los ecos de las palabras de Lucas:”Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. Él encontró en la imagen sublime de Montañés la llamada de Cristo, ante el que todo se desplaza, y, así, él no fue un simple devoto de Pasión, ni siquiera un hermano ejemplar, fue más; la Hermandad fue su centro, su casa, su oficio, su vida. Yo no sé cuánto le acercó a conocer a Cristo este caminar; sí sé que alimentó su fe y que su servicio dio frutos, sí sé del cariño que muchos le tuvieron y que él les ofreció.

Por su fe, siempre estaba en su boca, cuando las cosas podían ir mal, un “Dios proveerá” al que todo confiaba. Por su fe, fue un hombre de oración. Por su fe, cuántas cosas se le regalarían que a mi me gustaría contarte y que él se las llevó.

Desde 1941 a 1972, año desde el cual fue miembro del Consejo de Cofradías hasta 1983, y desde 1980 a 1992, sirvió a Pasión desde la Junta de Gobierno, siendo Hermano Mayor de 1988 a 1992. Desde ella participó en mucho de lo que es hoy patrimonio de la Hermandad: el paso del Señor, las bocinas, los ciriales, la corona de la Virgen, las gestiones fallidas para que la Virgen de la Victoria sustituyese a la antigua titular de la Merced y la elección de la actual más un largo etcétera del que se debe reseñar la organización, en 1970, del primer Grupo Joven de la Hermandad. Unido a ello, quizá fue el más incansable defensor de trasladar la cofradía a San Hermenegildo para conseguir una sede propia que le diera una completa independencia. Por otro lado, atendió a numerosas autoridades en nombre de la Cofradía y, especialmente, a S.A.R. la difunta condesa de Barcelona. Por último, su incansable labor de recopilación de documentos sobre Pasión que fueron formando su archivo; siempre abierto a todos los que lo quisieron consultar.

De la generosidad de mi padre hablan las donaciones al Señor de la túnica morada para el camarín y el cordón y cíngulo de oro para la novena, más distintas sayas y mantos más un puñal de Cayetano González para la Virgen, a lo que hay que añadir distintos enseres para la Hermandad. Y todavía más, las tantas veces, que ocultando su mano, ayudó a los hermanos que lo necesitaban.

En sus servicio a Pasión siempre se guió, según el decía, “por respetar la esencia y la ortodoxia de los cultos, usos y costumbres de la Archicofradía, transmitidos desde la primeras Reglas y por nuestro mayores, aunque siempre sometido al magisterio de la Iglesia”.

De todos es sabido su especial empeño en recuperar el Cirineo para el paso del Señor y volver al Misterio que había representado Pasión desde su fundación en el siglo XVI. Bien sabéis que perdió el cabildo en que solicitó cerrar este, para mí, incongruente paréntesis. Por mi parte, añado que, aunque mi deseo es también que el Cirineo vuelva a acompañar al Señor, cuando contemplo a Nuestro Padre Jesús de la Pasión sin su Cirineo con su cruz a cuestas, medito que, a modo de nuevo Misterio del Vía Crucis sevillano, nos recuerda a los cofrades de Sevilla cuántas veces dejamos de seguir a Cristo y de portar su cruz para ser público pasivo o actor que lo cuelga en la cruz de nuestros intereses. Dicho queda.

El cariño con que muchos se le acercaban siempre me admiró; singularmente, los más sencillos. En ellos depositaba una dulzura amable que, sin duda, a muchos les prendó y que será el recuerdo que para siempre de él se lleven. A mi memoria vienen sus amigos Paco Gutiérrez, Antonio Combet, Antonio de la Torre y muchos más que me gustaría citar y, entre ellos, al más sabio, José Sebastián y Bandarán, y a la más humilde, Angelita, la que durante tantos años fue la más pequeña de las hermanas pero la más cercana a Él. A ellos unidos, todos los jóvenes de varias generaciones que él formó para la Hermandad: Serafín, José María, Jose, Juan Luis y muchos más que mi ignorancia no cita. Así, yo lo vi humilde con los humildes y paciente sufridor con los altaneros, como buen hermano de la Hermandad o de lo que esta debería ser: una comunidad cristiana de hermanos que siguen a Cristo y donde el servicio, el amor y el perdón rigen.

Así, su vida fue Pasión. Pero si la estación de penitencia es en la calle y concluye en el interior del templo, del hogar, así ocurrió con él. Su último momento ya no transcurrió de puertas afueras sino en su hogar, entre nosotros. Hace cuatro años, después de que durante tantos lo sostuviera, como buen cirineo, un bastón que formaba parte inseparable de su silueta, su cuerpo dijo basta. Pasó luego un sufrido año y, una mañana, los médicos nos dijeron que las posibilidades de sobrevivir a esa tarde eran casi nulas y, sin embargo, sobrevivió. Nos los trajeron y estaba transfigurado, el moribundo se había transformado y su rostro mostraba la misma estampa de la felicidad, de la dulzura y de la paz. Un rostro nuevo y radiante, que para siempre será mi mejor recuerdo, en el que yo creo fue el día más importante de su vida. A todos nos habló con un eufórico e inusitado gozo. De quien lo necesitó, le rogó perdón; a todos les mostró su amor y, sobre todo, a su mujer, a mi madre, María Pilar. Y su vida siguió en casa, de su dormitorio al cuarto de estar, rara vez salir y, si era así, esforzado por al anhelo de ver a Pasión. Tres años transcurrieron en que su estampa gozosa, poco a poco, se fue diluyendo, cada vez más aislado por su invalidez, por su sordera, por su cada día más escasa memoria pero, a su vez, resistiéndose a abandonarlo en todo lo que su ya escaso aliento le permitía.

De su último día, que yo viví sin saber que iba a ser el último y sin comprender que de mí se despedía, guardo para siempre que recordó a la Virgen, que le dijo a mi madre que la quería y a mí que la cuidara y que, sencillamente, fuera bueno. No es mal testamento, me parece.

Como todo retrato, como toda imagen, ésta no deja de ser un atisbo, un simulacro, una apariencia que intenta descubrir una verdad. Para ello he buscado el rincón de mi corazón que más lo amaba ya que, al fin y al cabo, es desde el amor desde donde reconocemos la verdad. Y así, desde el amor a este hombre bueno que fue mi padre, que fue tu amigo, que fue tu hermano. espero que yo y tú, que lo conocistes, lo recordemos con un rostro dulce como el de su madre que tanto añoró, como el de la Virgen de la Merced a quien se encomendó, como el de Jesús de la Pasión a quien siguió, y, haciendo mía su esperanza, deseo que contemple ya sus rostros para siempre. Así sea.

 

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Versión aparecida en el ABC de Sevilla  el 14 de septiembre de 2012

Era otoño del 37, un joven postrado ante Jesús de la Pasión rogaba por su madre que sufría los dolores del cáncer. Su petición era sencilla: “Señor, ¡dale una muerte dulce!”. Los días pasaban y ella había perdido la conciencia, pero el 6 de octubre despertó y, plena de lucidez, se pudo despedir de toda su familia y de su joven hijo. Poco a poco, se fue yendo plácidamente y sus últimas palabras fueron: “Señor, ¡qué muerte tan dulce!”. Esa mujer era mi abuela, ese joven era mi padre, muchos lo conocisteis, Ex Hermano Mayor y Medalla de Oro de Pasión: Francisco Navarro Sánchez del Campo.

Cuando me lo contó, comprendí algo del porqué de su locura por Pasión. Es por ello que no voy a hablar sobre su intensa labor como médico, ni de su clínica de Nuestra Señora de los Reyes, ni tampoco de su larga etapa en el Consejo de Cofradías en la que se inició la Madrugada de hoy, ni siquiera de cuando los pregoneros se elegían en nuestra casa de San Vicente. Recordaré su vida en Pasión, que fue su centro, su casa, su oficio, su vida.

En su servicio a Pasión siempre se guió, según el decía, “por respetar la esencia y la ortodoxia de los cultos, usos y costumbres de la Archicofradía, transmitidos desde la primeras Reglas y por nuestro mayores, aunque siempre sometido al magisterio de la Iglesia”. Y así, como simple hermano o desde sus más de cuarenta años en la Junta de Gobierno, participó en mucho de lo que es hoy patrimonio de la Hermandad: el paso del Señor, la corona de la Virgen, las gestiones para que la Virgen de la Victoria sustituyese a la antigua titular de la Merced y la elección de la actual, la organización, del primer Grupo Joven de la Hermandad y un largo etcétera.

Quizá fue el más incansable defensor de trasladar la cofradía a San Hermenegildo y puso especial empeño en recuperar el Cirineo para el paso del Señor como había sido desde su fundación en el siglo XVI. Bien sabéis que perdió el cabildo en que solicitó cerrar este, para mí, incongruente paréntesis. Por otro lado, atendió a numerosas autoridades en nombre de la Cofradía y, especialmente, a S.A.R. la difunta condesa de Barcelona.

El cariño con que muchos se le acercaban siempre me admiró; singularmente, los más sencillos. A mi memoria vienen sus amigos Paco Gutiérrez, Antonio Combet, Antonio de la Torre y muchos más que me gustaría citar y, entre ellos, al más sabio, José Sebastián y Bandarán, y a la más humilde, Angelita, la que durante tantos años fue la más pequeña de las hermanas pero la más cercana a Él.

Así, yo lo vi humilde con los humildes y paciente sufridor con los altaneros, como buen hermano de la Hermandad o de lo que esta debería ser: una comunidad cristiana de hermanos que siguen a Cristo y donde el servicio, el amor y el perdón rigen.

De su último día, que yo viví sin saber que iba a ser el último y sin comprender que de mí se despedía, guardo para siempre que recordó a la Virgen, que le dijo a mi madre que la quería y a mí que la cuidara y que, sencillamente, fuera bueno. No es mal testamento, me parece. Y ahora, desde el amor a este hombre bueno que fue mi padre, que fue tu amigo, que fue tu hermano, espero que yo y tú, que lo conocistes, lo recordemos con un rostro dulce como el de su madre a la que tanto añoró, como el de la Virgen de la Merced a quien se encomendó, como el de Jesús de la Pasión a quien siguió, y, haciendo mía su esperanza, deseo que contemple ya sus rostros para siempre. Así sea.

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Las casetillas de apuestas infantiles en las carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda – 88

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Dentro de la singularidad de las carreras de caballos en la playa de Sanlúcar de Barrameda no es un aspecto menor el de las casetillas de apuestas de niños que se desparraman por todo el recorrido.

Las hay de todo tipo. Algunas son como las de siempre, un par de cajas con un agujero en forma de ventanilla, si acaso pintada y empapelada. Otras son verdaderos monumentos de las manualidades en las que los niños y también los padres han colaborado para representar desde la plaza de toros de Sanlúcar a dibujos alusivos a las carreras, pasando por el héroe de dibujos animados del momento. También forman parte de la decoración pequeñas cartelas explicando los precios o animando al apostante con suculentas ofertas de chucherías de regalo por cada apuesta que se realice.

Así que todos los días, las familias vienen con la sombrilla, las sillas y… la casetilla de apuestas Llegado el momento de las carrreras, los niños y algunos mayores se acercan a cualquiera de las casetas y apuestan desde 5 céntimos a un par de euros a la clásica sencilla, doble o triple. De puño y letra se le da el recibo y a esperar a la carrera.

En la arena de la playa, previamente, los niños han dibujado una línea de llegada en la zona cercana a la casetilla y, cuando los caballos la traspasan, después de discusiones entre los niños para decidir quien ha pasado primero, el dueño de la casetilla decide y paga las apuestas.

Dado que vivimos la época de la historia de la humanidad con mayor número de estúpidos por metro cuadrado, siempre hay el peligro de que algún día alguno proteste por iniciación de niños en la ludopatía y nos cierren todos sus kioskos; por lo tanto, corre y ve a divertirte con tan inocente y ejemplar costumbre, así verás, además, las más bellas carreras de caballos del mundo.

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El Corpus Christi en Sanlúcar de Barrameda – El adorno de las calles, la procesión y la custodia El Corpus Christi en Sanlúcar de Barrameda

 

Y me bañé en los mares de la luna Y me bañé en los mares de la luna

 Juan Pablo Navarro
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El Corpus Christi en Sanlúcar de Barrameda – El adorno de las calles, la procesión y la custodia – 72

En el día del Corpus Christi, las calles aledañas a la parroquia mayor de la O de Sanlúcar de Barrameda se exhornan con altares y  se alfombran con plantas aromáticas. El paso con Nuestro Padre Jesús en la Sagrada Cena se sitúa en la espléndida portada principal aledaña al palacio de los duques de Medinasidonia. Tras una solemne misa en la que los niños que han hecho la Primera Comunión durante el año vuelven a recibirla todos juntos vestidos como en su primera vez, la procesión sale por la puerta lateral.

Los niños, agrupaciones, asociaciones, hermandades y cofradías, sacerdotes y la Corporación Municipal forman el cortejo de la procesión por el barrio alto. La Custodia es una bella obra de barroca factura del platero Gómez Paz de 1753. Otros pasos pueden acompañar a la custodia; este año ha sido la Virgen de la O, siendo la primera vez que lo ha hecho por las calles de Sanlúcar.

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