Tag Archives: Pintura

Pedro Tortolero – Memoria de la Sevilla del XVIII – 133

Mucho de lo que conocemos de cómo era Sevilla en el siglo XVIII se lo debemos a él.

Pedro Tortolero se me ha aparecido dos veces este año. ¿Pedro Tortolero? ¿Quién es Pedro Tortolero? Pues fue un pintor, grabador y dorador del XVIII, discípulo del Domingo Martínez, el principal pintor sevillano del periodo. Como pintor, se conservan pinturas de factura endeble en la iglesia de San Nicolás de Bari y se le atribuyen las más interesantes pinturas murales de la parroquia de San Isidoro. Se sabe que murió en 1767 cuando dirigía las obras de decoración de la capilla sacramental de la Iglesia de Santa Catalina.

Es como grabador como descolló y mucho de lo que conocemos de cómo era Sevilla en el siglo XVIII se lo debemos a él: la Catedral, el Ayuntamiento, el Hospital de las Cinco Llagas, San Telmo, la Torre del Oro fueron minuciosamente representadas por su gubia.

Y decía que se me apareció dos veces. La primera fue en la preparación de nuestro próximo libro: Sevilla, casas sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco. En ella aparecerá publicada la más conocida de sus obras: La entrada de Felipe V en la ciudad de Sevilla en 1729. En ella se representa a la comitiva real atravesando el puente de Barcas, traspasando un arco triunfal y cruzando la ciudad con la catedral al fondo.

Pedro Tortolero entrda de Felipe V en Sevilla en 1729 2

Entrada de Felipe V en Sevilla en 1729 – Fundación Focus-Abengoa

Nuestro Padre Jesús de la Pasión – El Archivo de Pasión de Francisco Navarro

La segunda ocasión ha sido con nuestra nueva Bitácora: El Archivo de Pasión de Francisco Navarro. Repasando el material del archivo, descubrí que la representación más antigua de Nuestro Padre Jesús de Pasión era obra de Tortolero de 1747 y que este era hermano de la cofradía. Es una bellísima obra que !cómo no¡ representa en el fondo a la ciudad de Sevilla.

Mi imaginación me representa a Tortolero como al sevillano de siempre enamorado de su ciudad: paseando por ella, parándose en sus monumentos, cruzando sus calles, participando de sus tradiciones, miembro de los cortejos, espectador de la ciudad. Y me lo imagino como un hombre bueno que disfrutaría con un buen vino con sus amigos y compartiendo su vida con su famila, bienhumorado, sencillo, amable.

Su ciudad no lo recuerda con el nombre de una calle pero da igual; él la recuerda a ella como fue algún día hace ya casi 300 años.

Juan Pablo Navarro
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Miguel Zapke y la fotografía de 360º

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Cómo escribir de pintura sin que se note – Quico Rivas – 102

Hoy promociono desde aquí un libro de otra editorial, pero Quico Rivas, un sevillano atípico a quien dediqué en esta bitácora «La Cilla del Cabildo de Sevilla – A propósito del museo de Arte Contemporáneo y de la galería M11«,  se lo merece.

Juan Pablo Navarro Rivas
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Os adjunto el artículo promocional de la Editorial Ardora

Quico Rivas (Cuenca, 1953-Ronda, 2008) trabajó durante los últimos años de su vida en Cómo escribir de pintura sin que se note, una fulgurante recopilación de textos críticos cuyo declarado propósito estriba en “mirar a través de la pintura como si fuese una pantalla translúcida… Escribir de pintura con la misma actitud que se visita a un amigo”. En las páginas preliminares, María Vela afirma: “Ésta es, en realidad, su colección privada, una galería de retratos morales, más que un conjunto de críticas de arte… Esto que tenéis aquí, reconocedlo, es el autorretrato acabado de Quico Rivas”. Juan Manuel Bonet anota en el epílogo: “Brilla a lo largo de todo el volumen el estilo inconfundible de Q: divagatorio, paradójico, eléctrico, elíptico, de corrosivo humor, narrativamente eficaz”. Maestro de la exploración biográfica aplicada a la crítica de arte, las mejores páginas que Rivas dedicó a recrear el trabajo de incontables creadores se articulan en este libro como episodios de un mismo relato imprevisible: el de su propia vida.

Francisco de Rivas Romero-Valdespino (1953-2008) desplegó la mayor parte de su polifacética actividad —que desde las artes plásticas, la música y la literatura deriva paulatinamente hacia la agitación política— entre dos ciudades, en cuyos respectivos renacimientos culturales de las décadas 1970 y 1980 jugó un papel decisivo. En Sevilla, donde se inicia como crítico de arte a los dieciséis años, participa en la fundación de colectivos (Equipo Múltiple) y centros de creación (M-11). En Madrid, publica en infinidad de diarios y revistas, se implica en la organización de memorables exposiciones (1980; Madrid, Madrid, Madrid…), propulsa el trabajo de diversos creadores, ahonda en su interés por la antipsiquiatría, el mundo penitenciario y la bohemia histórica, crea colectivos de inspiración situacionista (Margen) o anarcofuturista (El Refractor, La Infiltración), se convierte en editor y más tarde en promotor de bares legendarios (Cuatro Rosas, La Mala Fama).

En medio de su frenético quehacer, entreabre largos paréntesis en lugares como Grazalema (Cádiz), Formentor (Mallorca), La Palma (Islas Canarias), Sierra de Guadarrama (Madrid) o L’Escala (Costa Brava), donde pinta, investiga, escribe novelas y poemas o simplemente convalece. “Como el yonqui o el ludópata, también el artista es un adicto, y no sólo en sentido figurado. Su dependencia es, además, irreversible: no puede desengancharse; su grandeza, caso de alcanzarla, radica en la capacidad para transmutar los conflictos íntimos en energía creadora”. Sustentada en una visión profundamente innovadora, su escritura transforma la crítica de arte en género literario autónomo, en cuya trama convergen lo poético y lo político, lo filosófico y lo novelesco, la ética y el humor. El itinerario vital de Quico Rivas, repleto de inusitadas aventuras, tuvo el efecto indeseado de eclipsar sus escritos, dispersos hasta ahora en innumerables publicaciones, revistas y catálogos. Cómo escribir de pintura sin que se note inaugura a título póstumo la bibliografía de un autor que a lo largo de toda su existencia hizo lo imposible por permanecer inédito.

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La Cilla del Cabildo de Sevilla

La Cilla del Cabildo de Sevilla – A propósito del museo de Arte Contemporáneo y de la galería M11

La Sevilla del año 1500 en la iglesia de Santa Ana – 101

sevilla 1500 santa ana

Estamos preparando un libro sobre las casas sevillanas del XVI con Teodoro Falcón, catedrático de Historia del Arte. Por ello, estaba localizando ilustraciones para aquel cuando descubrí la representación que existe de nuestra ciudad en la iglesia de Santa Ana. Es una obra de alrededor de 1500  atribuida al Maestro de Moguer. En ella se representa a las Santas Justa y Rufina quienes, abriendo una cortina, muestran a Sevilla. Posiblemente es la pintura más antigua de ésta y coetánea de la representaciónes escultóricas de las vistas de la ciudad del altar mayor de la Catedral hispalense de Pyeter Dancart y Jorge Fenández.

Por ello, me acerqué a la iglesia de Santa Ana y amablemente me permitieron admirarla y fotografiarla. En ella se ve la Giralda, que todavía no era tal, con la espadaña que se elevó en 1400 y a la espera de la sublime coronación que llevó a cabo Hernán Ruiz entre 1558 y 1568 culminada por el Giraldillo. En primer término aparece el puerto con las atarazanas y el puente de Barcas. Junto a la torre del Oro se ve una enorme grúa. Al otro lado del río, se descubre la iglesia de Santa Ana y el desaparecido castillo de San Jorge.

Santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla, eran unas alfareras de finales del siglo III. Su martirio por negarse a adorar a la diosa Salambó es el primer dato histórico de la iglesia sevillana. Encarceladas, probablemente donde hoy está la iglesia de la Trinidad, murieron tras crueles torturas y fueron enterradas en el llamado Campo de los Mártires, en donde se levanta la estación de Santa Justa. Se les representa sujetando la Giralda en el centro porque el pueblo atribuyó a las santas que no se cayera la Giralda en el terremoto de 1504.

Me pregunto si este cuadro no pudo ser pintado justo después de dicho terremoto e iniciar así la tradicional representación de las santas como protectoras de Sevilla y que, posteriormente, se sintetizó acompañando sólo a la Giralda y no a toda la ciudad como en este cuadro.

Las Santas Justa y Rufina

Juan Pablo Navarro
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Miguel Zapke y la fotografía de 360º

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La Cilla del Cabildo de Sevilla – A propósito del museo de Arte Contemporáneo y de la galería M11 – 91

La Cila del Cabildo de Sevilla

La Cilla fue durante veinte años la sede del sevillano museo de Arte Contemporáneo. Muchas veces recorrí sus pasillos y, en ellos, encontré el gusto y la admiración por la pintura más actual.

La Cilla era el almacén donde se depositaban los diezmos que el cabildo recaudaba y es obra de 1770 atribuida a Pedro de Silva (1715-1781). Rafael Manzano lo adaptó en 1972 como Museo y le añadió un piso con buhardillas. A su primer director, Víctor Pérez Escolano, se debe su fuerte impulso inicial con una notable actividad expositiva temporal y la adquisición de su interesante colección de arte español contemporáneo.

La creación del Museo coincidió con una incipiente inquietud artística que se produjo en la ciudad como consecuencia del desarrollo económico y a la inteligencia de un pequeño grupo de personas inquietas. Se abrieron numerosas galerías como la de Juana de Aizpuru o el Centro de Arte M11.

Juan Manuel Bonet y Quico Rivas (pintado por Alonso Gil)

Juan Manuel Bonet y Quico Rivas (pintado por Alonso Gil)

La galería M11, fundada en 1974 gracias a los críticos Quico Rivas y Juan Manuel Bonet y al respaldo económico de José Guardiola, estuvo en la casa natal de Velázquez (Padre Luis María Llop, 4), hoy sede del estudio de Victorio y Lucchino. Sevilla, con Barcelona, se convirtió en la sede del movimiento pictórico moderno en España y se enganchó a los circuitos internacionales de arte. Impulsó así al grupo madrileño de pintores  “esquizos” (que eran sevillanos y andaluces) frente a los “oligos” barceloneses (que eran aragoneses). Entre sus exposiciones destaca, ese mismo año, la primera antológica del sevillano Luis Gordillo, el gran renovador de la pintura española de la segunda mitad del XX. A ella se unieron otras como las de Millares, Saura, Equipo Crónica, Quejido…

Con la colaboración de Manuel Salinas, Diego Carrasco, Alberto Corazón y Francisco José de la Peña, M11 fue galería de arte, pero también biblioteca especializada, editorial, taller de creación, lugar de conferencias y proyecciones. Colaboraron económicamente con grupos de teatro independiente y con el naciente rock Andaluz. Produjeron, incluso, a Goma, la banda de Manuel Rodríguez, Pepe Sánchez y Antoñito «Smash».

Cerrada M11 en 1976, su testigo no se ha recogido desde entonces.

…………………………..

Años después, tras la restauración de la Cartuja, el Museo se cerró y se trasladaron sus fondos al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Actualmente, el uso de la Cilla se une al del Archivo de Indias, de donde recibió numerosos fondos bibliográficos.

Juan Pablo Navarro
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Casas sevillanas en el xviii

Las casas sevillanas en el siglo XVIII

La casa de San Leandro, 8, un bello ejemplo de casa sevillana del XVIII

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La Arquitectura contemporánea en Sevilla – De Lupiáñez a las Setas

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Casas sevillanas del XVI y del XVII

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Cartel Taurino de la Maestranza 2011 – José María Sicilia y los vikingos – 48

Me parece que la política de la Real Maestranza de ofrecernos carteles taurinos realizados por artistas contemporáneos consagrados es una apuesta inteligente. Como me decía un amigo maestrante, si siempre hubiesen hecho así, tendrían una colección incomparable: Goya, Picasso, Miró… Este año el autor es José María Sicilia (Madrid, 1954), una apuesta segura por uno de los mejores pintores que surgieron en los 80.

Sin embargo, cada vez que veo el nuevo cartel, no lo puedo evitar, veo un casco vikingo. Lo veo, lo vuelvo a ver, lo miro y lo miro y la mente se me bloquea: casco vikingo, casco vikingo, casco vikingo.

Esto ¿Cómo puede ser?. Pero ¿Qué tienen que ver los vikingos con Sevilla? ¡Claro! los vikingos atacaron nuestra ciudad en el 844. La cosa sería así: traerían los barcos llenos de toros de lídia. Los soltaron en la marisma al grito de Thor, Thor, Thor (su dios más venerado). Los pobres marismeños correrían despavoridos: ¡qué vienen los thoros, qué vienen los thoros! Hasta que uno les hechó un capote y les dio pases hasta que los vikingos se picaron. Y salió un vikingo que cogió otro toro y empezó con su muleta y, a cada pase, los normandos gritaban Olaf, Olaf, Olaf (el nombre del torero) y los sevillanos entendían ole, ole, ole. Los vikingos y los de Sevilla decidieron comerse un buen guiso de rabo de toro, montaron unas casetas de feria, se subieron a una noria que brindaba agua fresca y, hecha la amistad y con algunos tesorillos, se volvieron para su casa.

Como ya sabéis, en el 1061, los normandos conquistaron Sicilia. Allí empezó a contarse la historia de Sevilla de dos siglos antes. Así las cosas, ésta se fue transmitiendo de padres a hijos hasta José María Sicilia. Así, que cuando se le encargó el cartel para la temporada 2011, se dijo, no hay duda, un casco, un casco vikingo.

Después de contar esta verdadera historia, tengo que reiterarme en lo que dije al principio, me gusta los que hace la Maestranza y lo que hace Sicilia, pero es que, cada vez que veo el casco, perdón, cada vez que veo el cartel, me digo: vikingo, vikingo, vikingo.

P.D.: acabo de leer en manuscritos centenarios que un embajador franco presencio la escena. Y claro, al ser francés, en vez de ole, decía olé. A su vuelta a Francia contó la historia en Madrid  y, por eso, en el norte de España se pronuncia olé y no ole. Al llegar a su país y contárselo a su emperador, Lotario I (introductor de la lotería para cuadrar las cuentas del estado), éste mandó traer toros de Sevilla y se iniciaron entonces las corridas en Francia.

Juan Pablo Navarro
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Un artículo de hace 150 años sobre el Corral del Conde – 39

Corrales de Vecinos - Sevilla 360º - Maratania

Página dedicada a los Corrales de Vecinos en Sevilla 360º

El grabado de 1850 de Adolph Rouargue (1810-1870) del corral del Conde es sobradamente conocido. En Sevilla 360º lo usamos para ilustrar el capítulo dedicado a los corrales de vecinos. Nuestra copia procede del original que poseemos publicado en Le Monde Illustre en 1862. En dicha revista, aparecía un artículo de Charles Yriarte sobre dicho  corral. Aquí lo tenéis:

El viajero que se creyese que ha cumplido por pasar tiempo en Sevilla para ver sólo la Giralda, el Alcázar, el Archivo, el patio de los Naranjos, la tumba de Hernando Colón, la espada de Vargas y los maravillosos murillos del Museo, no podría decir que conoce la ciudad del Sur de España, de Andalucía..

Charles Yriarte

Charles Yriarte (1832-1898)

Se debe pasear por las estrechas calles donde, de una casa a otra, se suspenden lonas de alegres rayas para protegerse del sol llamadas tendidos; pararse en las esquinas de las callejas admirando las Madonnas pintadas, ante las que la buena andaluza no pasa sin decir Ave María Purísima; perderse en las callejuelas serpenteantes, descifrando las  inscripciones, y reposar sobre las fuentes de mármol de la Merced, de la Magdalena, del Salvador, de la Plaza del Duque, donde se encontraban los naranjales de los Duques de Medina Sidonia.

El Corral del Conde, que toma su nombre de una de las grandes familias sevillanas, rodeado de casas antiguas donde cuelgan ropas de un tono feroz, con balcones salientes, con miradores que proyectan grandes sombras, es uno de los rincones de la ciudad donde se detiene el acuarelista con la mayor felicidad .

Cuando somos capaces de captar los matices de la lengua española, sentados a la sombra de sus sombrillas, esbozamos sus acuarelas, y las sevillanas, los majos y los aguadores nos ofrecen una representación por la que, fanático de España, del cielo azul, de los ojos almendrados, de los labios en flor y del habla castellana, yo daría toda la calle de Rivoli, menos el ayuntamiento y la torre de Saint-Jacques.

Id a Corral, donde se encuentra a la cigarrera, que lleva un vestido de lino, con una peineta en el moño, cayéndole la mantilla sobre los hombros y el clavel rojo o una flor de granada detrás de oreja. Aquí es donde uno pone su puño en la cadera y el sombrero sobre los ojos, aquí es donde lo envuelve con orgullo la capa y donde, por la noche, se celebran las mejores estampas de las corridas de toros. En el Corral es donde usted se encuentra el sevillano de verdad que llena su búcaros en la fuente y traza, sin saberlo, actitudes de estatua antigua.

 

corral del conde de Le Monde Illustre 1862   ADOLPH ROUARGUE de 1850 1810-1870

Corral del conde, 1850, Adolph Rouargue

Juan Pablo Navarro

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El Caballo Español en los Museos Vaticanos desde 1514

El encuentro de León Magno con Atila - Rafael Sanzio, 1513-1514

Son ya unos cuantos años los que llevo colaborando con la ANCCE (Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española), sobre todo en el diseño y maquetación de su revista El Caballo Español. Por ello,  estoy atento a lo que leo sobre el PRE y no pudo dejar de llamarme la atención lo que escribe Vasari en su celebérrima «Vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos» (la primera edición es de 1550):

Atila, sobre un caballo negro cuatralbo y de frente estrellada, tan hermoso como es posible, levanta la cabeza con temor y gira el cuerpo huyendo. Hay caballos muy hermosos, y especialmente un andaluz manchado, cabalgado por una figura con todo el cuerpo cubierto de escamas a guisa de pez, copiado de la columna Trajana, en la que hay gente armada de esa forma.

Detalle del caballo descrito por Vasari

Detalle del caballo descrito por Vasari

Vasari está describiendo El encuentro de León Magno con Atila, obra de  Rafael Sanzio, entre 1513-1514, uno de los frescos más conocidos de las Estancias de Rafael de los Museos Vaticanos. Aunque la morfología del caballo que describe no nos recuerde a la morfología actual del PRE, sí afirma que el concepto de caballo andaluz y, por extensión, caballo español o PRE (Pura Raza Español) era un concepto ya acuñado y extendido por Europa en la Edad Moderna. La mención tiene mayor importancia en el sentido de que las Vidas de Vasari se puede considerar la obra inaugural de la Historia del Arte y de que Rafael es uno de los mayores maestros de todos los tiempos. Desconozco si habrá citas más antiguas, pero me parece que pocas razas equinas podrán competir con una más añeja y de mejores padres.

Encontrar un pez en una cueva – 11

Pez de la cueva de la Pileta - ©Maratania

Pez de la cueva de la Pileta - ©Maratania

foca de la cueva de la Pileta - ©Maratania

Una foca está dibujada en el interior del Pez - ©Maratania

¿Encontrar un pez en una cueva? Sí es posible, en Benaoján, en plena serranía de Ronda, en la cueva de la Pileta. Destino necesario de cualquiera que, como yo, pasase los veranos en Grazalema. Excursión propicia para aventar la modorra del estío. En la memoria, nunca será un recuerdo caduco el asombro de contemplar en la sala final de la cueva su famoso pez.

Situada a 650 m. de altitud en el término de Benaoján (Málaga),  la cueva fue descubierta en 1905 por un campesino, José Bullón, y desde entonces ha sido conservada por sus descendientes. La llamó cueva de los Letreros (por las grafías que observó) para posteriormente denominarse con el nombre del cerro donde se encuentra. Su interior acoge el mayor conjunto de arte paleolítico del Mediterráneo, siendo las pinturas más antiguas datadas en el 30000 A.C. Representan a más de 80 especies de animales. En la cueva se encuentran también la más numerosa obra de pinturas esquemáticas del postpaleolítico en cueva de Europa. En la cueva apareció un pequeño ídolo femenino de cerámica, que mide 6 cm. y que pertenece a la Edad del Bronce,  conocido como la Venus de Benaoján.

Pero es el gran Pez el que acapara todo el protagonismo. Se descubre en una gran sala de 60m por 15 y 30. Sorprende por la rareza de este motivo en el arte rupestre y, sobre todo por su gran tamaño (1,5m.). Su aspecto es similar al del lenguado y podría ser el dibujo más antiguo de esta especie. En su interior hay dibujada una foca. Dibujos de peces pueden encontrarse también en otras cuevas malagueñas  como la cueva de Ardales o la de Nerja (Málaga). Estas cuevas debían usarse estacionalmente por grupos de cazadores-recolectores y muestran el desarrollo de la pesca durante el llamado complejo solutrense en torno al 22.000-15.000 A.C.

Juan Pablo Navarro
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