La calle Mármoles se encuentra en la zona que, por su mayor elevación, permitió el primer asentamiento de la ciudad en torno al siglo VIII A.C. En ella se conservan tres columnas de un templo romano del siglo II D.C. Estas columnas y sus hermanas de la Alameda son el más importante testimonio de los siete siglos de presencia romana en la capital sevillana: la “Colonia Iulia Romula Hispalis”, tal como la denominó Julio César prestándole su nombre.
Han quedado asfixiadas entre edificios (uno de ellos del espantoso estilo PRICA*) y casi olvidadas. ¿Quién diría que son nuestra más antigua arquitectura? ¿No son. acaso, el momumento al Sevillano Olvido?
Author Archives: Maratania
Las Tiendas Tienen Piernas – 181
Paseaba con mis hijos jugando a «Imaginación». Inventábamos cosas imposibles y nos reíamos creyéndolas ciertas. De repente, mi hijo dijo: «Te imaginas que las tiendas tuviesen piernas». Seguía siendo niño con ellos y seguía alegre, divertido al imaginarme como salían de los edificios y se ponían a pasear. Después, ya solo, salió el adulto que me domina y pensé que era una buena metáfora de lo que ocurre en nuestra España querida: las tiendas tienen piernas, las empresas tienen piernas, las industrias tienen piernas y han salido huyendo. ¿Dónde está el que las coja con lazo y las traiga de nuevo?
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Eduardo Ybarra Hidalgo, el último sevillano de una Sevilla ya ida – 180
Hermano Mayor del Silencio, director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, presidente de Caritas y Hermano Mayor de la Caridad, vivió la bondad del silencio del sevillano serio, calmó la necesaria sed de saber del que conoce que todo se ignora y amó para ver a Dios, como Mañara, en los pobres y en cada uno de los que a él se acercaron.
Ha sido el último sevillano de una Sevilla que con él se ha ido: caballero de elegante modestia, sabio humilde, generoso con todo lo suyo, hombre de fe… lleno de gracia, de la gracia sevillana que definió Izquierdo.
Y así, en mi memoria quedará su casa, esquina de San Vicente, con su puerta al zaguán, como él, siempre abierta, dejando ver su patio, la Virgen de la Concepción a la derecha, y, al fondo, su despacho con su biblioteca, que a todos regalaba, en el que entraba la luz tamizada del jardín. Y, como todos los que lo trataron, supe que era un hombre bueno y que, en correspondencia, no hubo nadie que no lo hubiese querido. Y así, él vivirá en el recuerdo de su mujer, de sus 13 hijos, de sus amigos, de todos a los que se nos regaló, pero, cuando nosotros también marchemos y las letras de los libros se desvanezcan, tú me diras que ya no existirá y yo te afirmaré que será entonces cuando sea todo vida porque lo contemplará aquel que es todo silenciosa bondad, que es todo sabiduría, que es todo Amor, que es Dios.
Con todo mi cariño y admiración.
Juan Pablo Navarro
Maratania
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La Torre del Oro, ochocientos años la contemplan – 179
La Torre del Oro fue la última gran obra que los musulmanes dejaron en la Sevilla. No es de extrañar que fuera de carácter defensivo con un imperio almohade en plena decadencia tras la derrota de las Navas de Tolosa en el 1212.
Se levantó, en tiempos de Yusuf II, por el gobernador almohade de Sevilla Abul-Ula Idris, hacia el 1220. Defendía el puerto al sur de la ciudad, como torre albarrana en el extremo de una coracha (elemento de la fortificación destinado a acceder al agua) junto a una torre al otro lado del río, hoy desaparecida. De torre a torre cruzaba una gruesa cadena que evitaba que las naves pudieran acceder o abandonar libremente el puerto, pero que el Almirante Ramón Bonifaz rompería en 1248 con su barco durante el sitio de la ciudad. Tras el Descubrimiento de América en 1492, la torre dominaba el puerto por donde entraban las riquezas del Nuevo Mundo de cuyo tráfico disfrutaba Sevilla el monopolio.
Un lienzo de muralla la unía a la torre de la Plata, a la de Abd al Azis y al Alcázar, lienzo que se derribó en 1821 durante el Trienio Liberal. En 1830, en tiempos del asistente Arjona, se derribó la coracha, quedando la torre exenta. Tras su primitivo uso defensivo ha tenido numerosos destinos, capilla, prisión, almacén de pólvora u oficina de correos, siendo actualmente un Museo naval.
La Torre del Oro debe su denominación, según el cronista Ortiz de Zúñiga, a que sus muros lo cubrían azulejos dorados, aunque otros se inclinan a pensar que el nombre deriva de su uso para albergar en él objetos valiosos. Tras la restauración de 2005, se cree que podría derivar del tono dorado que le daba el enlucido de mortero, cal y paja.
La Torre se divide en tres cuerpos. El primero es de planta dodecagonal, construida con tapial de argamasa, con basamento y esquinas de sillería. El segundo cuerpo es de planta hexagonal y la decoración de cintas verdes de cerámica enmarcando los arcos constituyó una innovación en la arquitectura musulmana. La torreta de remate se añadió en 1760 y la diseñó Sebastián van der Borcht.
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La Navidad en el Altar Mayor de la Catedral de Sevilla – 178
Os muestro, en esta entrada, los pasajes de la Navidad que se representan en el colosal altar mayor de la catedral de Sevilla que el flamenco Pierre Dancart diseñó en 1480 y que se concluyó en 1564 con la participación de numerosos artistas.
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Cayetana de Alba nos da las gracias por «Casas Sevillanas»
La duquesa de Alba nos ha agradecido nuestra «Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco». En este libro, evidentemente, podemos disfrutar ampliamente de su Palacio de las Dueñas.
Mi querido amigo:
Muchas gracias por el ejemplar de «Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco» que tan atentamente nos ha enviado.
Me ha encantado, es muy bonito y me ha gustado mucho la parte de mi casa.
Con mi sincero agradecimiento por su felicitación, afectuosamente
Cayetana de Alba
La Duquesa de Alba
Breve reseña
En «Casas Sevillanas desde la Edad Media al Barroco» se aborda, por primera vez de forma integral, el estudio de las casas-palacio sevillanas. Con los textos del catedrático Teodoro Falcón y con sus extraordinarias fotografías, el lector podrá hacer suyos los más exquisitos edificios hispalenses.
El capítulo dedicado a la Casa de las Dueñas nos introduce por todo las estancias del palacio: los patios, los salones (como el fantástico salón del Piano), el comedor, las galerías, la capilla… Una casa extraordinaria y cálida, alejada de la frialdad museística de otros edificios, una casa con alma, gracias a Cayetana de Alba.
El palacio de las Dueñas tiene su origen en otra gran mujer: El 20 de febrero de 1496 esas casas mudéjares fueron adquiridas por doña Catalina de Ribera, viuda del Adelantado Mayor de Andalucía, don Pedro Enríquez, con el fin de favorecer a través de un mayorazgo, a su segundo hijo, don Fernando Enríquez de Ribera. Como muchos sabrán, en este edificio nació en 1875 el poeta Antonio Machado, hijo del administrador del duque. Tambien tuvo su estudio el pintor granadino Salvador Clemente, discípulo de Fortuny, a donde acudía el joven Juan Ramón Jiménez (1881-1958), quien obtendría en 1956 el Premio Nobel de Literatura.
Puede ver algunas reseñas de la prensa sobre el libro aquí
Juan Pablo Navarro Rivas – MARATANIA – Edición. diseño, maquetación y servicios editoriales
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Casas Sevillanas en la web de arte y cultura Infoenpunto
Nos agrada profundamente que la web especializada en arte y cultura Infoenpunto haya escrito una reseña sobre nuestra publicación Casas Sevillanas desde la Edad Media hasta el Barroco.
De su contenido destacamos el comentario que recojen del autor del libro, Teodoro Falcón, sobre las fotografías que lo ilustran: Ha destacado en la presentación de la obra el trabajo realizado por Juan Pablo Navarro, editor y autor de las fotografías que ‘buscan un aspecto inédito de estas casas. Además, el libro les va a permitir a los sevillanos ver el interior de estas casas-palacio, muchas veces inaccesibles al gran público’.
Adjuntamos la reseña:
PUBLICADO POR LA EDITORIAL MARATANlA
Casas sevillanas desde la Edad Media al Barroco, de Teodoro Falcón
Con texto del catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, Teodoro Falcón, la editorial Maratania ha publicado la obra ‘Casas sevillanas desde la Edad Media al Barroco’, un volumen de 160 páginas ilustrado con 230 fotografías realizadas por Juan Pablo Navarro
De un total de cien casas-palacio se han seleccionado catorce que son altamente representativas de la ciudad. De esta forma, el libro se divide en tres apartados. Asi, en el periodo de la Edad Media destacan el Palacio Mudéjar de Pedro I del Real Alcázar; el Palacio de Altamira; la Casa del Rey Moro y la Casa de los Marqueses de la Algaba. En el segundo apartado se recorre la época renacentista, estudiándose la Casa de Pilatos; el Palacio de Dueñas; la Casa Almansa (casa natal de Miguel de Mañara) y la Casa de los Pinelos, que en verdad fue la casa de Jerónimo Pinelo, el único de esta familia que vivió en ella. Y en la tercera parte, el libro profundiza en el Barroco, incluyéndose el Palacio Arzobispal; la Casa de la Condesa de Lebrija que perteneció a la familia Paiba, la Casa de los Bucarelli, actualmente de Santa Coloma, sita en la calle Santa Clara; la Casa de los Villa en la calle Muñoz y Pabón; la Casa del Almirante López Pintado, en la calle Santiago; y la Casa de Benito del Campo, en la calle San José.
El autor del libro, historiador Teodoro Falcón, ha destacado en la presentación de la obra el trabajo realizado por Juan Pablo Navarro, editor y autor de las fotografías que ‘buscan un aspecto inédito de estas casas. Además, el libro les va a permitir a los sevillanos ver el interior de estas casas-palacio, muchas veces inaccesibles al gran público’. Y puso de manifiesto que ‘los propietarios nos han permitido fotografiar todos los rincones y estancias, no habiéndonos puesto ninguna cortapisa’.
Citas textuales sobre Sevilla desde Julio César a Romero Murube, pasando por Cernuda y Lord Byron – 177
Hércules me edificó / Julio César me cercó / de muros y torres altas / y el rey santo me ganó / con Garci Pérez de Vargas.
Anónimo
He considerado a esta provincia como mía entre todas, derramando sobre ella cuantos beneficios pude.
Julio César (100 – 44 a. C.)
Mi cara Híspalis, la del nombre ibérico, junto a la que fluye un río marinero y en cuyas manos Hispania entera pone las insignias del poder.
Ausonio (310 – 393)
¡Oh gran Sevilla!, Roma triunfante en ánimo y nobleza.
Miguel de Cervantes (1547-1616)
Bellísima, por su riqueza, grandeza, y majestad, trato, policía, puerto y puerta de las Indias, por donde todos los años se puede decir que entra dos veces en ella el sustento universal de España.
Lope de Vega (1562-1635)
Sevilla, hermosísima ciudad; quien no ha visto a Sevilla no ha visto maravilla; y yo soy de la misma opinión.
Lord Byron (1788-1824)
(En Sevilla) no resuena el toque del clarín guerrero,sino la vihuela del amor.
Lord Byron (1788-1824)
Frío, frío debe ser el corazón que se quede insensible ante las bellezas de este mágico escenario. He derramado lágrimas de embeleso de sólo mirarla.
George Borrow (1803-1881)
El ayer no le preocupa, el mañana menos todavía; ella es sólo presente. El recuerdo y la esperanza son la felicidad de los pueblos desgraciados, y Sevilla es feliz.
Theophile Gautier (1811-1872)
Cada balcón, cada fragmento, cada escultura solitaria recuerda la aventura nocturna de un rey, las aspiraciones de un poeta, la historia de una hermosa, un amor, un duelo, un rapto, una fábula, una fiesta.
Edmundo de Amicis (1846-1908)
El encanto íntimo de Sevilla está en lo que nos comunica su pasado. Su alma habla en la soledad silenciosa; así el alma triste de toda la vieja España.
Rubén Darío (1867-1916)
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero.
Antonio Machado (1875-1939)
¿Qué no diremos de Sevilla, que hemos llamado la ciudad de la gracia, es decir, la ciudad estética y “extética” por excelencia?
José María Izquierdo (1886-1921)
Si supiéramos de alguna ciudad que tuviese esta sabia armonía, esta exquisita aristocracia, esta plenitud de espíritu de nuestra ciudad, no hubiésemos empezado a escribir.
Manuel Chaves Nogales (1897-1944)
Sevilla es una torre llena de arqueros finos.
Federico García Lorca (1898-1936)
Blanco laberinto manchado aquí o allá de colores puros, y donde a veces una cuerda de ropa tendida flotaba henchida por el aire con una insinuación marina.
Luis Cernuda (1902-1963)
No creemos que haya placer en el mundo comparable a esta embriaguez de los crepúsculos de Sevilla sobre los montes y el río; es morir un poco en la gloria.
Joaquín Romero Murube (1904-1969)
…y Sevilla.
Manuel Machado (1874-1947)