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Escucho a Décima Víctima en Radio 3. Han pasado treinta años – 9

Décima Víctima era uno de mis grupos favoritos en los 80. Hoy en Disco Grande de Julio Ruiz, en Radio 3, los escucho de nuevo. De alguna manera emocionado, oigo la entrevista que hace a Carlos Entrena y a Per Mertanen. Escucho de nuevo El Vacío, Tan Lejos y tantas otras. Su estilo depresivo y tenebroso, heredero de Joy Division, de The Cure (en la entrevista niegan que su bajo se basase en The Cure y afirman que les gustaba más Joy Division), tamizado por el recuerdo de 30 años me produce hoy una extraña alegría. Poderoso efecto el de la nostalgia.

Fue un grupo que no triunfó, que tuvo que abandonar porque no pudo vivir de la música. Sin embargo, como ha pasado con tantos artistas que en su momento «fracasaron», espero que sean reconocidos algún día.

Yo, al menos, hoy, cuando llegue a mi casa, desempolvaré su primer single (El Vacío, La razón de la discordia, Sumido en la depresión) y lo escucharé feliz. Y brindaré por Carlos, por Per, por Lars y por José Brena, y también por Radio 3, por Julio, por Jesús Ordovás, por Diego Manrique, que tanto me hicieron disfrutar. Gracias

Juan Pablo Navarro
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Casualidad, Santa Clara y The National – 7

Siempre sorprende la casualidad y quiero contaros la que me ha ocurrido a mí. Como comentaba en La Clausura de Santa María de Jesús de Sevilla, la comunidad va a abrir un obrador con recetas de las monjas clarisas. Me comprometí a diseñarles una caja para los pasteles. Así que me puse manos a la obra.  Abrí Spotify para escuchar a The National e Indesign para trabajar: calculo las medidas, trazo los plegados; sólo puede ser a una tinta y elijo el pantone 326 para dar sensación de producto exquisito; pongo el nombre, dulces de San Pancracio; inserto una imagen con degradado de un artesonado del convento; en las solapas, una imagen de San Pancracio y otra de Santa Clara; en la base de la caja, la historia del convento y una breve biografía de la santa,  fundadora de las clarisas y discípula de San Francisco de Asís. Acabé.

Me voy a Spotify y, para mi sorpresa, la canción que suena de The National es Santa Clara. Pero ¿tiene The National una canción que se llama Santa Clara?. Pues sí. Así, que por la tarde, le cuento la historia a mi amiga y profesora de yoga, Gracia. Y ella me cuenta su casualidad. Estaba en la playa con más gente de Europa, Chipiona,  leyendo una biografía de San Francisco de Asís, cuando se levanta para reflexionar y, a los pocos pasos, entre tantas personas, ve un objeto brillante. Se agacha, es una medallita dorada. ¿De quién? de quién va a ser, de San Francisco de Asís; sí, el maestro de Santa Clara.

Decía James Joyce que hemos venido a aprehender los signos de las cosas y, entonces, qué sentido encontramos a las casualidades: ¿la posibilidad de disfrutar de la belleza de una boba coincidencia?,¿la oportunidad de reflexionar?, ¿un motivo para cambiar el rumbo? o no tienen sentido ninguno.

La metáfora favorita de Borges es la del laberinto, la vida no deja de ser un cruce de caminos que se bifurcan. Las casualidades, digo yo,  no dejan de ser cruces más sorprendentes que otros. Pero estos cruces deben ser acicates con sentido y no cauces para la nada y el miedo. El hombre de fe, puede ser bueno o malo, ignorante o sabio, útil o inútil, pero tiene una ventaja, su vida la sabe con sentido, la sabe acompañada. San Mateo nos cuenta:  ¿no se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos (otro laberinto ¿no?) están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. Así que esos cruces que se bifurcan están contados. Pues eso, esta historia, incluido este acompañamiento final de lira y guitarra,  está ya contada.

Juan Pablo Navarro
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