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El Corpus Christi en Sevilla – El adorno de las calles, la procesión, la custodia y los seises – 66

El Corpus sevillano en Sevilla 360º - Maratania

El Corpus sevillano en Sevilla 360º - Maratania

El Corpus Christi es la fiesta más antigua que se celebra en Sevilla, existiendo referencias de ella desde 1426. Se celebra el jueves, 60 días después del Domingo de Resurrección. Se levantan altares en las calles y los comercios adornan sus escaparates con motivos eucarísticos; la tarde anterior es costumbre que los sevillanos paseen por el centro para verlo acicalado con estas galas que se retirarán al día siguiente. En la plaza de San Francisco se levanta un arco de triunfo, muestra de la arquitectura efímera propia de las fiestas sevillanas. La calles que forman el recorrido se alfombran del aromático romero, símbolo del amor y de la eternidad.

La procesión la forman los pasos con santos relacionados con Sevilla: Santa Ángela de la Cruz  (obra moderna de José Navarro Arteaga), las Santas Justa y Rufina, San Isidoro y San Leandro (todas estas atribuidas a Pedro Duque Cornejo, del  XVII) más San Fernando (de Pedro Roldán, 1671). A éstos se añaden la Inmaculada (atribuida a Alonso Martínez, del XVIII), el Niño Jesús (obra de Martínez Montañés de 1606), la custodia con La Santa Espina de Cristo (obra probable de Francisco de Alfaro, XVII) y la Custodia en plata de Juan de Arfe (1580-1587) de tres metros de altura.

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Dice Chueca Goitia que cuando sale la custodia de Toledo, obra de trazas góticas de Enrique de Arfe, muy parecida al remate de la torre de su catedral, o la de Sevilla, muy parecida al remate de la Giralda, es como si esas torres fuesen las que procesionasen. Sobre esta idea de Chueca, me gustaría afirmar que es evidente en la sevillana; como comenta Alfredo J. Morales, la Giralda de Hemán Ruiz «fue el pretexto para desarrollar un programa iconográfico de carácter triunfal, compuesto por el canónigo Pacheco, en el que se expresaba la victoria de la Fe verdadera sobre el Islam y sobre la herejía protestante»; de igual maneran al aquitecto, Arfe labró la custodia siguiendo el diseño de Francisco Pacheco. Este poeta, humanista y canónigo, tío del pintor del mismo nombre, «sabio oficial de Sevilla a lo largo del último tercio del siglo XVI»  como comenta el profesor Bartolomé Pozuel, intervino en numerosos programas iconográficos; entre ellos, los de las salas Capitular y Antecapitular de la Catedral sevillana, obras ambas, también, de Hernán Ruiz.

Acompañan al cortejo los Seises. Estos podrían tener su origen con Fernando III y su vestimenta provendría de la segunda mitad del XVI, cuando ya bailan ante el Santísimo con el sombrero puesto, lo que, con el ritual de la segunda mitad del XVII, se mantiene hasta hoy. Ver bailar a estos infantes danzantes de Dios con este rito de siglos es una de las mejores puertas para iniciarse en esta ciudad que se autoproclama la “Ciudad de la Gracia”.

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Juan Pablo Navarro
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La romería del Rocío en Pentecostés – 63

El Rocío - Andalucía 360º Maratania

El Rocío - Andalucía 360º - Maratania

Miles de peregrinos pertenecientes a un sinnúmero de hermandades de toda Andalucía y más allá de ella recorren a pie, a caballo o en carreta el camino que les lleva a la aldea del Rocío para estar cada Pentecostés junto a la Virgen. Es ésta una talla gótica de madera del siglo XIII, existiendo ya en esta época una Ermita que mandó construir Alfonso X (la actual se inició en 1963 y es obra de Delgado Roig).

La Virgen del Rocío tiene el magnetismo especial que solo pocas y veneradas imágenes inspiran al pueblo, lo cual se une a la sensual belleza de la marisma en este lugar. Su nombre es metáfora de la venida del Espíritu Santo, que en el día de su multitudinaria procesión se conmemora.

El Rocío Cruzando el Quema

Cruzando el Quema

En la madrugada, tras el rezo del rosario, los almonteños saltan la valla de la ermita para llevar a la Virgen. Como una nave surcando un océano de brazos en un milagroso equilibrio inestable recorre en andas la aldea hasta regresar de nuevo a la ermita donde todo concluye tras el canto de la salve.

Cruzando el Quema

Juan Pablo Navarro
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El Cartel Taurino de la Maestranza 2011 creado por Manzanares y Arrojado – 49

Manzanares durante la faena de Arrojado que fue indultado.EFE

Manzanares durante la faena de Arrojado. EFE

Me he emocionado al leer la crónica de Andrés Amorós sobre el indulto de Arrojado en la Maestranza. Nadie recuerda desde cuando un toro no salía indultado de la plaza sevillana. Ayer fue y yo no estuve allí. Mi ignorancia no me lo permite. Pero de ella proviene mi admiración al entendido, de igual manera que el aprendiz admira al maestro, el aficionado al artista, el incrédulo al creyente.

Y es que ayer, Arrojado pinto el cartel taurino del 2011. Eso tienen los toros, que como el hombre, pueden ser artistas. Sí, Arrojado es un artista y, como un artilugio de Alexander Calder, hizo arte en movimiento y, como una estatua de Fidias, su obra paró el tiempo. Sí, un toro pintó el cartel de este año. Se valió de un torero para pintarlo. Manzanares se llama y también es un artista que sabe que es la eternidad.

No, yo no estuve allí, pero cuando el Arte nace, el hombre que lo crea es todo los hombres y convoca a Dios para que lo vea. Y así, afirmo que tú y yo estuvimos allí, que fuimos Manzanares que lo toreó, que fuimos el público que lo vio, que fuimos Andrés Amorós que lo contó.

Juan Pablo Navarro
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Cartel Taurino de la Maestranza 2011 – José María Sicilia y los vikingos – 48

Me parece que la política de la Real Maestranza de ofrecernos carteles taurinos realizados por artistas contemporáneos consagrados es una apuesta inteligente. Como me decía un amigo maestrante, si siempre hubiesen hecho así, tendrían una colección incomparable: Goya, Picasso, Miró… Este año el autor es José María Sicilia (Madrid, 1954), una apuesta segura por uno de los mejores pintores que surgieron en los 80.

Sin embargo, cada vez que veo el nuevo cartel, no lo puedo evitar, veo un casco vikingo. Lo veo, lo vuelvo a ver, lo miro y lo miro y la mente se me bloquea: casco vikingo, casco vikingo, casco vikingo.

Esto ¿Cómo puede ser?. Pero ¿Qué tienen que ver los vikingos con Sevilla? ¡Claro! los vikingos atacaron nuestra ciudad en el 844. La cosa sería así: traerían los barcos llenos de toros de lídia. Los soltaron en la marisma al grito de Thor, Thor, Thor (su dios más venerado). Los pobres marismeños correrían despavoridos: ¡qué vienen los thoros, qué vienen los thoros! Hasta que uno les hechó un capote y les dio pases hasta que los vikingos se picaron. Y salió un vikingo que cogió otro toro y empezó con su muleta y, a cada pase, los normandos gritaban Olaf, Olaf, Olaf (el nombre del torero) y los sevillanos entendían ole, ole, ole. Los vikingos y los de Sevilla decidieron comerse un buen guiso de rabo de toro, montaron unas casetas de feria, se subieron a una noria que brindaba agua fresca y, hecha la amistad y con algunos tesorillos, se volvieron para su casa.

Como ya sabéis, en el 1061, los normandos conquistaron Sicilia. Allí empezó a contarse la historia de Sevilla de dos siglos antes. Así las cosas, ésta se fue transmitiendo de padres a hijos hasta José María Sicilia. Así, que cuando se le encargó el cartel para la temporada 2011, se dijo, no hay duda, un casco, un casco vikingo.

Después de contar esta verdadera historia, tengo que reiterarme en lo que dije al principio, me gusta los que hace la Maestranza y lo que hace Sicilia, pero es que, cada vez que veo el casco, perdón, cada vez que veo el cartel, me digo: vikingo, vikingo, vikingo.

P.D.: acabo de leer en manuscritos centenarios que un embajador franco presencio la escena. Y claro, al ser francés, en vez de ole, decía olé. A su vuelta a Francia contó la historia en Madrid  y, por eso, en el norte de España se pronuncia olé y no ole. Al llegar a su país y contárselo a su emperador, Lotario I (introductor de la lotería para cuadrar las cuentas del estado), éste mandó traer toros de Sevilla y se iniciaron entonces las corridas en Francia.

Juan Pablo Navarro
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El gozo de la Semana Santa sevillana – Vista, oído, olfato, tacto, gusto y corazón – 44

El Arte ha buscado siempre alcanzar una obra que satisfaga a todos los sentidos y al espíritu. En la Semana Santa sevillana se encontró ya hace decenios. La vista alcanza a contemplar la belleza de las imágenes, el colorido de la  procesión, la emotiva danza de los pasos. El oído se recrea en los sones de la música, en el arrastrar de los pies de los costaleros, en el cantar de las saetas. El olfato huele las flores, el incienso y la cera, mientras el tacto siente como los labios besan la madera de vírgenes y cristos, el roce de la bulla y la piel se emociona en un momento eterno. Hasta las torrijas, los pestiños y la comida de cuaresma deleitan el sentido del gusto.

A este arte total lo redondea la necesaria participación activa del público fiel que las contempla en silencio o bullicioso, sentado o de pie, quieto o moviéndose con la multitud. Unido a la cofradía como devoto o espectador, orante o festivo, como simple curioso o colmado de pasión.

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El Cachorro en 1923

Y qué decir del espíritu. Todo serìa una simple pantomima si la representación que se lleva a cabo no recordara el hecho religioso de la muerte de Cristo. Todo sería vacío si las imágenes no le simbolizaran a Él. Todo sería falso si los actores de la Semana Santa no creyesen esta realidad de fe. Esto es de tal manera, que esta religiosidad impregna la actitud del cristiano y, también, la de todos aquellos que acuden a la Semana Santa movidos por la tradición, la experiencia del rito o la belleza de las procesiones.

La Semana Santa es así un completo goce de los sentidos, una simbiosis entre actores y espectadores, una forma única en que toda una ciudad, Sevilla, se une ante un hecho religioso para creerse y crearse cada año con ritos centenarios y, a su vez, llenos otra vez de novedad, de fe y de amor. Es la conmemoración plena de la muerte de Cristo y la expectativa, ya festiva, de su Resurrección.

Juan Pablo Navarro
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A propósito de la Semana Santa, a propósito de Silvio – 40

Silvio de pequeño pidiendo cera en Semana Santa

Silvio de pequeño pidiendo cera en Semana Santa

Cuando se acerca la Semana Santa inicio mis ritos musicales anuales: marchas procesionales, el Miserere de Eslava, la Pasión según San Mateo de Bach; ésta, siempre  el Jueves Santo; el Requiem de Mozart, el Viernes y el Sabado Santo; por fin, el Domingo de Resurrección, el Cuarteto para el Fin de los Tiempos de Messiaen.

Y a todo esto, siempre añado La Pura Concepción (Swing Maria) de Silvio. Silvio, el genial Silvio. Silvio, que pasó en carne inmortal por la ciudad de Sevilla y que nos enseñó la dignidad de ser enteramente libre.

¿Quién era Silvio? ¿Qué era Silvio? Silvio era Silvio. Al igual que Dios Es el que Es y cualquier definición más allá de ella lo estrecha y recorta en su trascendencia, Silvio era el que era y solo su trato acercó a entenderlo. Todos los que tuvieron la suerte de conocerlo (como te envidio, Paquico, hermano mío) o sólo lo escucharon en sus conciertos, en sus discos, en sus entrevistas, o sólo se cruzaron con él por cualquier calle de Sevilla, por cualquier bar, sabían que recibían un regalo único de un hombre que era plenamente generoso, de alguien que era inimitable por la sencilla razón de que nunca era otro, siempre era, exclusivamente, él mismo.

Ya Eddie Cochran no encontrará un corazón más sureño para que lo cante, ni Pive Amador un mejor amigo para su música, ni una canción italiana más sevillana gracia, pero, al menos, su carne inmortal se nos insinuará al volverle a escuchar en un disco y, con un gin-tonic en la mano, brindar por el Sevilla F.C, por la Semana Santa y por la Purísima Concepción.

Juan Pablo Navarro
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El baile de espadas del “Patatú” de Obejo, la Bachimachía – 6

San Benito - ©Maratania

San Benito - ©Maratania

Obejo

Los primeros de la fila levantan una espada en arco y bajo ella pasan todos los que siguen y así sucesivamente - ©Maratania

Obejo es un pequeño pueblo de la Sierra Morena Cordobesa. El domingo más próximo al 24 de Marzo y el segundo sábado de Julio, coincidiendo con el día de san Benito, se celebra la romería del santo. Tras una misa en la ermita, santuario típico de la arquitectura serrana del XVIII, se desarrolla la procesión del santo en la explanada donde se encuentra aquella. Como es tradicional en muchas procesiones populares, el manto del santo se cubre con los donativos de los romeros.

Acompañan a la imagen, danzantes interpretando un ancestral baile de espadas, llamado Bachimachía. Vestidos con chaquetilla corta de pana marrón, camisa blanca, pantalón de pana lisa color avellana, fajín rojo y botas, desfilan con la mano derecha en la empuñadura de la espada propia, y con la izquierda en la punta de la del danzante anterior. Los primeros de la fila levantan una espada en arco y bajo ella pasan todos los que siguen y así sucesivamente.

La danza concluye con el degüello simbólico del Hermano Mayor, conocido como “el patatú”. Sin embargo, al final se le libera y, saltando, se separa del corro de espadas.

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En fila, cogen con la mano derecha la empuñadura de la espada propia, y con la izquierda, la punta de la del danzante anterior - ©Maratania

Rodeado por el paisaje de la Sierra, el viajero atento no solo disfruta de la rítmica danza de espadas y del teatral desenlace, se sabe participe de un ritual centenario que un pequeño pueblo mantiene vivo con orgullo.

Los danzantes rodean al Hermano Mayor y simulan su degüello. Al final se libera y saltando se separa del corro de espadas - ©Maratania

Juan Pablo Navarro
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Las carreras de caballos en la playa en Sanlúcar de Barrameda – 4

sanlucar carreras de caballos en la playa

Los veranos de Sanlúcar de Barrameda regalan todos los años uno de los espectáculos más singulares del mundo: las Carreras organizadas por la Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlucar de Barrameda. Desde 1845 se corren cada año en Agosto y su origen, según la tradición popular, se debió a las carreras que disputaban los vendedores para llegar al lugar de la subastas de pescado.

El escenario es inigualable, la amplia playa que deja la bajamar frente al Coto de Doñana; justo en el sitio donde Elcano concluyó la primera vuelta al Mundo. Y el momento único, al atardecer, mientras el sol se hunde en la desembocadura del río Guadalquivir.

Los caballos corren por la arena mojada, por el agua de la orilla, perfilados contra un sol que no deslumbra sino que dibuja de tonos naranjas la carrera. El olor a salitre, a mar, se une al bullicio de la gente. Veraneantes con sombrilla y bañador, aficionados y niños que a lo largo de todo el recorrido se pueden ver en ingenuas casetillas en las que se realizan pequeñas apuestas.

La noche caerá y con los zapatos llenos de arena volveremos con la experiencia de haber estado en una fiesta. Ese fenómeno tan español que, a un rito anual y, por tanto, repetido,  transforma en una experiencia única y, a su vez, compartida, aquí, con el sol, con el mar, con la arena, con caballos y jinetes, con gente de toda condición. Algún día debes ir.

sanlucar carreras de caballos en la playa

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