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¡Cuánto trabajo sobre una mesa! – Maratania en un metro cuadrado

Libros en mesa 5Cuando entro en mi local, sobre una mesa veo gran parte del trabajo de estos quince años en Maratania. No deja de sorprender que, tanto tiempo, tanto espacio recorrido, se te resuma en un escaso metro cuadrado. Pero ¿cuánto espacio cubriría si los miles de ejemplares de libros para el público en general, libros institucionales, imagen corporativa, revistas, etc. que hemos editado, diseñado y maquetado, dispersos por todo el mundo, lo concentrásemos en un solo lugar?

Por cierto, a propósito de todo el mundo. Los libros de Maratania llegan muy lejos. El último país exótico al que hemos llegados es ¡¡¡Suazilandia¡¡¡ El reino de Mswati III.


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Nuestros colaboradores en la nueva web de Maratania

En octubre inauguramos una nueva web que poco a poco vamos mejorando. Hemos incluido en ella una página con una breve reseña bibliográfica de nuestros colaboradores con los que, durante todos estos años, hemos compartido la ilusión por nuestro oficio.

Hemos pasado momentos memorables con ellos: paseando por la casa de las Dueñas abierta solo para nosotros, sumergiéndonos en el dolmen de la Pastora, paseando por una solitaria Medina Azahara o simplemente charlando gratamente sobre el ahora, el ayer y el mañana. Muchas gracias a todos.

Colaboradores


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Firma del libro de Montañés – Como un cofrade día de Semana Santa con lluvia

firma en beta
El 28 de diciembre, Manuel Jesús Roldán y Fran Silva firmaron libros de Montañés a sus lectores. En esta grata costumbre, numerosas personas pasaron por la librería Beta: la encantadora Aniceta; Eduardo, el joven hermano de Pasión que desde Madrid viene todas las navidades a Sevilla y aprovecha para servir a su Hermandad; la mujer de un conocido exhermano mayor…
En este invierno de sequía, la lluvia vino a visitarnos, casualmente, esa tarde y el público que entraba en la librería aumentaba o disminuía según venía un chaparrón o escampaba. Como en un día de Semana Santa, pendientes de la lluvia. Algo muy cofrade, ¿cómo no iba a ser así con el libro relacionado la Semana Santa más importante de este año y los próximos?

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Juan Pablo Navarro Rivas
Maratania
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El libro mejor ilustrado del barroco español: "Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla al nuevo culto del señor Rey S. Fernando" – 195

Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. FernandoFiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. FernandoHoy celebramos el día de San Fernando, patrón de Sevilla. cuyo cuerpo incorrupto se conserva en la capilla Real de la catedral. Canonizado el 7 de febrero de 1671 por el Papa Clemente X,  el cabildo catedralicio celebró fiestas en su nombre, adornándose el templo metropolitano para estos fastos y levantándose monumentales arquitecturas efímeras. Como recuerdo de ello, encargó a Fernando de la Torre Farfán un libro, el famoso «Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla al nuevo culto del señor Rey S. Fernando», uno de las más bellas ediciones del barroco español. El libro contó con 21 grabados de Matías de Arteaga y Juan de Valdés Leal con la colaboración de Francisco de Arteaga, Lucas Valdés y Luisa de Morales. Aquí os presento alguno de ellos.

Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. Fernando

Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. Fernando Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. Fernando Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. Fernando  Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. Fernando Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. Fernando

Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. FernandoFiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla. Al nuevo culto del señor Rey S. Fernando

Juan Pablo Navarro Rivas
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Cat´s Eyes debutan en el Vaticano con “I knew it was over”

san bartolome, 1

Otras casas de Sevilla del XVI y XVII

Cómo escribir de pintura sin que se note – Quico Rivas – 102

Hoy promociono desde aquí un libro de otra editorial, pero Quico Rivas, un sevillano atípico a quien dediqué en esta bitácora «La Cilla del Cabildo de Sevilla – A propósito del museo de Arte Contemporáneo y de la galería M11«,  se lo merece.

Juan Pablo Navarro Rivas
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Os adjunto el artículo promocional de la Editorial Ardora

Quico Rivas (Cuenca, 1953-Ronda, 2008) trabajó durante los últimos años de su vida en Cómo escribir de pintura sin que se note, una fulgurante recopilación de textos críticos cuyo declarado propósito estriba en “mirar a través de la pintura como si fuese una pantalla translúcida… Escribir de pintura con la misma actitud que se visita a un amigo”. En las páginas preliminares, María Vela afirma: “Ésta es, en realidad, su colección privada, una galería de retratos morales, más que un conjunto de críticas de arte… Esto que tenéis aquí, reconocedlo, es el autorretrato acabado de Quico Rivas”. Juan Manuel Bonet anota en el epílogo: “Brilla a lo largo de todo el volumen el estilo inconfundible de Q: divagatorio, paradójico, eléctrico, elíptico, de corrosivo humor, narrativamente eficaz”. Maestro de la exploración biográfica aplicada a la crítica de arte, las mejores páginas que Rivas dedicó a recrear el trabajo de incontables creadores se articulan en este libro como episodios de un mismo relato imprevisible: el de su propia vida.

Francisco de Rivas Romero-Valdespino (1953-2008) desplegó la mayor parte de su polifacética actividad —que desde las artes plásticas, la música y la literatura deriva paulatinamente hacia la agitación política— entre dos ciudades, en cuyos respectivos renacimientos culturales de las décadas 1970 y 1980 jugó un papel decisivo. En Sevilla, donde se inicia como crítico de arte a los dieciséis años, participa en la fundación de colectivos (Equipo Múltiple) y centros de creación (M-11). En Madrid, publica en infinidad de diarios y revistas, se implica en la organización de memorables exposiciones (1980; Madrid, Madrid, Madrid…), propulsa el trabajo de diversos creadores, ahonda en su interés por la antipsiquiatría, el mundo penitenciario y la bohemia histórica, crea colectivos de inspiración situacionista (Margen) o anarcofuturista (El Refractor, La Infiltración), se convierte en editor y más tarde en promotor de bares legendarios (Cuatro Rosas, La Mala Fama).

En medio de su frenético quehacer, entreabre largos paréntesis en lugares como Grazalema (Cádiz), Formentor (Mallorca), La Palma (Islas Canarias), Sierra de Guadarrama (Madrid) o L’Escala (Costa Brava), donde pinta, investiga, escribe novelas y poemas o simplemente convalece. “Como el yonqui o el ludópata, también el artista es un adicto, y no sólo en sentido figurado. Su dependencia es, además, irreversible: no puede desengancharse; su grandeza, caso de alcanzarla, radica en la capacidad para transmutar los conflictos íntimos en energía creadora”. Sustentada en una visión profundamente innovadora, su escritura transforma la crítica de arte en género literario autónomo, en cuya trama convergen lo poético y lo político, lo filosófico y lo novelesco, la ética y el humor. El itinerario vital de Quico Rivas, repleto de inusitadas aventuras, tuvo el efecto indeseado de eclipsar sus escritos, dispersos hasta ahora en innumerables publicaciones, revistas y catálogos. Cómo escribir de pintura sin que se note inaugura a título póstumo la bibliografía de un autor que a lo largo de toda su existencia hizo lo imposible por permanecer inédito.

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La Cilla del Cabildo de Sevilla

La Cilla del Cabildo de Sevilla – A propósito del museo de Arte Contemporáneo y de la galería M11

Tantum Ergo Sacramentum – Fe, Arte y Cultura en Marchena – 95

He tenido la suerte de diseñar y maquetar el catálogo de la exposición Tantum ergo Sacramentum que se muestra en la parroquia matriz de san juan Bautista de Marchena del 14 al 27 de octubre. Ha sido gracias al doctor en historia del arte Manuel Antonio Ramos. A él tuve ya la oportunidad de conocerlo cuando publiqué con Codexsa su libro «El Colegio de la Encarnación. De la compañía de Jesús al Colegio de Santa Isabel». Entonces comprendí que a su maestría se unía esa rara cualidad del entusiasmo que contagia a los demás en todos los proyectos en los que se embarca.

No me extraña, por tanto, que en esta exposición haya sabido atraer desde la Junta de Andalucía a la Diputación de Sevilla, pasando por el propio Ayuntamiento marchenero, parroquias, instituciones o simples ciudadanos con la excusa de la celebración del V centenario de la institución de las Hermandades Sacramentales.

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Los minutos extraordinarios que transformaron la vida de Pascal – 71

Blas Pascal Pascal (Clermont-Ferrand 1623 – París, 1662) fue una de las más claras inteligencias entre los hombres. Matemático, físico, filósofo y teólogo francés, fue un genio precoz a quien su padre inició muy pronto en la geometría. Sus estudios como matemático lo convirtieron en uno de los fundadores del cálculo matemático de probabilidades y estimuló el desarrollo del cálculo diferencial. La Pascalina, una de las primeras calculadoras mecánicas, fue inventada por Pascal en 1645. Como físico fue uno de los principales teóricos sobre la existencia del vacío e inventó la prensa hidráulica y la jeringuilla.

Pero la vida de Pascal es, ante todo, la historia de un converso. En 1646, el padre de Pascal se rompió la cadera. A su edad, ello podía resultar fatal. Por entonces, en Rouen trabajaban dos de los mejores doctores de Francia, el Doctor Deslandes y el Doctor de La Bouteillerie. Étienne Pascal no dejó que nadie más que ellos le atendieran. Su padre sobrevivió e incluso pudo volver a caminar. Ambos doctores eran jansenistas; éste movimiento estaba progresando rápidamente entre la comunidad católica francesa de la época. Durante este periodo, Pascal experimentó una forma de «primera conversión» y comenzó a escribir sobre temas teológicos a lo largo del año siguiente.

En 1654, Pascal sufrió un desvanecimiento y quedó inconsciente durante un tiempo. Tuvo una visión de carácter religioso muy intensa e, inmediatamente, anotó esta experiencia, cosiendo este documento en su abrigo y traspasándolo cada vez que se cambiaba de ropa. A este escrito se le conoce hoy en día como Memorial:

«Lunes 23 de noviembre, día de San Clemente. papa y

mártir y otros en el martirologio.

Víspera de San Crisóstomo, mártir y otros.

Aproximadamente desde las diez y media de la noche hasta cerca de media hora después de medianoche.

Fuego.

“Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de

los filósofos y de los sabios.”

Certeza, Certeza. Sentimiento. Alegría. Paz.

Dios de Jesucristo.

Deum meum et Deum vestrum

“Tu Dios será mi Dios.»

Olvido del mundo y de todo, con la excepción de Dios.

Solo se encuentra en las vías enseñadas en el Evangelio.

Grandeza del alma humana.

«Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he

conocido.

Alegría, alegría, alegría. Lagrimas de alegría.

Dereliquement me fontem aquae vivae.

«Dios mío, ¿es que me abandonas?

Que no me separe de Él eternamente.

“Esta es la vida eterna para que te conozcan como el solo

Dios verdadero, y Aquel que tú has enviado, Jesucristo.

Jesucristo.

Jesucristo.

Me he separado de Él: le he huido. negado, crucificado.

iQue jamás me separe de Él! .

Solo se conserva por las vías enseñadas en el Evangelio.

Total y dulce renunciación.»

A partir de entonces, su obra se dedicó a la filosofía y a la teología. Así publicó las Cartas Provinciales, su principal obra, entre 1656 y 1657, dejando inconclusa sus Pensamientos. En ellos nos legaría su inmortal frase «el corazón tiene razones que la razón desconoce» puesto que «conocemos la verdad no solamente por la razón, sino también por el corazón» ya que «la fe dice todo lo que los sentidos no dicen, pero no lo contrario de lo que ellos ven; está por encima y no en contra»

Y el Dios que conoceremos, «el Dios de los cristianos, es un Dios de amor y de consolación; es un Dios que llena el alma y el corazón de los que el posee; es un Dios que les hace sentir interiormente su propia miseria, y su misericordia infinita; que se une al fondo de su alma; que llena de confianza, de gozo, de humildad, de amor, que hace incapaz de otro fin que no sea Él mismo»

Aunque en esta búsqueda nos previene de los profetas de la desesperación: «cuando se afirma que Jesucristo no ha muerto por todos, abusáis de un vicio de los hombres que se aplican de inmediato esta excepción, que consiste en favorecer la desesperación, en lugar de desviarles de ella para favorecer la esperanza»

(Podéis ver también Los 5 minutos extraordinarios que transformaron la vida de André Frossard)

Juan Pablo Navarro
Maratania
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Los 5 minutos extraordinarios que transformaron la vida de André Frossard – 70

André FrossardAndré Frossard nació en Francia en 1915. Como su padre, Ludovic-Oscar Frossard, diputado y ministro durante la III República y primer secretario general del Partido Comunista Francés, Frossard fue educado en un ateísmo total. Encontró la fe a los veinte años en 1935, de un modo sorprendente, en una capilla del Barrio Latino, en la que entró ateo y salió 5 minutos más tarde «católico, apostólico y romano».

Podéis ver este breve video sobre él si pincháis aquí

 (Extractos de su libro Dios existe. Yo me lo encontré)

«Eramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita roja. Su celo no hacía más que prolongar en vano un debate cerrado mucho tiempo atrás por la razón. Pues el ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema. (…)

Dios no existía. Su imagen o las que evocan su existencia no figuraban en parte alguna de nuestra casa. Nadie nos hablaba de Él. (…) No había Dios. El cielo estaba vacío; la tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. Pronto nos entregaría sus últimos secretos, entre los que no había en absoluto Dios.

¿Necesito decir que no estaba bautizado? Según el uso de los medios avanzados, mis padres habían decidido, de común acuerdo, que yo escogería mi religión a los veinte años, si contra toda espera razonable consideraba bueno tener una. Era una decisión sin cálculo que presentaba todas las apariencias de imparcialidad. ¿A los veinte años quiere creer? Que crea. De hecho, es una edad impaciente y tumultuosa en la que los que han sido educados en la fe acaban corrientemente por perderla antes de volverla a encontrar, treinta o cuarenta años más tarde, como una amiga de la infancia… Los que no la han recibido en la cuna tienen pocas oportunidades de encontrarla al entrar en el cuartel…

Mi padre era el secretario general del partido socialista. Yo dormía en la habitación que, durante el día, servía a mi padre de despacho, frente a un retrato de Karl Marx, bajo un retrato a pluma de Jules Guesde (socialista que colaboró en la redacción del programa colectivista revolucionario) y una fotografía de Jaurès…

Rechazábamos todo lo que venía del catolicismo, con una señalada excepción para la persona -humana- de Jesucristo, hacia quien los antiguos del partido mantenían (con bastante parquedad, a decir verdad) una especie de sentimiento de origen moral y de destino poético. No éramos de los suyos, pero él habría podido ser de los nuestros por su amor a los pobres, su severidad con respeto a los poderosos, y sobre todo por el hecho de que había sido la víctima de los sacerdotes, en todo caso de los situados más alto, el ajusticiado por el poder y por su aparato de represión.

Encontré a Dios sin buscarlo

Sobrenaturalmente, sé la verdad sobre la más disputada de las causas y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré…

Fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios.

Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra.

Mi mirada pasa de la sombra a la luz, vuelve a la concurrencia sin traer ningún pensamiento, va de los fieles a las religiosas inmóviles, de las religiosas al altar: luego, ignoro por qué, se fija en el segundo cirio que arde a la izquierda de la cruz. No el primero, ni el tercero, el segundo. Entonces se desencadena, bruscamente, la serie de prodigios cuya inexorable violencia va a desmantelar en un instante el ser absurdo que soy y va a traer al mundo, deslumbrado, el niño que jamás he sido.

Antes que nada, me son sugeridas estas palabras: vida espiritual. No me son dichas, no las formo yo mismo, las escucho como si fuesen pronunciadas cerca de mí, en voz baja, por una persona que vería lo que yo no veo aún.

La última sílaba de este preludio murmurado, alcanza apenas en mí la orilla de lo consciente que comienza una avalancha al revés. No digo que el cielo se abre; no se abre, se eleva, se alza de pronto, fulguración silenciosa, de esta insospechada capilla en la que se encontraba milagrosamente incluido. ¿Cómo describir con estas palabras huidizas, que me niegan sus servicios y amenazan con interceptar mis pensamientos para depositarlos en el almacén de las quimeras?

El pintor a quien fuera dado entrever colores desconocidos, ¿con qué los pintaría? Es un cristal indestructible, de una transparencia infinita, de una luminosidad casi insostenible (un grado más me aniquilaría) y más bien azul; un mundo, un mundo distinto de un resplandor y de una densidad que despiden al nuestro a las sombras frágiles de los sueños incompletos.

Una nueva familia, la Iglesia

… Su irrupción desplegada, plenaria, se acompaña de una alegría que no es sino la exultación del salvado, la alegría del náugrafo recogido a tiempo; con la diferencia, sin embargo, de que es en el momento en que soy izado hacia la salvación cuando tomo conciencia del lodo en que, sin saberlo, estaba hundido, y me pregunto, al verme aún con medio cuerpo atrapado por él, cómo he podido vivir allí, respirar allí.

Al mismo tiempo me ha sido dada una nueva familia, que es la Iglesia, que tiene a su cargo conducirme a donde haga falta que vaya; bien entendido que, a pesar de las apariencias, me queda alguna distancia que franquear y que no podría ser abolida más que por la inversión de la gravedad.

Todas estas sensaciones que me esfuerzo por traducir al lenguaje inadecuado de las ideas y de las imágenes son simultáneas, comprendidas unas en otras, y pasados los años no habré agotado el contenido. Todo está dominado por la presencia, más allá y a través de una inmensa asamblea, de Aquel cuyo nombre jamás podría escribir sin que me viniese el temor de herir su ternura, ante Quien tengo la dicha de ser un niño perdonado, que se despierta para saber que todo es regalo.

Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y todavía más que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volví a salir, algunos minutos más tarde, «católico, apostólico, romano», llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable.

Una transformación instantánea y total

Al entrar tenía veinte años. Al salir, era un niño, listo para el bautismo, y que miraba entorno a sí, con los ojos desorbitados, ese cielo habitado, esa ciudad que no se sabía suspendida en los aires, esos seres a pleno sol que parecían caminar en la oscuridad, sin ver el inmenso desgarrón que acababa de hacerse en el toldo del mundo. Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantingado, ya no existían; mis propias costumbres habían desaparecido y mis gustos estaban cambiados.

No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos místicos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido una brusca transformación; no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada: no cuento cómo he llegado al catolicismo, sino como no iba a él y me lo encontré. (…)

Alarma familiar

Ese acontecimiento iba a operar en mí una revolución tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi carácter y haciéndome hablar un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó.

Se creyó oportuno, suponiéndome hechizado, hacerme examinar por un médico amigo, ateo y buen socialista. Después de conversar conmigo sosegadamente y de interrogarme indirectamente, pudo comunicar a mi padre sus conclusiones: era la «gracia», dijo, un efecto de la «gracia» y nada más. No había por qué inquietarse.

Hablaba de la gracia como de una enfermedad extraña, que presentaba tales y cuales síntomas fácilmente reconocibles. ¿Era una enfermedad grave? No. La fe no atacaba a la razón. ¿Había un remedio? No; la enfermedad evolucionaba por sí misma hacia la curación; esas crisis de misticismo, a la edad en que yo había sido atacado, duraban generalmente dos años y no dejaban ni lesión, ni huellas. No había más que tener paciencia.

Se me toleraría mi capricho religioso a condición de que fuese discreto, como lo serían conmigo. Se me rogó que me abstuviese de todo proselitismo en relación con mi hermana menor. Ella se convertiría a pesar de todo al catolicismo, y mi madre también, bastantes años después de ella.

Frossard escribió el libro de su conversión, Dios existe. Yo me lo encontré, que mereció el Gran Premio de la literatura Católica en Francia en 1969, y que se convertiría en un best-seller mundial. Murió en París en 1995 a los 80 años de edad, tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su país en el pasado siglo.

(Extraída y resumida de http://caminocatolico.org)

¿CASUALIDAD? Añado por mi parte, que he encontrado casualmente esta historia este jueves de Corpus  (la fiesta litúrgica se ha pasado recientemente al domingo, aunque en muchos lugares como Sevilla, Granada o Toledo, sigue siendo festivo el jueves).  Frossard comentaba que, cuando tuvo esa experiencia, ignoraba que estaba frente al Santísimo Sacramento y añadía: «Una sola cosa me sorprende: la Eucaristía. No que me pareciese increíble, pero me sorprendía que la caridad divina hubiese encontrado este método inaudito para comunicarse y, sobre todo, que para hacerlo hubiese elegido el pan que es el alimento del pobre y el preferido de los jóvenes». Concluye con «Amor, para hablar de ti sería demasiado poco la eternidad»

(Podéis ver también Los minutos extraordinarios que transformaron la vida de Pascal)

Juan Pablo Navarro
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